La historia de un campeón
por Luis Carranza Torres
Fue bajo la sombra de un árbol de algarrobo donde todo comenzó. El 19 de marzo de 1905, en el barrio Alberdi de la ciudad de Córdoba, un puñado de jóvenes apasionados por ese nuevo juego del "football" que se difundía en nuestro país, se reunió en asamblea y dio vida a lo que con el tiempo se convertiría en una de las instituciones más queridas del interior argentino: el Club Atlético Belgrano.
El nombre de la institución fue inspirado en honor al general Manuel Belgrano, ya que aquella asamblea fundacional se celebró un día antes del aniversario de la creación de la bandera nacional. De allí también surgieron los colores celestes de su indumentaria.
Su primer presidente fue Arturo Orgaz, quien tenía apenas 14 años, una edad que habla tanto del ímpetu juvenil como de la épica informal de esos comienzos. En 1908, el club se incorporó a los campeonatos de Segunda División de la Liga de Córdoba y, tras lograr tres títulos consecutivos, en 1910 ascendió a Primera División. En 1913 se constituyó la Federación Cordobesa y Belgrano formó parte de los clubes fundadores, consagrándose primer campeón del fútbol cordobés.
Con el correr de las décadas, el Pirata fue construyendo una identidad única, profundamente popular y arraigada en su barrio. En 1919 levantó su estadio, el Gigante de Alberdi, una obra que para la época fue de enorme dimensión. Hoy el club cuenta con más de 100.000 piratas en su padrón societario y más de 2.000 deportistas que representan su camiseta en múltiples disciplinas. Sin embargo, el gran sueño —el campeonato de Primera División— siempre había permanecido esquivo. Hasta hoy.
Ser de Belgrano me viene de familia. Mi abuelo estuvo entre sus primeros socios, y papá y mis tíos me metieron el bichito celeste en la sangre. Allí por el año de mi nacimiento, tuve el carnet de socio, regalado a papá por los amigos que tenía en la conducción del club, antes que partida de nacimiento en el Registro Civil.
Por supuesto, es una pasión que he legado a mis hijos. Es raro ver la continuidad de cómo mi Viejo me llevaba a la cancha, que hoy día soy yo llevando a los críos.
Este domingo 24 de mayo de 2026, en el estadio Mario Alberto Kempes de Córdoba, Belgrano escribió la página más gloriosa de su historia. Con un doblete agónico de Nicolás "Uvita" Fernández —uno de penal y otro de volea por el segundo palo—, el Pirata le dio vuelta un 2-1 adverso a River Plate y se impuso 3-2 en la final del Torneo Apertura 2026 de la Liga Profesional de Fútbol. El título es el primero en la historia del club en la máxima categoría del fútbol argentino.
El partido tuvo de todo: River abrió el marcador a los 17 minutos mediante Facundo Colidio, pero Belgrano reaccionó rápido con un cabezazo de Leonardo Morales tras un córner ejecutado por Zelarayán. En el complemento, Tomás Galván volvió a poner en ventaja al Millonario, y cuando el título parecía inclinarse hacia el conjunto porteño, el VAR intervino para sancionar un penal por mano de Lautaro Rivero. Uvita Fernández convirtió la pena máxima y luego, en los minutos finales, selló la victoria con un tanto que desató una explosión de euforia en todo Córdoba.
El Pirata se convirtió así en el primer club indirectamente afiliado a la AFA en ganar un campeonato a nivel nacional, algo hasta entonces reservado exclusivamente para equipos de Capital Federal, la provincia de Buenos Aires y Rosario. Ciento veintiún años después de aquella asamblea bajo el algarrobo, los sueños de esos adolescentes de Alberdi se completaron de la manera más dramática y bella posible: venciendo al gigante, en casa, con el corazón.
Por eso escrito esta crónica, apresurado, con una emocionalidad muy distintas de otros escritos. A pulso, tratando de capturar un momento que es único. A papá le hubiera encantado estar acá, festejando el primer campeonato oficial. Pero sé que está viendo, cómo sus nietos festejan. Con la celeste en el pecho. Piratas, piratas hasta la muerte.
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