Alas de nostalgia: Baa Baa Black Sheep o Los tigres voladores
por Luis Carranza Torres
El ulular agudo, continuo, metálico de una sirena de alarma rompe el silencio nocturno de una base adelantada de aviación y desata instantáneamente el caos en tierra. Mecánicos y pilotos salen de sus tiendas, corren hacia los aviones mientras terminan de vestirse sobre la pista de barro.
La cámara se mueve rápido siguiendo la adrenalina de un despegue de emergencia. La música de marcha militar arranca con fuerza. Mientras la sirena sigue sonando de fondo, los enormes motores radiales de los Corsairs cobran vida, escupiendo humo blanco por los escapes. Vemos primeros planos de las manos de los pilotos ajustándose las antiparras, cerrando las carlingas de plexiglás y acelerando a fondo.
Los pesados cazas de color azul marino avanzan en fila, carreteando con el morro levantado hacia la cámara. El montaje se vuelve vertiginoso. Al compás de los tambores y las trompetas, los Corsairs despegan uno tras otro, levantando polvo. En el aire, las inconfundibles alas en forma de gaviota invertida se recortan contra el cielo azul.
De repente, la pantalla se congela en un plano icónico: el Mayor Greg "Pappy" Boyington, con el rostro serio y curtido de Robert Conrad bajo la gorra de vuelo, mira fijamente hacia adelante.
La introducción intercala planos de las caras de los jóvenes pilotos del escuadrón, sonriendo con suficiencia o concentrados en la cabina, presentados uno a uno mientras sus nombres de ficción llenan la pantalla.
Rememorar "Baa Baa Black Sheep" (conocida en gran parte de Hispanoamérica como “Los tigres voladores” y en España como “Escuadrón Negro”) es no solo adentrarse en una época dorada de la televisión de acción de mediados de la década de 1970 sino hablar también de la propia infancia. De aquellos productos culturales que nos marcaron de chicos y permanecieron allí desde entonces.
De un libro a la tele
Creada por el legendario productor Stephen J. Cannell (la mente detrás de éxitos como sería luego The A-Team), la serie se emitió originalmente entre 1976 y 1978 en la cadena NBC.
Como detalle histórico antes de despegar: aunque en la traducción al español para Latinoamérica se la denominó “Los tigres voladores”, dicha denominación no corresponde, siendo la que recibía el primer Grupo de Voluntarios Americanos que voló aviones P-40 en China y no sobre el teatro del pacífico.
La serie retrata en realidad las andanzas del escuadrón de los "Ovejas Negras" (VMA-214) de la Infantería de Marina estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial, comandados por el carismático y rebelde Greg "Pappy" Boyington.
Su génesis se halla en la autobiografía homónima publicada en 1958 por el propio Gregory "Pappy" Boyington, un as de la aviación con 26 victorias confirmadas, condecorado con la Medalla de Honor, cuya vida personal fue tan turbulenta como sus hazañas aéreas.
Stephen J. Cannell vio un potencial dramático enorme en la premisa: un comandante brillante pero propenso a la insubordinación y al alcohol, que arma un escuadrón reclutando a inadaptados, rebeldes, borrachos y pilotos a punto de ser sometidos a una corte marcial. Tal marco venía como anillo al dedo de la televisión de los 70, post-vietnam: antihéroes con un corazón de oro que funcionaban mejor bajo la presión del combate que bajo las rígidas normas militares.
Para encarnar a "Pappy", el estudio eligió a Robert Conrad, un actor en la cúspide de su carrera, famoso por su físico imponente, su actitud de tipo duro y su carisma indiscutible tras protagonizar The Wild Wild West (Las aventuras de Jim West, entre nos).
Los cazas Corsair que se usaron en la serie fueron aviones reales. De modo casi mágico, la producción pudo juntar ocho cazas Chance Vought F4U Corsair auténticos. Las tomas aéreas eran filmadas en los cielos de California del Sur, y el rugido de los motores radiales Pratt & Whitney se convirtió en la marca registrada de la serie.
Tanto como una intro que cautivó a muchos entonces, el autor de estas líneas incluido.
El verdadero Greg Boyington trabajó como consultor técnico en la serie. Aunque aprobaba la interpretación de Robert Conrad, solía comentar con ironía que la serie era "un 10% de verdad y un 90% de Hollywood". Algo que no dejó de meterlo en problemas, sobre todo con los antiguos miembros de su escuadrón. En una de tales reuniones, incluso debió pedir disculpas por el hecho que la serie los mostrara como inadaptados al margen de las normas militares.
Boyington también participó de la serie con un cameo interpretando a un general de la Marina en un par de episodios. Su alter ego en la pantalla chica, Robert Conrad, interpretó muchas de sus acrobacias aéreas en persona.
La realidad que no contó la televisión
El verdadero escuadrón VMA-214 "Black Sheep" del Cuerpo de Marines de los Estados Unidos fue algo distinto de lo que nos mostraron en la tele, si bien la serie capturó a la perfección su espíritu irreverente.
Lejos de ser delincuentes o militares al borde del calabozo como mostraba la ficción de Stephen J. Cannell, el verdadero escuadrón fue un experimento de necesidad militar que funcionó muy bien en el teatro del Pacífico en 1943.
Los hombres del VMA-214 no tenían cuenta alguna con la justicia militar; eran pilotos perfectamente entrenados que se habían quedado sin escuadrón. Muchos pertenecían a unidades que se habían disuelto o eran pilotos de reemplazo recién llegados al frente que no habían sido asignados a ninguna unidad fija en las islas Salomón. Con ellos se organizó el escuadrón.
Originalmente, los pilotos querían llamarse “Boyington's Bastards” (Los Bastardos de Boyington), debido a que eran un grupo de huérfanos de otras unidades reunidos de apuro. Sin embargo, el nombre fue vetado por las autoridades de los Marines por razones obvias de decoro. Fue entonces cuando el piloto Frank Walton sugirió "Black Sheep" (Ovejas Negras), diseñando el famoso escudo que mostraba una oveja negra mansa rodeada por un círculo de estrellas azules y la silueta de un Corsair en la parte superior.
Escudo del escuadrón (1943)
Boyington tenía un pasado curtido. Antes de reincorporarse a los
Marines, había volado en China con el grupo de voluntarios civiles de Claire
Chennault, donde obtuvo sus primeras victorias derribando aviones japoneses. De
allí la confusión del título en español. Boyington sí había sido un
"Tigre Volador" real.
Tenía 31 años cuando
tomó el escuadrón (una edad avanzada para un piloto de caza de la época, de ahí
el apodo "Pappy"). Era un líder que comandaba desde el frente,
agresivo en el aire y un bebedor legendario en tierra. Logró amalgamar a estos
jóvenes pilotos en apenas unas semanas gracias a su enorme experiencia de
combate.
La serie solía mostrar
que los pilotos tenían sus propios Corsairs asignados con pin-ups y nombres
personalizados. La realidad logística del Pacífico sur era muy diferente. Debido
a la escasez de repuestos y las duras condiciones de las pistas de barro en
islas como Espíritu Santo o la sección de Vella Lavella, los mecánicos hacían
milagros.
Los pilotos volaban el
avión que estuviera disponible y en condiciones de despegar esa mañana. La
famosa foto de Boyington en el Corsair número 86 "Lulubelle"
fue una puesta en escena puramente publicitaria para los fotógrafos de prensa;
él raramente voló ese avión específico en combate.
En solo 84 días de
campaña de combate bajo el mando de Boyington, las Ovejas Negras lograron un
récord impresionante: 97 derribos confirmados y dañaron otros 35 aviones
enemigos, produciendo 9 ases de la aviación dentro de la unidad.
El clímax del
escuadrón real ocurrió el 3 de enero de 1944. Durante una misión sobre
la base japonesa de Rabaul, Boyington derribó su avión número 26, pero su
Corsair fue severamente alcanzado. Tuvo que saltar en paracaídas al océano.
El escuadrón lo dio
por muerto en combate, y debido a esto la unidad original de las "Ovejas
Negras" fue disuelta poco después, repartiendo a sus hombres. Sin embargo,
Boyington había sobrevivido: fue capturado por un submarino japonés y pasó 20
meses en un durísimo campo de prisioneros de guerra en Japón, pesando apenas 50
kilos al ser liberado al final de la guerra en 1945, momento en el que recibió
la Medalla de Honor que se le había otorgado póstumamente.
Repercusión televisiva
NBC canceló la serie al final de su primera temporada debido a los costos de producción y ratings tibios. Sin embargo, durante los meses siguientes, las reposiciones tuvieron un éxito inesperado y las cartas de los fanáticos inundaron la cadena. NBC tomó una decisión casi inédita: revivió la serie para una segunda temporada, pero le cambió el nombre a "Black Sheep Squadron" para enfatizar el carácter grupal, introduciendo además a un grupo de enfermeras (las “Pappy’s Lambs”) para suavizar el tono predominantemente masculino del programa.
Para ahorrar los inmensos costos de filmación en el aire, la serie recicló extensamente imágenes de stock de combates reales de la Segunda Guerra Mundial obtenidos de los archivos de la Marina estadounidense, así como tomas descartadas de la película Tora! Tora! Tora! (1970) para representar los ataques de los aviones japoneses "Zero".
El programa terminó durando tres temporadas y catapultó a Boyington de nuevo al centro de atención nacional, convirtiéndolo en una atracción popular en exhibiciones aéreas por todo el país. Durante los siguientes diez años, comercializó libros, láminas e incluso una grabación en LP de las aventuras de su vida.
"Baa Baa Black Sheep" terminó definitivamente en la primavera de 1978 tras 37 episodios, pero se aseguró un lugar eterno en la memoria colectiva del público global gracias a su inolvidable cortina musical militar, el carisma de Conrad y la silueta inconfundible de las alas en ángulo del Corsair volando contra el sol.
Mucho del sentido de aventura que siempre le adjudiqué a la aviación en mi vida, pasó por ver esta serie a muy temprana edad. Mucho tiempo después, siendo estudiante universitario y con 21 años, en mi primera visita a Washington una de las paradas obligadas al visitar el Cementerio Nacional de Arlington fue visitar la tumba de "Pappy" Boyington.
A casi medio siglo de su estreno, Baa Baa Black Sheep demuestra que la televisión puede prescindir de casi todo, desde los presupuestos hasta la misma fidelidad histórica, para plasmar una trama capaz de encender en la imaginación esa sed de aventuras y atracción del riesgo que tiene el ser humano.
Para quienes crecimos fascinados por la silueta de los Corsair recortando el cielo al compás de una pegadiza sirena mezclada con los acordes de una marcha militar, la serie fue mucho más que un entretenimiento semanal: se trató de la chispa que alimentó una pasión de por vida por la aviación y la historia. Y, porqué no decirlo, por la aventura.
Quizás el verdadero "Pappy" Boyington tuviera razón al decir que el show era "un 90% Hollywood", pero paradójicamente ese porcentaje de magia fue el ingrediente necesario para que un grupo de inadaptados de ficción se convirtiera en leyenda.
Por eso, reencontrarse hoy con sus episodios —o evocar el respeto silencioso ante la tumba de su inspirador en Arlington— no es solo un ejercicio de nostalgia, sino el reconocimiento a un clásico que, en el corazón de sus seguidores, se resiste a aterrizar.
Como en otras obras que se convierten en clásicos, ese largo vuelo en los recuerdos de muchos tiene que ver por la capacidad de ver reflejadas en sus historias, cuestiones primeras de los seres humanos como la amistad, el coraje, el miedo o el deseo de romper reglas. Tan simple y tan complejo como eso.
SOBRE EL AUTOR DE LA NOTA: Luis Carranza Torres nació en Córdoba, República Argentina. Es abogado y Doctor en Ciencias Jurídicas, profesor universitario y miembro de diversas asociaciones históricas y jurídicas. Ejerce su profesión y la docencia universitaria. Es autor de diversas obras jurídicas y de las novelas Yo Luis de Tejeda (1996), La sombra del caudillo (2001), Los laureles del olvido (2009), Secretos en Juicio (2013), Palabras Silenciadas (2015), El Juego de las Dudas (2016), Mujeres de Invierno (2017), Secretos de un Ausente (2018), Hijos de la Tormenta (2018), Náufragos en un Mundo Extraño (2019), Germánicus. El Corazón de la Espada (2020), Germánicus. Entre Marte y Venus (2021), Los Extraños de Mayo (2022) y La Traidora (2023). Ha recibido la mención especial del premio Joven Jurista de la Academia Nacional de Derecho (2001), el premio “Diez jóvenes sobresalientes del año”, por la Bolsa de Comercio de Córdoba (2004). En 2009, ganó el primer premio en el 1º concurso de literatura de aventuras “Historia de España”, en Cádiz y en 2015 Ganó la segunda II Edición del Premio Leer y Leer en el rubro novela de suspenso en Buenos Aires. En 2021 fue reconocido por su trayectoria en las letras como novelista y como autor de textos jurídicos por la Legislatura de la Provincia de Córdoba. Ganador en 2026 del Concurso Internacional de Cuento Histórico organizado por la Editorial La Cuarta Orilla.
Perdidos en una tormenta, sin poder ver más allá, en medio de la guerra se camina a tientas, en penumbras, bajo un cielo inclemente que no permite avanzar sin retroceder, por un sendero que no conduce a ninguna parte. Así, perdidos y huérfanos se sienten los hijos de esa tormenta que es toda guerra.
"Hijos de la tormenta" vuelve sobre los personajes de "Mujeres de invierno" en medio de la Segunda Guerra Mundial. La familia López de Madariaga, diplomáticos argentinos en la Berlín de los años treinta se ha disgregado. Separado el matrimonio, diseminados los hijos, el estallido bélico los encuentra perdidos y difusos, cada uno intentando recomponer su vida, forjarse un nuevo futuro ya lejos de esa Alemania opresiva y en ciernes que, ahora, se ha extendido por casi toda Europa en un afán imperial.
En la peor de las guerras, entre los encuentros y desencuentros de Constanza y Dieter, en torno a las desventuras de esa singular pareja, orbitan los otros personajes. Fiamma pelea en los cielos una guerra y otras aun peores en tierra.
Ninguno puede escapar a aquello que lo conmina: un amor apenas correspondido; una madre que es obligada a desprenderse de su hijo; un médico de la Cruz Roja en una relación con una joven treinta años menor; una muchacha que derriba aviones nazis.
La novela se vuelve, entonces, coral, llena de voces y de situaciones en distintos escenarios -Londres, Berlín, París, Buenos Aires, Córdoba- en los que se narra lo cruento de la guerra, en los que la impresión es que no hay sosiego ni dónde resguardarse.
Todos envueltos en una tormenta que los prohíja y que no los deja ver más allá del presente. Luis Carranza Torres continúa en esta novela con la historia de una singular familia argentina que atraviesa uno de los momentos que definieron la historia del siglo XX, y la narra con la maestría de quien puede transportar al lector a otro mundo y otro tiempo.
Cuatro preguntas clave sobre la Saga de la Segunda Guerra Mundial
📌 ¿Cuántas novelas son? Está compuesta por tres libros: "Mujeres de invierno", "Hijos de la tormenta" y "Náufragos en un mundo extraño".
📌 ¿Quiénes son los personajes principales? Tiene como protagonista a la familia López de Madariaga y comienza con su viaje a Berlín 🇩🇪, ciudad donde Ignacio ocupará el puesto de embajador argentino.
📌 ¿Cuándo ocurre? Comienza en los años 30, por lo que los personajes serán testigos de cada momento desde el ascenso del Tercer Reich y se extiende hasta el final de la Segunda Guerra Mundial.
📌 ¿Qué temáticas se ponen en juego? La Alemania más oscura es escenario de un abanico de historias tan intensas como atrapantes: redes de espionaje, amor, poder, pasión y una reconstrucción histórica exhaustiva de aquellos tiempos difíciles y desafiantes.