Askari
por Luis Carranza Torres
En las lenguas árabe, persa y suajili, la palabra askari o áskari significa "soldado". En las lenguas occidentales el término se usa para definir a las tropas indígenas de África y Oriente Medio que sirvieron en los ejércitos coloniales europeos durante los siglos XIX y XX. Los askaris también desempeñaron labores policiales y de seguridad personal.
Aunque su cometido original era el de servir de apoyo a las tropas coloniales procedentes de la metrópoli y sofocar las revueltas locales contra éstas, pronto se usaron también como fuerza de combate contra los ejércitos coloniales de otras naciones. El mejor ejemplo de esto se dio en la Primera Guerra Mundial, cuando el comandante alemán Paul von Lettow-Vorbeck se valió de entre 11.000 y 12.000 askaris strutus para mantener en jaque a las fuerzas británicas, muy superiores en número. Los británicos no pudieron ganar una sola batalla contra ellos en África Oriental en toda la contienda.
Las Schutztruppe (Fuerzas de protección) a su cargo se adentraron en la sabana, en la selva y las montañas para operar como fantasmas, emergiendo sólo para emboscar, atacar líneas de suministros y volver a desaparecer en lo que es comúnmente conocida como una de las operaciones guerrilleras más exitosas de la historia.
El término alcanzó nuevos significados en las décadas posteriores. Durante la Segunda Guerra Mundial los oficiales del Waffen-SS lo usaron para denominar a los desertores del Ejército Rojo que se unían más tarde a las filas alemanas. En Sudáfrica se llamó askaris a los guerrilleros que combatían originalmente contra el régimen del apartheid y que, tras ser capturados, colaboraban con el ejército sudafricano como espías o mercenarios.
En la actualidad, la palabra también se usa en algunos países africanos para llamar a los soldados armados con lanza o, simplemente, a aquellos encargados de montar guardia, extendiéndose para designar a los guardias privados.
Durante la Primera Guerra Mundial África fue un frente secundario pero muy activo. Una campaña descolló por encima de todas: la del gobernador alemán de la colonia de África Oriental alemana, actual Tanganica. El coronel Paul Emile von Lettow-Vorbeck llevó a cabo, con medios limitados y sin posibilidad de recibir refuerzos o suministros, una campaña magistral que bloqueó tropas de la Entente muy necesarias en otros frentes. Von Lettow se ganó el respeto y admiración de sus propios enemigos.
El éxito de Von Lettow no solo fue gracias a los askaris combatientes, sino a los cargadores (pagazi). Por cada soldado, había varios civiles que transportaban todo al hombro. Mientras que los británicos dependían de bueyes o mulas que morían por la mosca tsetsé, Von Lettow entendió que el único motor fiable en África era el ser humano. Sin esa estructura logística logística de miles de hombres y mujeres anónimos, los askaris jamás habrían podido ser los "fantasmas de la sabana".
Se dice que la campaña en África Oriental fue la última "guerra de caballeros". A diferencia de Europa en que la guerra de trincheras hizo paulatinamente perder las consideraciones "profesionales" de antaño con el enemigo, en África se intercambiaban mensajes de respeto entre comandantes e incluso suministros médicos para los heridos. Cuando Von Lettow finalmente se rindió (semanas después del armisticio en Europa, pues no se había enterado), los británicos le permitieron conservar sus armas y las de sus askaris en honor a su valentía.
Pasada la guerra, Von Lettow se negó a dejarse llevar por los acontecimientos. Se enfrentó a Hitler y rechazó ser manipulado. A consecuencia de ello fue apartado y ninguneado. Pero él luchó siempre por que se reconocieran los derechos de las tropas autóctonas que combatieron en África bajo su mando: sus askaris. Logró la victoria y el Bundestag aprobó el pago de las soldadas y atrasos, pero falleció al poco tiempo, en 1964.
El gobierno alemán envió funcionarios a Tanganica para hacer efectivo el pago a los askaris de Von Lettow. Se convocaba a todos los askaris en Dar el Salaam, la capital.
El día señalado se presentaron unos trescientos veteranos encanecidos. Alguno todavía conservaban el certificado que Von Lettow, personalmente, dio a cada uno. Un detalle curioso y profundamente humano sobre ese encuentro en Dar es Salaam en 1964, y que es fundamental para entender la mística de estas tropas, es que cuando los funcionarios alemanes llegaron para pagar las pensiones, se enfrentaron a un problema: muchos veteranos no tenían documentos. Habían pasado 50 años; los papeles se habían podrido o perdido en la selva.
Para verificar quién era realmente un askari de Von Lettow y no un impostor, el funcionario alemán (un ex oficial de la Schutztruppe) no pidió papeles. En su lugar, les entregó un escobillón o un palo y les ordenó en alemán: "¡Presenten armas!". Aquellos ancianos, con la espalda encorvada por los años, realizaron los movimientos de instrucción con una precisión mecánica y una marcialidad que solo años de disciplina prusiana pudieron inculcar. Esa memoria muscular fue su "documento de identidad".
Es por todo eso que la figura del askari trasciende la mera definición de una "tropa colonial" para convertirse en un símbolo de la complejidad de la historia africana. En la figura de los hombres de Von Lettow-Vorback, vemos el nacimiento de una identidad militar única que no era del todo europea ni estrictamente tribal, sino una fraternidad de armas nacida del aislamiento.
El hecho de que la República Federal de Alemania cumpliera su deuda décadas después no solo fue un acto administrativo, sino el reconocimiento de que estos soldados fueron, en la práctica, el último ejército alemán invicto de la Gran Guerra. Los askaris validaron que el éxito en el continente africano no dependía del número de bayonetas, sino de la integración con el entorno y el respeto mutuo entre mando y tropa, en un abierto desafío a las creencias raciales de su época.
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