Napoleón, Josefina y la máquina infernal
por Luis Carranza Torres
Ocurrido en vísperas de la Nochebuena de 1800 para terminar
con la vida de Napoleón Bonaparte, en ese momento Primer Cónsul de Francia, se
trata de un evento histórico en que se fusiona la política con la ciencia y la
tecnología de la época.
El artefacto empleado, denominado la "Máquina
Infernal", marcó un hito luctuoso en la evolución de las armas explosivas
utilizadas en el terrorismo político.
Constaba
de una pequeña carreta sobre la cual se había dispuesto un gran barril de
madera repleto de pólvora negra (el explosivo estándar de la época) y envuelto
con metralla, como balas y trozos de hierro, para maximizar el daño y actuar
como fragmentación. Dicho tipo de pólvora resultaba una mezcla de nitrato de
potasio, carbón y azufre. Como mecanismo de detonación se empleó un sistema
rudimentario, pero efectivo, de mecha de combustión lenta.
Al
atardecer del 24 de diciembre de 1800 (3 de Nivoso del Año IX, según el
calendario revolucionario francés), dos sujetos apellidados Limoëlan y Carbon
cruzaron la puerta de Saint-Denis y condujeron un carro a un edificio vacío en
las afueras. Allí́ llenaron y le cargaron un barril con pólvora y metralla.
Limoëlan se situó́ en la plaza del Carrusel, de tal manera que pudiera ver la
comitiva del cónsul del palacio de las Tullerías y hacer una señal para que
encendieren la mecha. Un tercer partícipe, Saint-Régeant le ofreció́ dinero a
una muchacha de 14 años llamada Marianne Peusol para que sujetase unos minutos
las riendas de la yegua que arrastraba el carro con la máquina infernal,
detenido ex profeso en la calle Saint-Nicaise, aun sabiendo que resultaría la
primera víctima de la explosión.
En tanto, Napoleón estaba en las Tullerías, preocupado
de perder la función ya Josefina no terminaba de vestirse; partió entonces en
un solo carruaje para asistir en la ópera al estreno en Francia de La Creación, un famoso
oratorio de Joseph Haydn. Su impaciencia o la rapidez de su cochero hizo que el
carruaje avanzara más rápido, rebasando a la escolta a caballo, lo que
desorientó a Limoëlan al ver un solo carruaje sin escolta, por lo que tardó en
dar la señal. Por eso la explosión ocurrió luego que el carruaje pasara por el
lugar. Napoleón salió ileso, aunque la onda expansiva rompió los cristales de
su vehículo.
La
bomba funcionó tan destructiva como se le pensó, más allá del error de los tiempos
por parte de los atacantes. Al siguiente día, el órgano oficial de la República
francesa, el Moniteur Universel, daba cuenta de "la terrible explosión",
sucedida el día anterior, cuando "a las ocho de la tarde, el primer cónsul
se dirigía a la Ópera con su escolta desde el patio de las Tullerías”.
Además de informar que Napoleón Bonaparte había salido indemne de un intento de
magnicidio, recopilaba los daños conocidos en ese momento: "Mató a
tres mujeres, un tendero y un niño. El número de heridos es de quince [...].
Cerca de quince casas han sido dañadas considerablemente". Por ello,
ha pasado a la historia como uno de los primeros actos de terrorismo político.
Tras la explosión, Napoleón y su ministro de Policía,
Joseph Fouché, discreparon por la autoría. El primero estaba convencido de eran
los jacobinos, pero Fouché, que tenía una red de informantes precisa,
sospechaba de los realistas (los Chouans), que buscaban restaurar la monarquía
borbónica.
Es que un par de meses antes, en octubre de 1800,
cuatro individuos vinculados a movimientos de izquierda, armados con puñales,
fueron arrestados en la Ópera por participar del denominado Complot de las
Dagas. También, con la intensión de terminar con la vida del Corso.
La investigación policial fue llevada por el inspector
Jean Henry, conocido por el apodo de l’Ange Malin ("el ángel astuto"),
quien logró identificar por las herraduras la procedencia del animal
sacrificado en la explosión. Fue la clave para dar con el comerciante que había
vendido el carro a los autores y producir su identificación.
La policía intensificó la vigilancia en círculos
realistas y, basándose en la información de Fouché, finalmente arrestaron a uno
de los principales ejecutores, François-Jean Carbon (apodado "Petit
François"). Sometido a interrogatorio y posiblemente a tortura, terminó
delatando a sus cómplices y confirmando la naturaleza realista de la
conspiración, tal como decía Fouché.
No obstante, Napoleón hizo que el Senado dictara un
Senadoconsulto, que le permitió deportar sumariamente a la Guayana o las islas
Seychelles a más de 130 jacobinos, a pesar de que la evidencia posterior
demostró que el atentado fue obra de los realistas. Políticamente, le venía
bien para desembarazarse de adversarios incómodos.
Una vez capturados algunos de los autores, fueron
juzgados por el tribunal criminal de París. La condena impuesta fue la máxima
de la época: Pierre de Saint-Régeant y François-Jean Carbon fueron condenados a
la pena de muerte por regicidio frustrado (atentar contra el jefe de Estado) y
asesinatos múltiples. Ambos fueron ejecutados en la guillotina el 20 de abril
de 1801, en medio del abucheo general de los parisinos.
Limoëlan logró huir a los Estados Unidos y se hizo
sacerdote, siendo el único que mostró remordimiento por las víctimas civiles
del hecho. Cadoudal, el ideólogo, se refugió en Inglaterra. Desde allí,
continuó conspirando con el apoyo de ese país.
Tal atentado fue una de las causas que llevaron a Napoleón a coronarse emperador en 1804. Buscaba, entre otras cuestiones, asegurar una sucesión para no tener en un futuro que deberle la vida a su impaciencia por la tardanza de Josefina, a la que no terminaba de gustarle la forma de llevar puesto un chal que acababa de recibir de Constantinopla.
Para leer más en el blog:
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La gesta sanmartiniana hecha novela
El encuentro entre Napoleón Bonaparte y José de San Martín
SOBRE EL AUTOR DE LA NOTA: Luis Carranza Torres nació en Córdoba, República Argentina. Es abogado y Doctor en Ciencias Jurídicas, profesor universitario y miembro de diversas asociaciones históricas y jurídicas. Ejerce su profesión, la docencia universitaria y el periodismo. Es autor de diversas obras jurídicas y de las novelas Yo Luis de Tejeda (1996), La sombra del caudillo (2001), Los laureles del olvido (2009), Secretos en Juicio (2013), Palabras Silenciadas (2015), El Juego de las Dudas (2016), Mujeres de Invierno (2017), Secretos de un Ausente (2018), Hijos de la Tormenta (2018), Náufragos en un Mundo Extraño (2019), Germánicus. El Corazón de la Espada (2020), Germánicus. Entre Marte y Venus (2021), Los Extraños de Mayo (2022), La Traidora (2023), Senderos de Odio (2024) y Vientos de Libertad (2025). Ha recibido la mención especial del premio Joven Jurista de la Academia Nacional de Derecho (2001), el premio “Diez jóvenes sobresalientes del año”, por la Bolsa de Comercio de Córdoba (2004). En 2009, ganó el primer premio en el 1º concurso de literatura de aventuras “Historia de España”, en Cádiz y en 2015 Ganó la segunda II Edición del Premio Leer y Leer en el rubro novela de suspenso en Buenos Aires. En 2021 fue reconocido por su trayectoria en las letras como novelista y como autor de textos jurídicos por la Legislatura de la Provincia de Córdoba.
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