Orígenes del pesebre navideño



 Dedicado especialmente a Flor,
Piedra de la Fe en nuestra familia.

por Luis Carranza Torres


El pesebre navideño es una de las tradiciones más queridas y significativas de la celebración de la Natividad. Su origen se remonta a la Edad Media, aunque su inspiración es, por supuesto, bíblica.

Se origen es bíblico. El Nacimiento en Belén se encuentra en los Evangelios, específicamente en los relatos del nacimiento de Jesús en San Lucas y San Mateo. En el primero (2:7) se describe cómo, llegados a Belén para censarse conform lo había dispuesto la autoridad romana, María dio a luz a Jesús y lo acostó en un pesebre (comedero para animales):

"Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento. Y (María) dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en la posada.

Había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño. Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor. Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor. Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre. (...) (Los pastores) vinieron, pues, apresuradamente, y hallaron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre."

Por su parte en Mateo (2:1-12) se describe la llegada de los Magos de Oriente, guiados por una estrella. El Buey y la Mula no son mencionados en la Biblia, sino en la tradición y en el Antiguo Testamento Isaías 1:3).

Como nos cuenta Isabelle Grégor, en La crèche de Noël. Une tradition populaire aux mille facettes, publicado digitalmente en Herodote.net Le Média de l´Histoire: “El pesebre nació con el cristianismo dado que es evocado en los primeros relatos de los evangelistas. Es Lucas el que hace alusión directamente a ello, explicando que María y José, venido a Belén para ser censados, no habían podido encontrar lugar en el mesón. A falta de algo mejor, los dueños del lugar los habían instalado en una pieza inferior, destinada a los animales. Una versión tardía del siglo II convirtió este establo en una gruta. El niño Jesús habría sido entonces colocado, desde su nacimiento, en el comedero de las bestias, es decir, el pesebre. Por extensión, pronto esta palabra designó la representación completa del episodio”

Luego de la difusión del cristianismo, el pesebre en Belén fue venerado desde los primeros siglos. En el siglo IV San Jerónimo se indigna ya por su desaparición: "Me era precioso, el que ha sido retirado; [...] la fe cristina es digna de este pesebre de arcilla. [...] admiro al Señor que, aunque creador del mundo, nace, no entre el oro y la plata, sino en el barro". Ciertos fragmentos del santo pesebre habrían sido conservados y llevados por peregrinos a la Basílica Santa María Mayor de Roma, donde desde el año 432 el papa Sixto III había creado una copia de la Gruta, como nos cuenta Grégor.

La primera representación de la Natividad se le atribuye a San Francisco de Asís. La tradición sitúa este evento en el año 1223 d.C. en la ermita de Greccio, en Umbría, Italia.

San Francisco regresaba de Tierra Santa y, conmovido por el recuerdo de los Santos Lugares, deseaba celebrar la Navidad de una manera que permitiera al pueblo revivir la pobreza y humildad del nacimiento de Jesús.

Obtuvo entonces permiso del Papa Honorio III para realizar una misa de medianoche en una cueva cerca de Greccio. Hizo traer heno, un buey y una mula vivos, y colocó una imagen del niño Jesús sobre un pesebre. El pueblo acudió con antorchas, y la misa fue celebrada sobre este "altar" improvisado.

En palabras de Tomas de Celano (Vita Prima, 1228) el acontecimiento ocurrió de la siguiente forma: "El bienaventurado Francisco, como lo hacía con frecuencia, (...) hizo convocar a (un hombre llamado Juan) unos 15 días antes de la natividad del Señor, y le dijo: "Si deseas que celebremos la presente fiesta del Señor en Greccio, apresúrate en ir allá y lo que te digo prepáralo cuidadosamente. Porque quiero recordar a este niño que nació en Belén y observar en detalle, tanto como sea posible para mis ojos corporales, las dificultades para satisfacer sus necesidades de niño, cómo estaba acostado en un pesebre y como, junto a un buey y a un asno, fue colocado sobre el heno". Al escuchar esto, el ese buen hombre preparó en ese lugar todo lo que el santo le había dicho.

De hecho, se preparó un pesebre, se llevó heno, un buey y un asno. Allí fue honrada la sencillez, exaltada la pobreza, alabada la humildad y se hizo de Greccio una nueva Belén" 

Conforme la nota de la edición digital de ACI Prensa titulada El origen de los pesebres y villancicos de Navidad del 7 de diciembre de 2022: “A esta actividad le llamó 'crèche', que significa 'cuna' en francés, y fue vista por hombres, mujeres y niños que se acercaron a ver la bellísima obra con sus antorchas encendidas”.

Este evento fue una misa solemne y una recreación visual del ambiente de Belén, utilizando animales y objetos reales. Pero es el origen del llamado "pesebre viviente".  

Después de la iniciativa de San Francisco, la devoción a la escena de la Natividad se extendió rápidamente. En los siglos XIII a XIV se popularizaron las representaciones teatrales de la Natividad en las iglesias y plazas (autos de Navidad). Al mismo tiempo, el pesebre comenzó a materializarse en forma de escultura. Las iglesias y conventos comenzaron a encargar y exhibir figuras talladas de la Natividad.

Para el siglo XV, tanto en Italia y España, el arte de la escultura de pesebres alcanzó un alto nivel, destacando la artesanía en madera y arcilla. Las figuras se hicieron más elaboradas, detalladas y realistas.

A comienzos del siglo XIX, el escultor Jean-Louis Lagnel tiene la idea de fabricar las figurillas ya no en yeso sino en arcilla, a partir de moldes, y por lo tanto reproducibles a voluntad en cantidad. 

El pesebre dejó de ser una pieza exclusiva de los templos y se instaló en el hogar gracias a la influencia de la realeza y la nobleza. Y de allí a todos los hogares en un incesante fenómeno expansivo que incluso ha desbordado lo religioso para pasar a ser parte de la cultura de diversas naciones en diversas partes del mundo. 


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SOBRE EL AUTOR DE LA NOTA: Luis Carranza Torres nació en Córdoba, República Argentina. Es abogado y Doctor en Ciencias Jurídicas, profesor universitario y miembro de diversas asociaciones históricas y jurídicas. Ejerce su profesión, la docencia universitaria y el periodismo. Es autor de diversas obras jurídicas y de las novelas Yo Luis de Tejeda (1996), La sombra del caudillo (2001), Los laureles del olvido (2009), Secretos en Juicio (2013), Palabras Silenciadas (2015), El Juego de las Dudas (2016), Mujeres de Invierno (2017), Secretos de un Ausente (2018), Hijos de la Tormenta (2018), Náufragos en un Mundo Extraño (2019), Germánicus. El Corazón de la Espada (2020), Germánicus. Entre Marte y Venus (2021), Los Extraños de Mayo (2022), La Traidora (2023), Senderos de Odio (2024) y Vientos de Libertad (2025). Ha recibido la mención especial del premio Joven Jurista de la Academia Nacional de Derecho (2001), el premio “Diez jóvenes sobresalientes del año”, por la Bolsa de Comercio de Córdoba (2004). En 2009, ganó el primer premio en el 1º concurso de literatura de aventuras “Historia de España”, en Cádiz y en 2015 Ganó la segunda II Edición del Premio Leer y Leer en el rubro novela de suspenso en Buenos Aires. En 2021 fue reconocido por su trayectoria en las letras como novelista y como autor de textos jurídicos por la Legislatura de la Provincia de Córdoba.





Una mujer humillada y desposeída.

La tentación de recuperarlo todo.

Un secreto vital que obtener tras la cordillera.

Un general con un desafío por cumplir: cruzar los Andes.

 

Provincias Unidas de Sudamérica, 1816. Las tierras del antiguo Virreinato del Río de la Plata han declarado su independencia de la corona española, en el peor de los momentos posibles. El nuevo país, libre pero cargado de dificultades y retos, apuesta a remontar sus derrotas en el Alto Perú, con el audaz plan de formar un nuevo ejército y cruzar la cordillera para batir a los realistas por el oeste.

En Chile, Sebastiana Núñez Gálvez ha visto desbarrancar su mundo de lujos, pero también de oscuridades, tras la reconquista realista del país. Ajusticiado su esposo por liderar el bando patriota y confiscados todos sus bienes, malvive en la extrema necesitad. Una falta de todo que la ha hecho abjurar de cualquier creencia y hasta de su reputación, para conseguir subsistir.

El Mariscal español Marco del Pont lo sabe perfectamente, y le ofrece devolverle todas sus posesiones y alcurnia, a cambio de pasar a Mendoza y obtener el secreto mejor guardado del Gobernador de Cuyo y General en jefe de ese nuevo ejército, José de San Martín: por dónde pasarán sus tropas a Chile.

Sebastiana es una mujer decidida a todo para averiguarlo; apuesta para lograrlo a su antiguo y fuerte vínculo de amistad con la esposa del gobernador y General en jefe, Remedios de Escalada. No le importa tener que mentir, engañar o traicionar viejas lealtades.

Pero la imprevista relación con un oficial de granaderos trastocará sus planes. Alguien que, precisamente, debe mantener a los secretos de su jefe a salvo de los espías realistas. 



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