Tiempo viejo, tiempo nuevo
por Luis Carranza Torres
Desde los albores de la civilización hasta nuestra sociedad moderna, la "necesidad" en el ser humano de marcar un hito de inicio es una constante, casi tan antigua como la agricultura; desde la sociología se reivindica tal acto como un momento vital para la cohesión de los grupos humanos.
Las primeras celebraciones de las que tenemos registro no ocurrían en enero, sino que estaban ligadas a ciclos astronómicos o agrícolas.
En la Mesopotamia (Baja Babilonia, aprox. 2000 a. C.) tenemos el registro más antiguo que sitúa el Año Nuevo en el equinoccio de primavera (marzo en dicho hemisfero). El festival se llamaba Akitu y duraba 11 días. No era solo una fiesta; era un rito político donde se renovaba el mandato del rey y se celebraba la victoria del dios Marduk sobre el caos.
En el Antiguo Egipto el año comenzaba con la inundación anual del río Nilo, que coincidía con el ascenso de la estrella Sirio. Era un evento de supervivencia: si el río subía, habría pan.
La Roma Antigua durante los Siglos VIII - II a. C. siguió la tradición agrícola. Por ese entonces, el calendario romano tenía solo 10 meses y el año comenzaba en marzo (el mes de Marte). Por eso, meses como septiembre, octubre, noviembre y diciembre llevan esos nombres (séptimo, octavo, noveno y décimo).
El cambio del inicio del año al 1 de enero fue una decisión administrativa que luego se volvió tradición. En el año 153 a. C. los romanos movieron el inicio del año a enero porque era cuando los nuevos cónsules (gobernantes) asumían sus cargos para preparar las campañas militares de marzo.
Julio César en el 46 a. C. con la instauración del Calendario Juliano, fijó oficialmente el 1 de enero como el inicio del año en honor a Jano, el dios de las dos caras, una mira que mira al pasado y otra al futuro.
Durante la Edad Media, la Iglesia consideraba el Año Nuevo romano como "pagano" y muchos países celebraban el inicio el 25 de diciembre o el 25 de marzo. Fue el Papa Gregorio XIII quien unificó el calendario en 1582 para el mundo católico, restaurando el 1 de enero. Países como Rusia o Inglaterra tardaron siglos en adoptarlo por cuestiones religiosas.
El 1 de enero, la Iglesia Católica celebra la Solemnidad de Santa María, Madre de Dios.
El dogma de la "Theotokos" es el mas antiguo sobre la Virgen María, proclamado en el Concilio de Éfeso en el año 431 d.C. La palabra griega Theotokos significa "la que dio a luz a Dios". Al celebrarlo el 1 de enero, la Iglesia pone el foco en que Jesús es Dios y hombre desde su nacimiento. Es la fiesta mariana más importante del calendario litúrgico.
Históricamente, antes de las reformas del Concilio Vaticano II (en la década de 1960), esta fecha tenía otros nombres que seguían la tradición judía, asociados a la Circuncisión del Señor, pues según la ley de Moisés, los niños judíos debían ser circuncidados a los 8 días de nacer. Si contamos 8 días desde el 25 de diciembre, llegamos exactamente al 1 de enero.
También por dicha fecha fue el día en que oficialmente se le dio el nombre de "Jesús".
Actualmente tiene también una función global ya que en 1967, el Papa Pablo VI instituyó esta fecha como la Jornada Mundial de la Paz. La intención es aprovechar que todo el mundo está celebrando un nuevo comienzo para lanzar un mensaje de fraternidad universal.
Es por eso que cada año, el Vaticano emite un documento sobre un tema social urgente (ecología, tecnología, pobreza), convirtiendo la fiesta religiosa en una plataforma de diálogo con líderes mundiales y otras religiones.
De allí que para un católico el 1 de enero es tanto el cierre de la Octava de Navidad (los 8 días de fiesta intensa tras el nacimiento), como un homenaje a la maternidad de María y una jornada dedicada a rezar por la paz mundial.
Inicio de año en China
El Año Nuevo Chino, también conocido como la Fiesta de la Primavera (Chunjie), es un fenómeno muy interesante, pues a diferencia del calendario gregoriano, que es solar, el calendario chino es lunisolar, lo que significa que se basa tanto en las fases de la luna como en la posición del sol.
Históricamente, esta celebración tiene más de 3,500 años de antigüedad. Sus raíces se hunden en las ceremonias de sacrificio que se ofrecían a los dioses y ancestros para pedir buenas cosechas al inicio de la primavera.
La leyenda de Nian es la primera explicación de tales rituales. Se trata del mito de una bestia de ese nombre que atacaba a las aldeas al final del invierno. Los aldeanos descubrieron que la bestia temía el color rojo, las luces brillantes y los ruidos fuertes. De ahí proviene la tradición de usar decoraciones rojas y explotar petardos (hoy fuegos artificiales) para "ahuyentar" la mala suerte y los malos espíritus.
Un aspecto a destacar es que el Año Nuevo Chino no tiene una fecha fija en nuestro calendario. Cae siempre en la segunda luna nueva tras el solsticio de invierno, lo que suele ocurrir entre el 21 de enero y el 20 de febrero.
Asociado el tiempo en la cultura china a los ciclos sexagesimales, el sistema no solo se basa en los 12 animales del zodíaco (Rata, Buey, Tigre, Conejo, Dragón, Serpiente, Caballo, Cabra, Mono, Gallo, Perro y Cerdo), sino que estos se combinan con cinco elementos (Madera, Fuego, Tierra, Metal y Agua), creando un ciclo completo que dura 60 años.
Desde la sociología, el Año Nuevo Chino es probablemente el evento de cohesión social más importante del planeta. Se halla asociado al Chunyun (La migración humana más grande), en que cada año, cientos de millones de personas viajan desde las ciudades industriales hacia sus pueblos de origen. Para la cultura china, la "Cena de Reunión" en la víspera de Año Nuevo es el evento social más sagrado. No asistir se considera un fallo grave a la piedad filial (el respeto a los padres y ancestros).
El concepto de "Cara" y Estatus se halla presente ya que durante estas visitas familiares, se intercambian los Hongbao (sobres rojos con dinero). Sociológicamente, esto no es solo un regalo, sino un sistema de redistribución de riqueza dentro de la familia y una forma de demostrar éxito y generosidad ante el clan.
Antes del año nuevo, las familias limpian profundamente sus casas. Sociológicamente, esto simboliza "barrer" la mala suerte del año anterior para dejar espacio a la buena fortuna que llega.
Entre los elementos y simbolismos claves del evento encontramos al Pescado (Yu), que se sirve en las cenas porque la palabra china para "pescado" suena igual que la palabra para "abundancia" o "excedente". Es un acto de magia simpática: comer el símbolo para atraer la realidad.
Otro elemento es la presencia del color rojo, que representa la vitalidad, la fortuna y el fuego, que purifica y protege.
Mientras que el Año Nuevo occidental suele ser una fiesta de "salida" (discotecas, eventos públicos), el Año Nuevo Chino es una fiesta de "regreso" al núcleo familiar y a las raíces, reforzando la identidad colectiva frente al individualismo moderno.
El nuevo año en el judaísmo
Por su parte, el Año Nuevo judío, llamado Rosh Hashaná (que significa literalmente "Cabeza del Año"), es una de las festividades más profundas y solemnes en el judaísmo, que a diferencia del estruendo y los fuegos artificiales de la cultura occidental, aquí el tono es de introspección y juicio.
El calendario judío es lunisolar, lo que significa que los meses siguen a la luna, pero se ajustan cada ciertos años para que las festividades siempre caigan en la misma estación (primavera u otoño).
Según la tradición, Rosh Hashaná celebra el aniversario de la creación del mundo, o más específicamente, el día en que fue creado el primer hombre (Adán). Por eso, mientras que para el mundo gregoriano estamos en 2025, para el calendario hebreo estamos transitando el año 5785 y nos preparamos para el 5786.
El Rosh Hashaná ocurre el primer día de Tishrei, que es el séptimo mes del calendario bíblico. Históricamente, esto se debe a que en la antigüedad había varios "años nuevos" (uno para los reyes, otro para los árboles, otro para el ganado). Con el tiempo, la fecha de otoño (septiembre/octubre) prevaleció como el inicio del año civil y espiritual.
El Rosh Hashaná no es una fiesta de escape, sino de rendición de cuentas. Existe la creencia de que en este día Dios abre tres libros donde se inscriben a las personas según sus acciones. Esto genera una poderosa dinámica social: la Teshuvá (arrepentimiento o retorno), que obliga al individuo a revisar sus vínculos con la comunidad y pedir perdón a quienes ha dañado antes de que termine el ciclo (que culmina 10 días después en Yom Kipur).
El Shofar (el cuerno de carnero) resulta el símbolo sonoro de la fecha. No es música, es un grito. Su función sociológica es el despertar colectivo. Es una suerte de alarma que detiene la rutina diaria para enfocar a todo el grupo en un objetivo ético.
Al igual que en el Año Nuevo Chino, aquí se practica la "magia simpática" a través de los alimentos. La manzana con miel, en que se sumerge la fruta en miel para desear un año "bueno y dulce", se trata de un ritual de optimismo compartido.
La granada se come porque se dice que tiene 630 semillas, el mismo número de preceptos (mitzvot) de la Torá, simbolizando el deseo de una vida llena de buenas acciones.
Por su parte la cabeza de pescado sirve para expresar el deseo de ser "cabeza y no cola", es decir, ser líderes de nuestra propia vida y no simples seguidores de las circunstancias.
Comparativamente, si el Año Nuevo Occidental es la fiesta de la expansión y el Chino, la del regreso familiar, el Año Nuevo Judío es la fiesta del examen de conciencia. Es un momento donde la sociedad se detiene para preguntarse: "¿Quién quiero ser el año que viene?".
El mundo musulmán
En cuanto al Año Nuevo musulmán, conocido como Rā’s as-Sanah al-Hijrīyah, es quizás el más austero y reflexivo de todos los que hemos repasado. Su importancia no radica en un festejo ruidoso, sino en la conmemoración de un evento político y social que cambió el rumbo de la humanidad: la Hégira.
A diferencia del calendario cristiano (que cuenta desde el nacimiento de Jesús), el calendario islámico comienza con un **viaje político y espiritual: En el año 622 de nuestra era, el profeta Mahoma y sus seguidores tuvieron que emigrar de La Meca a Medina debido a la persecución. Este viaje recibe la denominación de Hégira (emigración).
Se trata del Nacimiento de la Comunidad (Umma), un momento es crucial en que el Islam deja de ser solo una fe perseguida para convertirse en una comunidad organizada con leyes y estructura social propia.
Fue el segundo califa, Umar I, quien unos años después oficializó este evento como el "Año 1". Actualmente, el mundo musulmán transita el año 1447 AH (Anno Hegirae).
Cabe decir que el calendario musulmán es estrictamente lunar, a diferencia del calendario chino o judío que son lunisolares y se ajustan al sol, por lo que tiene solo 354 o 355 días. Esto significa que el Año Nuevo "rota" a través de las estaciones. Cada año, el 1 de Muharram (el primer mes) cae unos 11 días antes que el año anterior en el calendario gregoriano.
En 2025, el Año Nuevo Musulmán comenzó el 27 de junio. Para el 2026, se espera que comience alrededor del 17 de junio.
Desde el punto de vista del comportamiento social, el Año Nuevo musulmán es el polo opuesto al 1 de enero occidental. No hay fiestas callejeras ni grandes banquetes. Es un día de oración y reflexión. Los musulmanes recuerdan la vida de Mahoma y la importancia de la paciencia y la fe frente a la adversidad.
En muchos países musulmanes se usa el calendario gregoriano para los negocios y la administración, pero el calendario de la Hégira rige la vida emocional y espiritual de más de 1.900 millones de personas.
En cuanto al inicio de Muharram, ese mes es sagrado, y los primeros 10 días tienen una carga emocional enorme, especialmente para los musulmanes chiítas, que conmemoran el martirio de Hussein (nieto del profeta) en la festividad de Ashura.
Otros años nuevos
Por su parte, el Año Nuevo Andino (Willka Kuti) o el Año Nuevo Persa (Nowruz) tienen una relación muy especial con el sol. Son celebraciones de la astronomía pura.
El Nowruz (El renacimiento de la luz) se celebra desde hace más de 3,000 años y tiene sus raíces en el Zoroastrismo, una de las religiones más antiguas del mundo.
Se celebra en el equinoccio de primavera (20 o 21 de marzo). Es el momento preciso en que el sol cruza el ecuador celestial, igualando la duración del día y la noche.
Se halla centrado en el "Haft-Sin" por lo que las familias arman una mesa con siete objetos que empiezan con la letra "S" en farsi, cada uno con un peso simbólico: manzanas (salud), hierba germinada (renacimiento), vinagre (paciencia), etc. Sociológicamente, esto refuerza el vínculo entre el ser humano y el orden del cosmos.
Es un evento tan poderoso culturalmente que sobrevivió a la conquista árabe y a la Revolución Islámica de Irán. A pesar de ser una fiesta "pagana" (pre-islámica), el pueblo se negó a abandonarla porque es el pilar de su identidad persa.
Respecto del Willka Kuti (El retorno del Sol), se trata de una celebración de los pueblos de situados en los Andes, que puede verse en Bolivia, Perú, Norte de Argentina y Chile, también llamado Machaq Mara.
Se celebra el 21 de junio. Para el hemisferio sur, es el día más corto y la noche más larga del año. Es el punto donde el Sol está más lejos de la Tierra. Su significado es histórico-agrícola, guardando relación con la supervivencia. El ritual busca "llamar" al sol para que regrese y comience un nuevo ciclo de siembra. Se espera al primer rayo de sol con las manos extendidas para recibir su energía.
Conclusión
Es fascinante cómo cada cultura elige un "punto cero" para su historia: los romanos eligieron un mes de guerra, los judíos la creación del hombre y los musulmanes un acto de supervivencia y fundación social.
Desde la sociología, el Año Nuevo es lo que se denomina un "rito de paso" o una "institución social del tiempo". Su función no es solo contar días, sino proporcionar un espacio de renovación, desde que las sociedades necesitan la idea de un "borrón y cuenta nueva". Los rituales (quemar muñecos, comer uvas, hacer promesas) sirven para reducir la ansiedad sobre el futuro y dejar atrás los fracasos del pasado.
Hay también una cuestión de cohesión y sincronización, desde que celebrar todos al mismo tiempo refuerza el sentido de pertenencia. Al contar el tiempo igual que los demás, nos sentimos parte de una "comunidad global".
Frente a un tiempo infinito y amorfo, el dividirlo en "años" nos da una sensación de control sobre nuestra propia biografía y sobre el ritmo de la producción económica y social. Control del Caos, le dicen.
El Año Nuevo es pues, una construcción social. No existe un "día real" donde el tiempo empiece de nuevo; la Tierra solo sigue girando. Sin embargo, no por eso se trata de algo no menos importante.
El ser humano no soporta el tiempo infinito. Necesita "cortar la cinta" y decir "aquí termina algo y aquí empieza otra cosa". Ya sea por el sol, la luna o un evento político, el Año Nuevo es la herramienta que inventamos para darse otra oportunidad en la vida. Algo que no es poca cosa.
Para leer más en el blog:
Napoleón, Ridley Scott y la ficción histórica
La gesta sanmartiniana hecha novela
El encuentro entre Napoleón Bonaparte y José de San Martín
SOBRE EL AUTOR DE LA NOTA: Luis Carranza Torres nació en Córdoba, República Argentina. Es abogado y Doctor en Ciencias Jurídicas, profesor universitario y miembro de diversas asociaciones históricas y jurídicas. Ejerce su profesión, la docencia universitaria y el periodismo. Es autor de diversas obras jurídicas y de las novelas Yo Luis de Tejeda (1996), La sombra del caudillo (2001), Los laureles del olvido (2009), Secretos en Juicio (2013), Palabras Silenciadas (2015), El Juego de las Dudas (2016), Mujeres de Invierno (2017), Secretos de un Ausente (2018), Hijos de la Tormenta (2018), Náufragos en un Mundo Extraño (2019), Germánicus. El Corazón de la Espada (2020), Germánicus. Entre Marte y Venus (2021), Los Extraños de Mayo (2022), La Traidora (2023), Senderos de Odio (2024) y Vientos de Libertad (2025). Ha recibido la mención especial del premio Joven Jurista de la Academia Nacional de Derecho (2001), el premio “Diez jóvenes sobresalientes del año”, por la Bolsa de Comercio de Córdoba (2004). En 2009, ganó el primer premio en el 1º concurso de literatura de aventuras “Historia de España”, en Cádiz y en 2015 Ganó la segunda II Edición del Premio Leer y Leer en el rubro novela de suspenso en Buenos Aires. En 2021 fue reconocido por su trayectoria en las letras como novelista y como autor de textos jurídicos por la Legislatura de la Provincia de Córdoba.
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