La profunda pluma de Jane Austen


por Luis Carranza Torres 


El 250.º aniversario del nacimiento de Jane Austen (1775-2025) ocurrido en 2025 no fue un dato más para la literatura, aun cuando quizás no se recordó con la intensidad que la fecha ameritaba, en función de estar ante una escritora que no solo define la novela de costumbres, ni que únicamente actúa como un puente crítico entre la Ilustración y el Romanticismo, sino una con la creadora de un estilo propio, que rompe con lo establecido y que realizó un importante aporte a la técnica narrativa.

De mi parte, hubo un pequeño homenaje literario. En la novela publicada en este año Isabel, la joven más romántica en Vientos de Libertad es, sin saberlo pues todavía en época las novelas de Jean salen bajo seudónimo de  "By a Lady", una devota lectora suya. Un reconocimiento al aporte que ha dejado a la posteridad de las letras, en cuanto a estilo. Algo que aproveché de forma específica al escribir esa obra. 


La forja de un estilo

Jane Austen nació el 16 de diciembre de 1775 en la rectoría de Steventon, un pequeño pueblo en el condado de Hampshire, al sur de Inglaterra. Creció en tal entorno rural, en el seno de una familia numerosa (era la séptima de ocho hermanos), profundamente intelectual.

Por qué comenzó a escribir es un aspecto fascinante desde el punto de vista histórico y técnico, ya que la unión de factores íntimos y domésticos moldearon desde su inicio un estilo propio y profundo.

Los Austen eran una familia "leída", que llevaban a cabo en la rectoría de Steventon, tanto la lectura en voz alta como el teatro casero. Jane empezó a escribir a los 11 o 12 años para entretener a sus hermanos y padres. 

Escribía para ser leída en el salón de su casa por su familia después de la cena. Esto "soltó" su creatividad por la confianza que tenía del auditorio; asimismo la necesidad de capturar su atención, forjó su estilo irónico en que apelaba a la risa sobre las ridiculeces sociales que ella observaba.

De allí que sus primeros escritos, conocidos como Juvenilia, resultan parodias salvajes y divertidas de las novelas sentimentales que leían. Jean parte de una mirada propia del canon literario de la época, al que va a incorporar sus propias observaciones sobre la realidad social circundante.

Su padre, el reverendo George Austen, fue una figura clave para su formación literaria. Poseía una biblioteca de más de 500 volúmenes, algo notable para la época, lo que proporcionó a Jane un material abundante y diverso para sus lecturas, desde historia y sermones hasta las novelas "populares" de Samuel Richardson y Henry Fielding.

En cambio de lo que ocurría en otras familias que restringían la lectura de las mujeres, su padre fomentó su curiosidad y le suministró papel y tinta, materiales que eran caros y por tanto no eran accesibles para una joven de familia sin ingresos propios.

Su aguda mirada social probablemente deviene del hecho que su familia pertenecía a la gentry (la baja aristocracia rural), sin fortuna pero situándose socialmente en los márgenes de la alta sociedad. Se trataba, a la vez de una "outsider" pero con acceso y conocimiento de la clase alta de la aristocracia que sería el escenario de sus novelas.

Jane tenía una capacidad para la observación social casi científica, que sus lecturas potenciaron. Veía las contradicciones de su clase social, fundamentalmente la obsesión por el dinero, la máscara de los modales y la posición de la mujer en un mundo que las relegaba en lo político y económico. Pronto las llevaría al papel, tal vez por ser la escritura literaria el único espacio donde una mujer de su época podía expresar con relativa seguridad su visión crítica del mundo.

La llegada de su prima Eliza de Feuillide, una mujer sofisticada que venía de la corte francesa y cuyo marido fue guillotinado en la Revolución, trajo un aire de drama y mundanidad a la tranquila rectoría. Eliza alentó las representaciones teatrales y amplió el horizonte mental de Jane, dándole material fresco para sus historias.


El paso de lo familiar a lo público

El paso de Jane de la "escritura de salón" familiar, como reacción creativa a su entorno, tanto el visto como el leído, al trabajo de escritor formal destinado al mercado editorial fue un proceso lento, lleno de frustraciones y marcado por las limitaciones de género de la época. 

No es menor recordar, sobre todo de cara a quienes se hallan en esa etapa de su vocación literaria, que fue un camino de esfuerzo que duró casi 15 años antes de ver su obra (aunque de forma anónima) en letras de imprenta.

En 1797, su padre, impresionado por su talento, intentó ayudarla a publicar First Impressions, el primer borrador de Orgullo y Prejuicio, ofreciéndole por carta el manuscrito al editor londinense Thomas Cadell, quien rechazó la oferta, también por correo postal, de inmediato. Tal negativa, sin embargo, sirvió para que siguiera puliendo tanto la obra como su estilo. 

Años después, en 1803, Jane vendió los derechos de una novela por entonces titulada Susan (luego sería Northanger Abbey) por la ínfima suma de 10 libras a la editorial Crosby & Co, quienes a pesar de tal pago, nunca la publicaron, siendo guardada en un cajón.

En 1809, Jean les escribió una carta bajo seudónimo exigiendo que publicaran el libro o se lo devolvieran. Ni hicieron ni lo uno ni lo otro y solo recuperó la obra años después.

Esos intentos fallidos no hicieron que Jane abandonara la pluma, pero sí volvieron su estilo más cínico y refinado. Recién en 1811 con la publicación de Sense and Sensibility por las gestiones de su hermano Henry, quien residía en Londres y tenía contactos editoriales, bajo el sistema de "comisión" y firmado simplemente como "By a Lady" (Por una dama), empieza el conocimiento público de su obra. 

No es menor que Jane escribía sobre gente siendo alguien que vivía "al día" y tenía que hacer valer cada chelín. Esa es la razón de su agudeza técnica: ella entendía el dinero no como un número, sino como una barrera social y una herramienta de libertad.

Por eso cuando Elizabeth Bennet rechaza a Darcy la primera vez, está rechazando una fortuna que multiplicaba por 100 lo que su creadora tenía en el banco, se trata de un gesto sea mucho más revolucionario de lo que puede parecer a simple vista.


Los rasgos de su escritura 

Jane comenzó parodiando lo que leía para hacer reír a su familia y terminó inventando un nuevo realismo narrativo, que se concentra en los hechos de la vida diaria de las personas antes que en la participación en grandes acontecimientos históricos. 

 De allí que aunque Jean vivió durante las Guerras Napoleónicas y la Regencia, su obra rara vez menciona campos de batalla. Esto no priva, sin embargo, de valor histórico a sus obras, ya que documenta en sus tramas la transición de la aristocracia terrateniente a la nueva clase media profesional, así como la "economía del matrimonio" en la época, donde la mujer era una "mercancía" sin derechos sobre su destino.

En sentido opuesto a las novelas góticas de su época, pobladas de castillos y fantasmas, su obra es un registro preciso de los modales, el lenguaje y las tensiones de clase en la Inglaterra rural.

 En cuanto a la técnica literaria, Jean no solo escribía historias de amor, sino que revolucionó la forma en que se cuenta una historia.

En tal sentido su mayor contribución técnica es la introducción del discurso indirecto libre, técnica en la cual la voz del narrador se funde con los pensamientos de un personaje sin usar marcas como "ella pensó que", posibilitando al lector estar dentro y fuera de la mente del personaje simultáneamente. 

Antes de Austen, los autores usaban el diálogo directo ("—Estoy triste", dijo ella) o el narrador omnisciente ("Ella estaba triste"). Austen perfeccionó el estilo indirecto libre, una técnica donde la voz del narrador se funde con la del personaje sin avisar.

Muchos de sus borradores iniciales, por caso el borrador inicial de Sense and Sensibility titulado Elinor and Marianne eran novelas epistolares en que la historia se contaba a través de cartas. A medida que desarrollaba su estilo, Jean se dio cuenta de que el formato de cartas limitaba la inmediatez de la acción.

Fue entonces cuando las reescribió, inventando en la práctica el discurso indirecto libre. En lugar de leer una carta donde Elinor explica cómo se siente, la nueva técnica nos permitía "sentir" con Elinor mientras el narrador seguía manteniendo una distancia irónica. Ya que es sobre la base de ese estilo indirecto que asienta la ironía sofisticada que define su forma de escribir.

De allí que tal uso de la ironía sea pues, estructural, y también la base de su técnica narrativa. El inicio de Orgullo y Prejuicio es la muestra perfecta de esto: "Es una verdad universalmente reconocida que un hombre soltero, poseedor de una gran fortuna, necesita una esposa."

Merced al uso de un tono de autoridad, que en apariencia no deja lugar a disentimiento alguno, Jean en realidad se burla de la materialidad de sociedad de su tiempo y de sus rígidas convenciones sociales. 

En el proceso de escritura y reescritura de First Impressions a Pride and Prejudice se nota la cada vez mayor preponderancia de ese modo irónico, hasta cínico de narrar.

Otro rasgo de su técnica es la economía narrativa, consistente en no desarrollar tramas de múltiples personajes sino centrarse en unos pocos, sucediendo los hechos en un espacio confinado donde cada gesto, carta o baile es explorado al detalle para conferirle un mayor peso dramático. Por eso decía que "tres o cuatro familias en un pueblo de campo es lo adecuado para trabajar"

En los manuscritos de The Watsons, vemos cómo tachaba y reescribía frases enteras para ajustar la precisión psicológica. Si un adjetivo no revelaba algo, lo eliminaba. Menos es más, diríamos ahora.

Esto demuestra que Jane, lejos de ser una "aficionada inspirada" que escribía por azar, se trataba de una artesana literaria rigurosa. Su técnica de reescritura —a con un período de diez años entre un borrador y su publicación— es lo que permitió que sus novelas alcanzaran el nivel de estudios universales de la condición humana.

Nunca, por otra parte, dejó de evolucionar. En Sanditon (su borrador final antes de morir), se percibe una técnica más experimental. Empezaba a explorar un estilo más descriptivo y menos centrado exclusivamente en el diálogo, buscando romper sus propios moldes técnicos.

Es también, por sus personajes, la precursora de la novela psicológica moderna siendo la primera en trasladar el drama desde los eventos externos (viajes, naufragios, duelos) hacia el interior de la mente. 

A diferencia de sus contemporáneos, Jean rechazó apelar al uso de arquetipo para estructurar a sus personajes, prefiriendo dotarlos de un arco de aprendizaje interno.Es por eso que sus personajes no son arquetipos estáticos; poseen una "vida interior" compleja, cometen errores y deben evolucionar para encontrar su lugar en el mundo.

Mientras que sus contemporáneos escribían sobre lo que los personajes hacían, ella se concentró en cómo los personajes procesaban la realidad. 

Es asimismo una maestra de lo que los psicólogos llaman "niveles de recursividad", ya que sus tramas no dependen de secretos ocultos bajo llave, sino de malentendidos psicológicos. Esta capacidad de representar pensamientos sobre los pensamientos de otros es la base de la novela psicológica moderna que podemos ver en las obras de Virginia Woolf o Henry James.

Una consecuencia de lo anteriormente expresado es que el clímax de sus novelas no es una boda u otro acontecimiento de la realidad objetiva, sino un momento de epifanía psicológica en la subjetividad del personaje. En Orgullo y Prejuicio, por caso, el momento clave es cuando Elizabeth lee la carta de Darcy y dice: "Hasta este momento, no me conocía a mí misma". Una perspectiva por demás actual. 

Les dejamos un breve cuadro comparativo de los aportes a la narrativa que supuso la obra de Jane Austen:

Característica

Novela Pre-Austen

Novela de Austen (Moderna)

Acción

Aventuras, viajes, sucesos externos.

Conversaciones, pensamientos, juicios.

Narrador

Un guía moral externo y claro.

Una voz que se confunde con el personaje.

Conflicto

Hombre contra el mundo/destino.

El personaje contra sus propios errores.

Final

Resolución de la fortuna.

Resolución del carácter y el juicio.

 

La importancia de su legado


Literata aun sin saberlo en sus inicios, Jane tenía la chispa de la creatividad dentro suyo. Ese origen familiar de obras leídas, determinó no poco de su estilo. No solo era una outsider del mundo literario, sino que sus primeras creaciones tenían un público cercano y concreto que fomentó el desarrollo de un estilo propio, por fuera de los cánones de la época. 

Comenzó parodiando lo que leía para hacer reír a su familia y terminó inventando un nuevo realismo porque la realidad cotidiana concitaba su interés más que cualquier gran evento histórico. Esa mirada enfocada en pocos personajes y en llegar al detalle de las situaciones del día común para captar toda su significación, inscriptas en un contexto social que las determina como pocas cosas, marcó su escritura.

Si generaciones de lectores han disfrutado de sus historias, para los autores, Jane es también y con sobrados méritos, una "escritora para escritores", por temática y estilo, siendo su principal aporte a la técnica literaria demostrar que el lenguaje y la estructura de una narración pueden ser tan e incluso más potentes que las grandes descripciones de escenarios.

Autores como Virginia Woolf la consideran por eso la más "moderna" de los clásicos:  "De todos los grandes escritores, ella es la más difícil de atrapar en el acto de la grandeza... Jane Austen es una maestra de emociones mucho más profundas de lo que aparecen en superficie". A su vez, ella llevaría a una nueva cota esa la forma de narrar la vida interior que inventó Jean.

Walter Scott escribió de ella en su diario: "Esa joven tiene un talento para describir las relaciones, sentimientos y personajes de la vida ordinaria que es, para mí, lo más maravilloso que he conocido. Yo puedo hacer el 'Gran Estilo' como cualquiera... pero el toque exquisito que hace interesantes las cosas comunes... me está negado".

Nabokov, por su parte, admiraba su precisión técnica. Para él, Austen era una científica de la estructura narrativa, en que nada en sus libros resultaba azaroso.

De allí que a 250 de su nacimiento, su estatura literaria se pone cada vez más en evidencia como la autora que, desafiando a lo que cabía esperar de las mujeres de su tiempo, fue fiel a su don creativo y logró diseccionar en la narración literaria de romance y costumbrista, la psique humana con la precisión de un cirujano, aportando no poco en el camino, a la técnica literaria.

 

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SOBRE EL AUTOR DE LA NOTA: Luis Carranza Torres nació en Córdoba, República Argentina. Es abogado y Doctor en Ciencias Jurídicas, profesor universitario y miembro de diversas asociaciones históricas y jurídicas. Ejerce su profesión, la docencia universitaria y el periodismo. Es autor de diversas obras jurídicas y de las novelas Yo Luis de Tejeda (1996), La sombra del caudillo (2001), Los laureles del olvido (2009), Secretos en Juicio (2013), Palabras Silenciadas (2015), El Juego de las Dudas (2016), Mujeres de Invierno (2017), Secretos de un Ausente (2018), Hijos de la Tormenta (2018), Náufragos en un Mundo Extraño (2019), Germánicus. El Corazón de la Espada (2020), Germánicus. Entre Marte y Venus (2021), Los Extraños de Mayo (2022), La Traidora (2023), Senderos de Odio (2024) y Vientos de Libertad (2025). Ha recibido la mención especial del premio Joven Jurista de la Academia Nacional de Derecho (2001), el premio “Diez jóvenes sobresalientes del año”, por la Bolsa de Comercio de Córdoba (2004). En 2009, ganó el primer premio en el 1º concurso de literatura de aventuras “Historia de España”, en Cádiz y en 2015 Ganó la segunda II Edición del Premio Leer y Leer en el rubro novela de suspenso en Buenos Aires. En 2021 fue reconocido por su trayectoria en las letras como novelista y como autor de textos jurídicos por la Legislatura de la Provincia de Córdoba.



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