El sello de la libertad



 por Luis Carranza Torres


El escudo actual tiene su génesis en la Asamblea General Constituyente de 1813. Antes de su adopción oficial, los documentos del Virreinato utilizaban las armas reales de España. La necesidad de una identidad propia llevó a la creación de este diseño, basado en el sello que usaba la propia Asamblea, atribuido tradicionalmente al grabador Juan de Dios Rivera.

Nacido en Cusco en el Alto Perú en torno de 1760 y apodado "El Inca", fue un destacado grabador, platero y orfebre. Descendiente de la nobleza incaica, hubo una fuerte presencia de elementos americanos en sus diseños.

Su mayor aporte a la historia argentina fue el grabado del sello que utilizó la Asamblea General Constituyente de 1813. Se cree asimismo que la primera talla de tal sello fue en plata.

Encargado para poseer un distintivo que reemplazara las armas reales españolas en los documentos oficiales, con el paso del tiempo se transformó en el escudo nacional argentino.

Rivera no inventó el diseño desde cero; se cree que se basó en sellos de la época de la Revolución Francesa (que ya usaban el gorro frigio y las manos entrelazadas), pero le otorgó una impronta local única.

Fue, en tal sentido, quien introdujo lo que hoy conocemos como el Sol de Mayo (el sol figurado con rostro) en la heráldica rioplatense.

Siendo de origen cusqueño, Rivera fusionó el concepto de la "Ilustración" europea (el sol de la razón) con el Inti (el dios sol de los Incas). Este sincretismo permitió que el nuevo país tuviera un símbolo que apelaba tanto a las ideas republicanas modernas como a la legitimidad ancestral del continente.

Además del escudo, Rivera fue un grabador prolífico en una época donde la imprenta y la acuñación eran procesos manuales de altísima precisión: Grabó los troqueles para las primeras monedas patrias de 1813 (las famosas monedas de Potosí), así como llevó a cabo grabados para medallas conmemorativas y documentos institucionales del periodo de la independencia.

Rivera mantuvo una relación cercana con las figuras más progresistas de la Revolución. Se dice que su elección como grabador no fue casual, sino un reconocimiento a su maestría técnica y a su identidad americana, en un momento en que los patriotas buscaban diferenciarse radicalmente de la corona peninsular.

Algo de eso puede identificarse en nuestro escudo donde, a diferencia de los escudos europeos, cargados de linajes y conquistas militares (leones, torres, águilas), el escudo argentino opta por una simplicidad cívica:

  • La Forma: Es un elipse cortado en dos campos. El azul celeste (superior) representa la justicia, la verdad y la lealtad; el blanco (inferior) simboliza la pureza, la fe y la hidalguía.
  • Las Manos Entrelazadas: Representan la unión de las provincias y de los ciudadanos. Es el contrato social en su máxima expresión.
  • La Pica: El palo vertical que sostienen las manos es un símbolo de soberanía y la disposición a defender la libertad con las armas si fuera necesario.
  • El Gorro Frigio: Situado en el extremo de la pica, es un símbolo milenario de libertad. En la Antigua Roma, se le otorgaba a los esclavos manumitidos (liberados). Su color gules (rojo) representa la sangre derramada por la emancipación.

 Enmarcando el núcleo del escudo, encontramos elementos que terminan de definir la idea de la Nación en ciernes:

  • El Sol de Mayo: Posicionado como timbre, es un sol figurado con rostro humano. Representa el surgimiento de una nueva nación bajo la protección de la divinidad (o la razón, según la óptica ilustrada) y hace eco de las raíces incaicas (el dios Inti).
  • Los Laureles: Forman una corona abierta que rodea la elipse. En la heráldica clásica, el laurel es el símbolo de la victoria y el triunfo. Que sean dos ramas unidas por un moño con los colores patrios refuerza la idea de una gloria compartida y alcanzada por la unión.

El diseño rompió drásticamente con la tradición monárquica. Sin particiones complejas ni figuras fantásticas, el escudo visibilizaba una idea de igualmente y sencillez republicana.

Aunque el diseño sufrió variaciones menores a lo largo del siglo XIX (dependiendo de quién gobernara), en 1944 se estableció por decreto la uniformidad del diseño que conocemos hoy, respetando fielmente el sello de 1813.

El 12 de marzo de 1813 se utilizó por primera vez como sello de la Asamblea del Año XIII, motivo por el cual tal fecha ha sido establecida como día del escudo nacional en Argentina.



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SOBRE EL AUTOR DE LA NOTA: Luis Carranza Torres nació en Córdoba, República Argentina. Es abogado y Doctor en Ciencias Jurídicas, profesor universitario y miembro de diversas asociaciones históricas y jurídicas. Ejerce su profesión, la docencia universitaria y el periodismo. Es autor de diversas obras jurídicas y de las novelas Yo Luis de Tejeda (1996), La sombra del caudillo (2001), Los laureles del olvido (2009), Secretos en Juicio (2013), Palabras Silenciadas (2015), El Juego de las Dudas (2016), Mujeres de Invierno (2017), Secretos de un Ausente (2018), Hijos de la Tormenta (2018), Náufragos en un Mundo Extraño (2019), Germánicus. El Corazón de la Espada (2020), Germánicus. Entre Marte y Venus (2021), Los Extraños de Mayo (2022), La Traidora (2023), Senderos de Odio (2024) y Vientos de Libertad (2025). Ha recibido la mención especial del premio Joven Jurista de la Academia Nacional de Derecho (2001), el premio “Diez jóvenes sobresalientes del año”, por la Bolsa de Comercio de Córdoba (2004). En 2009, ganó el primer premio en el 1º concurso de literatura de aventuras “Historia de España”, en Cádiz y en 2015 Ganó la segunda II Edición del Premio Leer y Leer en el rubro novela de suspenso en Buenos Aires. En 2021 fue reconocido por su trayectoria en las letras como novelista y como autor de textos jurídicos por la Legislatura de la Provincia de Córdoba.





Una mujer humillada y desposeída.

La tentación de recuperarlo todo.

Un secreto vital que obtener tras la cordillera.

Un general con un desafío por cumplir: cruzar los Andes.

 

Provincias Unidas de Sudamérica, 1816. Las tierras del antiguo Virreinato del Río de la Plata han declarado su independencia de la corona española, en el peor de los momentos posibles. El nuevo país, libre pero cargado de dificultades y retos, apuesta a remontar sus derrotas en el Alto Perú, con el audaz plan de formar un nuevo ejército y cruzar la cordillera para batir a los realistas por el oeste.

En Chile, Sebastiana Núñez Gálvez ha visto desbarrancar su mundo de lujos, pero también de oscuridades, tras la reconquista realista del país. Ajusticiado su esposo por liderar el bando patriota y confiscados todos sus bienes, malvive en la extrema necesitad. Una falta de todo que la ha hecho abjurar de cualquier creencia y hasta de su reputación, para conseguir subsistir.

El Mariscal español Marco del Pont lo sabe perfectamente, y le ofrece devolverle todas sus posesiones y alcurnia, a cambio de pasar a Mendoza y obtener el secreto mejor guardado del Gobernador de Cuyo y General en jefe de ese nuevo ejército, José de San Martín: por dónde pasarán sus tropas a Chile.

Sebastiana es una mujer decidida a todo para averiguarlo; apuesta para lograrlo a su antiguo y fuerte vínculo de amistad con la esposa del gobernador y General en jefe, Remedios de Escalada. No le importa tener que mentir, engañar o traicionar viejas lealtades.

Pero la imprevista relación con un oficial de granaderos trastocará sus planes. Alguien que, precisamente, debe mantener a los secretos de su jefe a salvo de los espías realistas. 


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