Malones

 


por Luis Carranza Torres


La palabra malón proviene del mapuche malokün, cuyo significado es "hacer una incursión". Se trató de los ataques o incursiones sorpresivas de grandes grupos de indígenas ecuestres contra las estancias, poblados o fortines en la pampa argentina. 

Documentos de la época hispana señalan incursiones significativas desde el siglo XVII. El primer malón documentado sobre Buenos Aires tuvo lugar alrededor del año 1610, cuando unos 70 indígenas, comandados por el cacique Bagual, atacaron el incipiente asentamiento.

Posteriormente en 1638 se documentan malones atacando estancias y caminos en la zona de Santa Fe. Y en 1680 los indios pampas atacan nuevamente Buenos Aires.

La visión tradicional del malón como un simple saqueo depredador ha sido superada en la historiografía moderna que lo entiende como una empresa planificada con un claro objetivo tanto político como económico.

Mas allá de la obtención compulsiva de bienes, ganado de forma principal, que luego era utilizado tanto para el consumo interno de las tolderías como para venderlo en Chile, en un vasto circuito comercial que se extendía desde la Pampa hasta Chile a través de los pasos cordilleranos, se trataba de un instrumento de alta sofisticación política y militar utilizado por los grandes cacicatos de la pampa.

En tal sentido, la capacidad de organizar un malón exitoso y el consiguiente reparto del botín, ganado y cautivos, era una pieza fundamental para que los caciques mantuvieran el prestigio y la lealtad de sus seguidores. 

Frente a un ejército que buscaba la ocupación permanente, se utilizaba tácticas de ataque relámpago (hit-and-run), aprovechando su movilidad ecuestre y su profundo conocimiento del terreno para causar el máximo daño económico y psicológico sobre puntos débiles, para luego retirarse rápidamente antes de ser alcanzados por la persecución militar.

También servían como un mecanismo de presión política sobre los gobiernos provinciales de Buenos Aires, Córdoba o Mendoza, primero, y luego el nacional para forzarlos a negociar "Tratados de Paz" que implicaban el envío de víveres y enseres a cambio de no atacar las poblaciones pampeanas. 

Los malones generaron una constante sensación de pánico e inseguridad en las zonas de frontera, dificultando la radicación de pobladores y el desarrollo económico de las estancias. Pero quizás fue con la esclavización de los cautivos (mujeres y niños criollos), que mostró uno de sus rostros más terribles.

Su auge en el siglo XIX fue el resultado de la intensificación del conflicto territorial en la pampa. Entre los malones más recordados se halla el Gran Malón de Azul del 13 de febrero de 1855, dramático por su magnitud, sucedido después de la caída de Juan Manuel de Rosas, en un momento de gran inestabilidad para la Provincia de Buenos Aires.

Lo lideró el cacique Juan Calfucurá, al frente de una gran coalición de lanceros que se estima llegaba a unos 5.000 guerreros. Dicha fuerza atacó sorpresivamente el pueblo y el Fuerte San Serapio Mártir del Azul, con un resultado desbastador. 

Cerca de 300 pobladores y soldados murieron. Se calcula que se llevaron entre 60.000 y 150.000 cabezas de ganado así como entre 150 y 200 mujeres y niños fueron tomados cautivos.

La vulnerabilidad de la frontera bonaerense y la ineficacia de las defensas criollas quedó plasmada en la respuesta militar al ataque, que terminó en la derrota de las milicias bonaerenses en la Batalla de Sierra Chica (mayo de 1855), consolidando aun más el poder de Calfucurá en la Pampa.

Cuatro años después, Calfucurá repetiría la experiencia en el denominado Malón a Bahía Blanca, atacando con una fuerza de unos 3.000 guerreros la Fortaleza Protectora Argentina en dicho lugar. 
Aunque la plaza resistió el embate, el malón causó grandes daños en los alrededores y confirmó la capacidad de Calfucurá para golpear en puntos neurálgicos de la expansión criolla.

El último gran ciclo de malones se da en la década de 1870. Juan Calfucurá hasta su muerte en 1873 y sus sucesores (Manuel Namuncurá), el cacique ranquel Mariano Rosas y luego su sobrino Pincén buscan tras la derrota en la batalla de San Carlos de Bolívar de 1872, oponerse a la política de "guerra ofensiva" y el avance de la "Zanja de Alsina" del naciente estado federal argentino. 

Se trató de una presión constante sobre la frontera que convenció definitivamente a la clase dirigente argentina de la necesidad de una solución militar definitiva que asegurara la paz y soberanía en tales territorios, que se concretó con la "Conquista del Desierto" de 1879, llevada a cabo por el ministro de Guerra del presidente Avellaneda, general Julio A. Roca.



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SOBRE EL AUTOR DE LA NOTA: Luis Carranza Torres nació en Córdoba, República Argentina. Es abogado y Doctor en Ciencias Jurídicas, profesor universitario y miembro de diversas asociaciones históricas y jurídicas. Ejerce su profesión, la docencia universitaria y el periodismo. Es autor de diversas obras jurídicas y de las novelas Yo Luis de Tejeda (1996), La sombra del caudillo (2001), Los laureles del olvido (2009), Secretos en Juicio (2013), Palabras Silenciadas (2015), El Juego de las Dudas (2016), Mujeres de Invierno (2017), Secretos de un Ausente (2018), Hijos de la Tormenta (2018), Náufragos en un Mundo Extraño (2019), Germánicus. El Corazón de la Espada (2020), Germánicus. Entre Marte y Venus (2021), Los Extraños de Mayo (2022), La Traidora (2023), Senderos de Odio (2024) y Vientos de Libertad (2025). Ha recibido la mención especial del premio Joven Jurista de la Academia Nacional de Derecho (2001), el premio “Diez jóvenes sobresalientes del año”, por la Bolsa de Comercio de Córdoba (2004). En 2009, ganó el primer premio en el 1º concurso de literatura de aventuras “Historia de España”, en Cádiz y en 2015 Ganó la segunda II Edición del Premio Leer y Leer en el rubro novela de suspenso en Buenos Aires. En 2021 fue reconocido por su trayectoria en las letras como novelista y como autor de textos jurídicos por la Legislatura de la Provincia de Córdoba.





Una mujer humillada y desposeída.

La tentación de recuperarlo todo.

Un secreto vital que obtener tras la cordillera.

Un general con un desafío por cumplir: cruzar los Andes.

 

Provincias Unidas de Sudamérica, 1816. Las tierras del antiguo Virreinato del Río de la Plata han declarado su independencia de la corona española, en el peor de los momentos posibles. El nuevo país, libre pero cargado de dificultades y retos, apuesta a remontar sus derrotas en el Alto Perú, con el audaz plan de formar un nuevo ejército y cruzar la cordillera para batir a los realistas por el oeste.

En Chile, Sebastiana Núñez Gálvez ha visto desbarrancar su mundo de lujos, pero también de oscuridades, tras la reconquista realista del país. Ajusticiado su esposo por liderar el bando patriota y confiscados todos sus bienes, malvive en la extrema necesitad. Una falta de todo que la ha hecho abjurar de cualquier creencia y hasta de su reputación, para conseguir subsistir.

El Mariscal español Marco del Pont lo sabe perfectamente, y le ofrece devolverle todas sus posesiones y alcurnia, a cambio de pasar a Mendoza y obtener el secreto mejor guardado del Gobernador de Cuyo y General en jefe de ese nuevo ejército, José de San Martín: por dónde pasarán sus tropas a Chile.

Sebastiana es una mujer decidida a todo para averiguarlo; apuesta para lograrlo a su antiguo y fuerte vínculo de amistad con la esposa del gobernador y General en jefe, Remedios de Escalada. No le importa tener que mentir, engañar o traicionar viejas lealtades.

Pero la imprevista relación con un oficial de granaderos trastocará sus planes. Alguien que, precisamente, debe mantener a los secretos de su jefe a salvo de los espías realistas. 


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