Dickens y el derecho

 


por Luis Carranza Torres


La estatura literaria de Charles John Huffam Dickens, máximo exponente de la novela realista victoriana, oculta algunos otros aspectos de no menor trascendencia respecto de su vida y sus ideas.

En su artículo “Dickens v. Lawyers” aparecido en el New York Times el 5 de febrero de 2012 con motivo del bicentenario de su nacimiento, el historiador y doctrinario estadounidense Joseph Tartakovsky, repasó la conexión de Dickens con el derecho.

 Tenemos de tal forma que, con solo 15 años, fue contratado como “attorney’s clerk,” asistente o pasante de abogado, entregando citaciones, registrando testamentos, copiando transcripciones; más tarde, se convirtió en taquígrafo judicial. Durante tres años de formación, estuvo rodeado de estudiantes de derecho, secretarios judiciales, copistas, secretarios judiciales, magistrados, abogados y procuradores que (renacidos en su ficción) expresaban sentimientos alegres como "odio mi profesión". Sus retratos de casi todos los tribunales de Londres —Cancillería, Divorcios, Sucesiones o Almirantazgo, entre otros— son tan precisos que en 1929 William S. Holdsworth escribió un libro titulado "Charles Dickens como historiador del derecho". A los 32 años, presentó su primera demanda contra una editorial pirata. Dickens le dijo después a un amigo que «es mejor sufrir una gran injusticia que recurrir a la injusticia mucho mayor de la ley».

Esa escéptica consideración, probablemente haya nacido en su niñez, cuando su propio padre, John Dickens, fue encarcelado en la prisión de Marshalsea en Londres en 1824 por deudas impagas. Debía unas 40 libras y diez chelines a un comerciante, una suma considerable para la época, y como era común en el Reino Unido del siglo XIX, los deudores podían ser enviados a prisión hasta que saldaran sus cuentas.

A raíz de su detención, la familia entera de Dickens se trasladó a vivir dentro de la prisión, como permitía la ley en ese entonces. Si bien Charles que tenía apenas 12 años, no vivía con ellos dentro del presidio, sino que trabajaba largas jornadas en una fábrica de betún para zapatos para llevarles dinero y comida los domingos. Esta experiencia marcó profundamente su visión del mundo y se refleja en muchas de sus obras, como “La pequeña Dorrit”, que describe con crudeza la vida en Marshalsea.

La situación se solucionó cuando murió la abuela de Charles heredando el reo los bienes necesarios para que pudiera pagarse la deuda y salir de prisión. Pero lo pasado dejó en Dickens una marca indeleble respecto de la pobreza, el trabajo infantil, la humillación de la cárcel, que fue posteriormente el combustible emocional y simbólico de prácticamente todas sus obras.

Es claro que su relación intelectual, y hasta psíquica con la ley, fue ambivalente, fluctuando entre el respeto y el desprecio. De hecho, se matriculó como estudiante de derecho en 1839 y, en 1846, solicitó trabajo como magistrado. Su biógrafa, Claire Tomalin, insinúa que Dickens, al igual que David Copperfield, no cursó estudios de derecho en parte porque no podía permitirse las 100 libras necesarias. Algo que sí pudo dar a uno de sus hijos.

Henry Fielding Dickens fue el octavo hijo de Charles Dickens y su esposa Catherine Hogarth. Nacido en 1849, fue el único de los hijos varones que asistió a la universidad, y se convirtió en un abogado distinguido en Inglaterra. Su nombre fue elegido en honor a Henry Fielding, uno de los autores favoritos de su padre, aunque inicialmente había considerado llamarlo Oliver. Pero desistió ante la perspectiva que lo molestaran con el famoso latiguillo de la época “Oliver pide más”.

Henry se convirtió en King’s Counsel y fue nombrado Common Serjeant of London, un alto cargo judicial. También escribió sobre su padre, revelando aspectos íntimos de su carácter, como su afecto contenido y su intensidad emocional.

Sin embargo, en cierto modo, Charles Dickens sí se convirtió en abogado, y lo fue ante el tribunal de la opinión pública. John Forster, su biógrafo y amigo más cercano, escribió que los niños que sufrían en sus obras eran «sus clientes, cuya causa defendía con tanto patetismo y humor, y de cuyo lado conseguía la risa y las lágrimas de todo el mundo».

Su estatura intelectual como escritor y, especialmente, la potencia narrativa de sus obras como Oliver Twist, David Copperfield, Bleak House, Hard Times, la ya mencionada Little Dorrit, Nicholas Nickleby, A Christmas Carol, Our Mutual Friend, entre otras, son verdaderos actos de denuncia social, escritas con una pluma que no solo narra, sino que interpela. Y que provocaron no pocos cambios y correcciones en la sociedad victoriana de su tiempo.

Es interesante lo que dice Tartakovsky: “Dickens, a pesar de todo su genio e ira, fue incapaz de emprender reformas, proteger a sus clientes o redactar normas más justas. Necesitaba abogados para hacer realidad su visión de una sociedad justa. Incluso el inimitable novelista estaría de acuerdo en que ambos oficios deben ir de la mano”.

Ninguna civilización es perfecta, y todas son perfectibles. Soy de aquellos a los que sus padres les insistían que, a la par de ser felices en la vida, debíamos también esforzarnos por dejar el mundo mejor de cómo lo hallamos. Y eso vale especialmente para los abogados, pues uno elige los valores o los antivalores que se decide defender.

 

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SOBRE EL AUTOR DE LA NOTA: Luis Carranza Torres nació en Córdoba, República Argentina. Es abogado y Doctor en Ciencias Jurídicas, profesor universitario y miembro de diversas asociaciones históricas y jurídicas. Ejerce su profesión, la docencia universitaria y el periodismo. Es autor de diversas obras jurídicas y de las novelas Yo Luis de Tejeda (1996), La sombra del caudillo (2001), Los laureles del olvido (2009), Secretos en Juicio (2013), Palabras Silenciadas (2015), El Juego de las Dudas (2016), Mujeres de Invierno (2017), Secretos de un Ausente (2018), Hijos de la Tormenta (2018), Náufragos en un Mundo Extraño (2019), Germánicus. El Corazón de la Espada (2020), Germánicus. Entre Marte y Venus (2021), Los Extraños de Mayo (2022), La Traidora (2023), Senderos de Odio (2024) y Vientos de Libertad (2025). Ha recibido la mención especial del premio Joven Jurista de la Academia Nacional de Derecho (2001), el premio “Diez jóvenes sobresalientes del año”, por la Bolsa de Comercio de Córdoba (2004). En 2009, ganó el primer premio en el 1º concurso de literatura de aventuras “Historia de España”, en Cádiz y en 2015 Ganó la segunda II Edición del Premio Leer y Leer en el rubro novela de suspenso en Buenos Aires. En 2021 fue reconocido por su trayectoria en las letras como novelista y como autor de textos jurídicos por la Legislatura de la Provincia de Córdoba.





Una mujer humillada y desposeída.

La tentación de recuperarlo todo.

Un secreto vital que obtener tras la cordillera.

Un general con un desafío por cumplir: cruzar los Andes.

 

Provincias Unidas de Sudamérica, 1816. Las tierras del antiguo Virreinato del Río de la Plata han declarado su independencia de la corona española, en el peor de los momentos posibles. El nuevo país, libre pero cargado de dificultades y retos, apuesta a remontar sus derrotas en el Alto Perú, con el audaz plan de formar un nuevo ejército y cruzar la cordillera para batir a los realistas por el oeste.

En Chile, Sebastiana Núñez Gálvez ha visto desbarrancar su mundo de lujos, pero también oscuridades, tras la reconquista realista del país. Ajusticiado su esposo por liderar el bando patriota y confiscados todos sus bienes, malvive en la extrema necesitad. Una falta de todo que la ha hecho abjurar de cualquier creencia y hasta de su reputación, para conseguir subsistir.

El Mariscal español Marco del Pont lo sabe perfectamente, y le ofrece devolverle todas sus posesiones y alcurnia, a cambio de pasar a Mendoza y obtener el secreto mejor guardado del Gobernador de Cuyo y General en jefe de ese nuevo ejército, José de San Martín: por dónde pasarán sus tropas a Chile.

Sebastiana es una mujer decidida a todo para averiguarlo; apuesta para lograrlo a su antiguo y fuerte vínculo de amistad con la esposa del gobernador y General en jefe, Remedios de Escalada. No le importa tener que mentir, engañar o traicionar viejas lealtades.

Pero la imprevista relación con un oficial de granaderos trastocará sus planes. Alguien que, precisamente, debe mantener a los secretos de su jefe a salvo de los espías realistas. 


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