La guerra vista desde un globo
Las máquinas evolucionan y se reproducen a velocidad prodigiosa.
Si no les declaramos ahora la guerra a muerte,
luego será demasiado tarde para resistirse a su dominio.
Samuel Butler
El sargento mayor Roberto Adolfo Chodasiewicz, ingeniero del ejército argentino, comprobó por enésima vez la dirección del viento, antes de subir a la canastilla del globo con envoltura de tela de algodón barnizada. Tras de su persona, el capitán paraguayo al servicio de los aliados Ignacio Céspedes, se acomodó en el poco espacio del cesto.
Su misión, era el ascender en globo, tan alto como fuese necesario, y
desde allí, observar y obtener hasta el menor detalle del dispositivo enemigo.
Dos globos habían llegado el 30 y 31 de mayo de 1867 al campamento
aliado de de Tuyutí, cuando los ejércitos beligerantes afrontaban un
estancamiento de operaciones.
Instalado el nuevo equipo en el “campamento de los globos”, rodeado de
una empalizaba de troncos para mayor resguardo, bajo guardia en el sector
sudoeste del dispositivo militar próximo al paso de Sidra, luego de los vuelos
de ensayo el 8 de julio al mediodía todo estaba listo para su primera “salida
operativa”.
Hasta ese entonces, la observación aliada estaba circunscripta a una
improvisada línea discontinua de mangrullos de unos
No es nada fácil observar mientras le estaban disparando a uno, y ello
hacía que los informes del formidable complejo de fortificaciones guaraníes,
quedara casi siempre envuelto en un velo de misterio.
Por tal situación, es que, desde hacía tiempo, los imperiales estaban
llevando a cabo esfuerzos para traer globos y contratar personal especializado
para llevar a cabo tales operaciones de observación aérea, en nuestro frente de
operaciones.
No hubo buena fortuna con el primer aerostato llegado a las fuerzas
aliadas. Cuando se quiso elevarlo, el aparato se incendió y quedó inservible.
Ocurrió esto, pues cuando comenzaba a hincharse el globo a impulso del
humo que emanaba del fuego prendido a un costado suyo, un oficial brasileño se
llegó con un manojo de paja para alimentarlas, con tal mala fortuna que al
prenderse, elevó de súbito una repentina llamarada que comunicó casi de
inmediato al género del aerostato, siendo devorado todo el artefacto en pocos
instantes.
A raíz de esta situación, tanto el aeronauta que buscaba elevarlo, de
nacionalidad francesa, como el incendiario oficial brasileño, fueron puestos en
prisión, bajo sospechas de que eran agentes del ejército paraguayo.
En vista de tales acontecimientos, al conseguirse otro globo, se buscó
a personas idóneas para su uso, y que fueran capaces de efectuar el
relevamiento del terreno en la mejor forma.
Por eso, un polaco de nacimiento, argentino por opción, experto en
cartografía y fortificaciones militares, y un oficial paraguayo anti-López que
conocía el terreno como la palma de su mano, estaban a cargo ahora de elevarse
en un globo brasileño.
Es que el Marqués de Caxias, superior de los brasileños, se había
obsesionado con eso del globo. Y prefería dejar de lado, hasta su orgullo
mismo, con tal de asegurar el éxito de la empresa.
Chodasiewicz, por su parte, esperaba tener mejor fortuna, con el
ascenso y con su futuro, que sus desventurados antecesores.
Aquel día de 1867, las fuerzas argentinas pudieron ver como desde ese
campamento vecino al suyo, se elevaba al firmamento una esfera blanca,
surgiendo de dentro de una empalizaba de troncos.
El globo quedó sujeto a tres cuerdas atadas a la cintura de treinta
soldados ubicados en el paraje conocido como Potrero de Piris. Luego,
trasladaron el aerostato cautivo hasta la zona de trincheras donde se
mantuvieron cincuenta minutos a 231 metros y se movilizó al globo y al personal
a bordo hacia la zona de las posiciones ubicadas al noreste. La operación se
realizó en el campamento de la 2da División de Infantería del 1er Cuerpo de
Ejército Argentino, al mando del Coronel Arredondo, como nos cuenta Eloy Martin
en su artículo A 144 años de la primera observación aérea en Sudamérica.
Tras recorrer el globo en el aire un trayecto en sentido paralelo a la
línea de trincheras sobre la vanguardia, descendió en el acantonamiento
argentino frente al Batallón Rosario.
Desde las alturas, y con el auxilio del anteojo de largavista, Chodasiewicz
pudo observar por vez primera, en toda su extensión, el formidable cuadrilátero
paraguayo. Ese dispositivo de fortificaciones conectadas, que privaba al ejército
aliado de avanzar hacia el norte.
Todo se le revelaba a su vista, como la fortificación de El Sauce, escondida dentro del monte, frente a la extrema izquierda de nuestro Ejército, en el cual estaba el desagüe del estero Rojas; también el reducto del ángulo sudeste del cuadrilátero, unido con las trincheras de Humaitá; observaron asimismo que desde el paso Espinillo salía otra línea que seguía la dirección de este a oeste hasta la laguna Chichi, formando una segunda línea de trincheras frente a Tuyutí.
En ese trayecto, confeccionó un esquicio de esa primera y segunda línea
de trincheras paraguayas con las posiciones de tropa y artillería.
Era un panorama completo y provechoso del dispositivo de defensa, que
confirmaba algunas suposiciones, y desterraba otras.
Se contaron entre ciento tres y ciento seis piezas de artillería, así
como tres morteros. La observación aérea, además, permitió el estudio de los
pasos de Espinillo, Zanja Honda, Tío Domingo y otros.
Desde las posiciones paraguayas de El Sauce recibieron nutrido fuego de
artillería y las fuerzas de primera línea se limitaron a generar cortinas de
humo quemando pastizales para evitar delatar las posiciones.
El globo no sufrió daño por tales disparos, ya que el tiro se efectuaba
al ras de la tierra.
Hubo otras ascensiones y otros cañoneos al globo, provechosas las
primeras e inútiles los segundos. Las armas guaraníes no tenían el alcance para
darle, y sus cañones carecían de la elevación necesaria. Al fin, cansados de no
poder acertarle con nada, cambiaron de táctica, y en otra de sus ascensiones,
el sargento mayor Roberto Adolfo Chodasiewicz, tuvo que ver dos veces el hecho,
antes de creerle a sus ojos.
En el campo paraguayo enfrente de él, todos los soldados que lo
guardaban, se habían bajado los pantalones al unísono, y agachado al suelo,
presentándole a su vista, un conjunto variopinto de nalgas desnudas.
El asunto incluso fue reflejado en los medios de prensa guaraníes, de
forma ilustrada, pudiéndose leer en el ejemplar del “Centinela” paraguayo, del
ocho de agosto de 1867:
“A los negros con las nalgas
Nuestros cañones están en guardia y los soldados han bajado los calzones para hacer carafeia al enemigo. Caxias que desde un aerostático divisó los nalgatorios a guisa de cañones, hizo alto en Tuyucue, y ha dado parte al Generalísimo diciéndole que desde el globo ha observado que todas las trincheras enemigas están protegidas por cañones de nueva invención, y que sería prudente suspender el ataque hasta no conocer los efectos de los nuevos proyectiles.
Pues, señor, es preciso amunicionarnos con porotos y otras materias ventosas, para sacar al Marqués de su perplexidad, y darles fuego a los negros con la culata.”
Cosas curiosas de la guerra aérea, que iniciaba de tal forma en Sudamérica.
Para seguir leyendo en el blog:
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Entre la gloria y los injustos olvidos
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Una actuación que hará leyenda
La guerra de la Triple Alianza fue uno de los conflictos más terribles y sangrientos de Sudamérica en el siglo XIX. En tal marco, una unidad cordobesa de obligados al mando de un joven jefe, adquirirá proporciones de leyenda.
Olvidados injustamente por la historia, Luis Carranza Torres rescata aquí las principales acciones y circunstancias que vivieron los miembros del Regimiento Córdoba y su jefe el coronel Olmedo en el contexto de la Guerra del Paraguay.
Como en sus obras anteriores, Carranza Torres consigue en este libro una síntesis formidable entre lo narrativo y lo histórico, merced a una pluma ágil y un acabado respaldo documental logrando plasmar de modo fehaciente y colorido, los pequeños y grandes hechos por los que ellos hubieron de pasar y sufrir.
Contado desde la perspectiva de un humilde soldado, hombres y hechos desfilan en sus páginas dando al lector un cuadro acabado del conflicto, y de la participación de los cordobeses en la contienda.
Mitre, Sarmiento, Mansilla, Justiniano Posse, Salvador Pizarro, Muñiz, Caxias, Tamandré, Solano López, el emperador Pedro II, su yerno el conde d´Eu, entre otros, son reflejados en sus páginas pero también Juan Burgos, asistente del coronel Olmedo, su ayudante Funes, el capitán Santillán, el teniente Centeno o el sargento Francisco Linares, héroe de la jornada de Boquerón.
Amor, batallas, alegrías, penurias, hechos heroicos, crímenes de guerra, manejos políticos, intrigas varias y papelones diplomáticos se mezclan y dan forma a partir de personajes vistos desde lo profundo de su humanidad.














