Yuri Gagarin, Lolita Torres y un asteroide
Él era Yuri
Alekseyevich Gagarin, nacido en Klúshino, Óblast Occidental el 9 de marzo de
1934. Oficial de la Fuerza Aérea Soviética, con el grado de primer teniente,
fue seleccionado para el programa espacial convirtiéndose en cosmonauta y el
primer hombre en viajar al espacio exterior, logrando un importante hito en la
carrera espacial cuando con su cápsula, Vostok 1, completó una órbita de la
Tierra el 12 de abril de 1961.
Ella era Beatriz
Mariana Torres, argentina nacida en Avellaneda el 26 de marzo de 1930, más
conocida como Lolita Torres, cantante y actriz argentina.
La relación entre Yuri
Gagarin, el primer hombre en el espacio, y Lolita Torres, el ícono
máximo del espectáculo argentino en el mundo, fue uno de los capítulos más
fascinantes de la "diplomacia cultural" durante la Guerra Fría.
Aunque parecieran pertenecer a universos opuestos, ambos se convirtieron en
puentes humanos entre Argentina y la Unión Soviética.
Para entender por qué
se conocieron, primero hay que dimensionar el éxito de Lolita Torres en
territorio soviético. En la década de 1950, tras la muerte de Stalin, hubo una
apertura cultural conocida como el "deshielo". Las películas de
Lolita, especialmente "La edad del amor", fueron un éxito sin
precedentes.
Se trataba de una una de aquellas comedias leves del cine nacional de la época, dirigida por Julio Saraceni con el guion escrito por Abel Santa Cruz y. Narraba los pequeños dramas de amor de una pareja joven, que parecen repetir la historia de sus padres, conforme cuenta Alberto Amato en "El día que el astronauta Yuri Gagarin conquistó el espacio junto a Lolita Torres: a 60 años del primer viaje fuera de la órbita terrestre".
El filme, ninguneado por los críticos tras su estreno en Buenos Aires el 29 de enero de 1954, fue un éxito en la Unión Soviética cuando se estrenó doblada al ruso, salvo por las canciones, el 24 de julio de 1955. La vieron 31,1 millones de personas, lo que implica un espectacular éxito de taquilla. Tengamos en cuenta que la población total del país al 1 de abril de 1955, era de unos 200,2 millones de personas.
Es decir que el 15,53% del país fue a ver la película. Entre tal público, se hallaba un cadete aéreo soviético de 21 años, admitido en la Primera Escuela Superior de Pilotos de la Fuerza Aérea Chkálovski, una escuela de aviación en Oremburgo: Yuri Gagarin.
Se dice que Lolita era la única figura occidental que podía llenar
estadios en Moscú y Leningrado. Su imagen representaba una alegría y una
calidez que fascinaba al público ruso, quienes la llamaban cariñosamente la
"novia de la URSS".
Al año siguiente de su viaje en el espacio, y en plena popularidad mundial, el ahora mayor de la Fuerza Aérea y héroe de la Unión Soviética Gagarin, le escribió una carta a Lolita Torres que se entregó en mano a través de la embajada de la URSS en Buenos Aires. En ella se declaraba su admirador y le pedía una foto autografiada.
También le comentaba que había escuchado todos sus discos, en el duro periodo de entrenamiento como cosmonauta. Y conforme la propia Lolita al escritor Mario Gallina que lo reprodujo en su libro Querida Lolita, retrato de Lolita Torres, la actriz y cantante, le expresó: ‘"Por eso, la primera música que llegó al espacio es la que llevé en mi mente y en mi corazón. Es decir, su voz’”.
De una forma tan particular, la música argentina de Lolita había formado parte de cuando el ser humano dejó la tierra para aventurarse por primera vez en el espacio.
Lolita Torres no pudo dejar de sentirse emocionada, sin poder creer lo escrito en la carta, "hasta sentí algo de pudor, por provenir de un héroe a nivel mundial. Se lo dije a vuelta de correo y le pedí que, a su vez, me mandara una foto suya. Me contestó algo que nunca olvidé: ‘No soy ningún héroe. Soy sólo su admirador número uno’”.
Ambos fueron presentados al año siguiente, en el Festival Internacional de Cine de Moscú. Allí Gagarin le transmitió que su voz y sus películas habían sido fundamentales para humanizar la vida de los soviéticos en una época de reconstrucción y tensión política.
A partir de ese
encuentro, se generó una relación de respeto y correspondencia. Lolita siempre
recordó a Gagarin no solo como un héroe, sino como un hombre de una
sencillez y una sonrisa contagiosa, muy similar a la calidez que ella misma
proyectaba.
Gagarin llegó a
declarar públicamente su admiración por el talento de la argentina,
considerándola una figura que traía "el sol de Sudamérica" a las
estepas rusas.
Incluso tras la
trágica muerte de Gagarin en 1968 en un accidente aéreo, el nombre de Lolita Torres siguió siendo
sagrado en Rusia, al punto de que una calle en Moscú y un asteroide llevan
nombres relacionados con ella o sus personajes.
Este vínculo demostró
que el arte y la hazaña científica podían superar las barreras ideológicas.
Mientras la política dividía al mundo en dos bloques, una cantante de
Avellaneda y un piloto de Smolensk se encontraban en el centro de un afecto
popular que unía a Buenos Aires con Moscú de una manera que la diplomacia
formal nunca logró.
El asteroide que rinde
homenaje a la mítica artista argentina es el (2322) Kittatö. Su denominación es
un acrónimo creado por el astrónomo soviético Nikolai Chernykh, quien descubrió
el asteroide el 21 de septiembre de 1970 desde el Observatorio Astrofísico de
Crimea.
Kittatö proviene de la
unión de las primeras sílabas del nombre de la hija del astrónomo, Kitta, y el
apellido de la cantante, Torres (Tö). Chernykh era un gran admirador de Lolita,
al igual que millones de ciudadanos soviéticos, y decidió inmortalizarla en el
cinturón principal de asteroides.
Este cuerpo celeste se
encuentra en el cinturón principal de asteroides, una región del sistema solar
situada entre las órbitas de Marte y Júpiter.
Se trata de un asteroide
de la familia Flora con un diámetro de aproximadamente 19 kilómetros y que
tarda unos 3,47 años terrestres en completar una vuelta alrededor del Sol.
La designación de este
asteroide no fue un hecho aislado, sino una prueba más del impacto cultural de
Lolita Torres en la URSS. Mientras que en Argentina era una estrella querida,
en la Unión Soviética era una verdadera deidad civil.
Se dice que cuando
Lolita caminaba por las calles moscovitas, la gente la reconocía de inmediato y
la rodeaba con tal fervor que necesitaba escolta.
El hecho de que las
tripulaciones espaciales soviéticas se prepararan con sus canciones o un
científico de élite decidiera vincular el nombre de su propia hija con el de la
artista argentina en un descubrimiento astronómico refleja la profundidad de
ese vínculo emocional que unía a ambos países a través de la voz de la actriz y
cantante.
Para leer más en el blog:
La gesta sanmartiniana hecha novela
SOBRE EL AUTOR DE LA NOTA: Luis Carranza Torres nació en Córdoba, República Argentina. Es abogado y Doctor en Ciencias Jurídicas, profesor universitario y miembro de diversas asociaciones históricas y jurídicas. Ejerce su profesión, la docencia universitaria y el periodismo. Es autor de diversas obras jurídicas y de las novelas Yo Luis de Tejeda (1996), La sombra del caudillo (2001), Los laureles del olvido (2009), Secretos en Juicio (2013), Palabras Silenciadas (2015), El Juego de las Dudas (2016), Mujeres de Invierno (2017), Secretos de un Ausente (2018), Hijos de la Tormenta (2018), Náufragos en un Mundo Extraño (2019), Germánicus. El Corazón de la Espada (2020), Germánicus. Entre Marte y Venus (2021), Los Extraños de Mayo (2022), La Traidora (2023), Senderos de Odio (2024) y Vientos de Libertad (2025). Ha recibido la mención especial del premio Joven Jurista de la Academia Nacional de Derecho (2001), el premio “Diez jóvenes sobresalientes del año”, por la Bolsa de Comercio de Córdoba (2004). En 2009, ganó el primer premio en el 1º concurso de literatura de aventuras “Historia de España”, en Cádiz y en 2015 Ganó la segunda II Edición del Premio Leer y Leer en el rubro novela de suspenso en Buenos Aires. En 2021 fue reconocido por su trayectoria en las letras como novelista y como autor de textos jurídicos por la Legislatura de la Provincia de Córdoba.
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