por Luis Carranza Torres
"Era inevitable: el olor de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados". Así inicia Gabriel García Márquez su novela El Amor en los Tiempos del Cólera. Alude, con tales palabras, a un hombre que ha puesto fin a su vida con cianuro.
Siempre lo asocié, vaya a saber por qué, a la muerte de Lugones. Leopoldo puso fin a su vida el 18 de febrero de 1938, en el Delta de San Fernando, en un recreo llamado «El Tropezón», ingiriendo cianuro de potasio mezclado con whisky.
Las razones exactas de su decisión siguen siendo objeto de especulación. Al momento de su muerte, dejó una carta que decía: «No puedo terminar el libro sobre Roca. Basta». Entre las diversas teorías que han surgido a lo largo del tiempo se encuentran posibles desengaños amorosos, el peso de su posición política o el agotamiento ante su labor intelectual.
Con él, desaparecía el escritor más brillante de su tiempo. Había revolucionado a la poesía el hacer uso del verso libre en la literatura hispánica, y con sus cuentos se transformó en el precursor y uno de los pioneros de la literatura fantástica y de la ciencia ficción en Argentina.
Escribir no es un simple acto de poner cosas en palabras; resulta, en su esencia más pura, un ejercicio de soberanía intelectual. Captura lo valioso de aquello que se ve, se escucha, se siente o se aprende, frente a la inmediatez de lo efímero. Resulta, desde su creación, el ancla que permite a la civilización conservar sus rasgos y conciencia a través del tiempo.
El escritor, ocasional o de profesión, en ambos casos cada cual por su vocación particular, pasa por la magia de las letras de ser un espectador de su tiempo, a un arquitecto de la realidad que percibe, desde dentro o hacia afuera.
De tal forma con el lenguaje, nombra lo invisible, exalta lo destacable, denuncia lo injusto y dota de significado al caos cotidiano de la vida.
El Día del Escritor se halla establecido en Argentina en honor al nacimiento de Leopoldo Lugones. Contra lo que puede presuponerse, no es una efeméride ocupaciones; se reivindica en ella la función política, social, cultural y ética de la literatura.
Lugones, con su pluma incansable pero atormentada y su capacidad para transitar casi todos los géneros literarios, encarna la figura del escritor que no se limita a observar el mundo, sino que intenta dominarlo a través de la forma. Se esperanza, se decepciona, busca explicar o cambiar a través de la palabra un estado de cosas.
Se trata, Lugones, de un personaje con fascinaciones y tensiones. Su importancia no radica únicamente en la calidad técnica de su obra, sino en cómo profesionalizó la labor del escritor en nuestro país. Algo que supera y relega en importancia cualquier otro yerro o incoherencia en sus ideas políticas.
Con Lunario sentimental, Lugones rompió los moldes del modernismo tradicional, innovando en la estética. Introdujo una sensibilidad donde la ciencia y la métrica convivían con la melancolía, demostrando que el escritor debe ser, ante todo, un experimentador del lenguaje.
En El payador, Lugones no solo analizó el Martín Fierro, sino que consolidó el mito fundacional de la literatura argentina. Su capacidad para elevar la gauchesca a una categoría literaria universal es quizás una de sus mayores contribuciones: nos enseñó que la identidad nacional se escribe, se construye y se defiende con libros.
Lugones veía el ejercicio de escribir como un trabajo de alta precisión. Su rigor estilístico es un recordatorio de que la escritura requiere una ética del esfuerzo; la palabra es un bien público que merece ser custodiado con excelencia.
En la actualidad, la importancia de los escritores excede la producción de objetos de consumo cultural. En este mundo donde el ruido informativo y la vorágine de los hechos desplaza al pensamiento profundo, la labor del escritor consiste en forzar a la sociedad a detenerse, a dudar y a pensar.
Escribir es describir quienes somos, de a uno o de a mucho, además de resultar un acto de resistencia contra el olvido. Es uno de los modos principales de cómo sociedad se piensa a sí misma. Por eso, no pocas veces, el escritor se transforma en el espejo textual—a veces incómodo, a veces sublime— en el cual esa sociedad debe mirarse para comprender sus luces y sus sombras.
Es por eso que el Día del Escritor en Argentina no solo recuerda a Leopoldo Lugones, sino que renueva el compromiso con la palabra como herramienta de pensamiento, información, belleza y transformación. En un país donde la literatura ha sabido dialogar con la historia, la política y lo íntimo, esta fecha invita a detenerse, leer, escribir, y volver a preguntarnos qué historias queremos contar y cómo.
Muy feliz día a todos los colegas.
Para seguir leyendo sobre literatura en el blog:
La gesta sanmartiniana hecha novela
La novela de espionaje en la Argentina
Una presentación de novela
Una mujer empoderada


SOBRE EL AUTOR DE LA NOTA: Luis Carranza Torres nació en Córdoba, República Argentina. Es abogado y Doctor en Ciencias Jurídicas, profesor universitario y miembro de diversas asociaciones históricas y jurídicas. Ejerce su profesión, la docencia universitaria y el periodismo. Es autor de diversas obras jurídicas y de las novelas Yo Luis de Tejeda (1996), La sombra del caudillo (2001), Los laureles del olvido (2009), Secretos en Juicio (2013), Palabras Silenciadas (2015), El Juego de las Dudas (2016), Mujeres de Invierno (2017), Secretos de un Ausente (2018), Hijos de la Tormenta (2018), Náufragos en un Mundo Extraño (2019), Germánicus. El Corazón de la Espada (2020), Germánicus. Entre Marte y Venus (2021), Los Extraños de Mayo (2022), La Traidora (2023), Senderos de Odio (2024) y Vientos de Libertad (2025). Ha recibido la mención especial del premio Joven Jurista de la Academia Nacional de Derecho (2001), el premio “Diez jóvenes sobresalientes del año”, por la Bolsa de Comercio de Córdoba (2004). En 2009, ganó el primer premio en el 1º concurso de literatura de aventuras “Historia de España”, en Cádiz y en 2015 Ganó la segunda II Edición del Premio Leer y Leer en el rubro novela de suspenso en Buenos Aires. En 2021 fue reconocido por su trayectoria en las letras como novelista y como autor de textos jurídicos por la Legislatura de la Provincia de Córdoba. Ganador en 2026 del Concurso Internacional de Cuento Histórico organizado por la Editorial La Cuarta Orilla.
Una mujer humillada y desposeída.
La tentación de recuperarlo todo.
Un secreto vital que obtener tras la cordillera.
Un general con un desafío por cumplir: cruzar los Andes.
Provincias Unidas de Sudamérica, 1816. Las tierras del antiguo Virreinato del Río de la Plata han declarado su independencia de la corona española, en el peor de los momentos posibles. El nuevo país, libre pero cargado de dificultades y retos, apuesta a remontar sus derrotas en el Alto Perú, con el audaz plan de formar un nuevo ejército y cruzar la cordillera para batir a los realistas por el oeste.
En Chile, Sebastiana Núñez Gálvez ha visto desbarrancar su mundo de lujos, pero también de oscuridades, tras la reconquista realista del país. Ajusticiado su esposo por liderar el bando patriota y confiscados todos sus bienes, malvive en la extrema necesitad. Una falta de todo que la ha hecho abjurar de cualquier creencia y hasta de su reputación, para conseguir subsistir.
El Mariscal español Marco del Pont lo sabe perfectamente, y le ofrece devolverle todas sus posesiones y alcurnia, a cambio de pasar a Mendoza y obtener el secreto mejor guardado del Gobernador de Cuyo y General en jefe de ese nuevo ejército, José de San Martín: por dónde pasarán sus tropas a Chile.
Sebastiana es una mujer decidida a todo para averiguarlo; apuesta para lograrlo a su antiguo y fuerte vínculo de amistad con la esposa del gobernador y General en jefe, Remedios de Escalada. No le importa tener que mentir, engañar o traicionar viejas lealtades.
Pero la imprevista relación con un oficial de granaderos trastocará sus planes. Alguien que, precisamente, debe mantener a los secretos de su jefe a salvo de los espías realistas.