Ilustrar la historia

 


por Luis Carranza Torres

En los libros escolares, la historia argentina suele ser una sucesión de bustos de mármol y retratos estáticos de próceres en levita. Pero detrás de la solemnidad del bronce, hubo un mundo de colores vibrantes, texturas de paño rústico y una identidad visual moldeada por el barro y el galope. Nicolás A. Vico, un ilustrador de 27 años oriundo de Villa Allende, ha decidido que la mejor forma de entender quiénes fuimos es ver exactamente cómo lucíamos en el campo de batalla.

Desde su rol como Lead Illustrator en el estudio de videojuegos Armchair Interactive y su estrecha colaboración con el prestigioso historiador Julio Luqui-Lagleyze, Vico realiza una tarea que es mitad arte y mitad arqueología. Bajo el sello editorial Del Húsar, sus trazos devuelven la vida a unidades olvidadas, desde los coraceros de las guerras civiles hasta los "Chupas Verdes" de Belgrano. En esta charla, nos sumergimos en el taller de un artista que no solo dibuja soldados, sino que reconstruye la gramática visual de una nación que nació a caballo.

Desde chico los libros, películas y videojuegos relacionados con la historia lo inspiraron a dibujar esos eventos y personajes del pasado. "Creo que en un mundo que se basa tanto en las imágenes es crucial enseñar la historia a través de ellas. Es por eso que mi arte está tan centrado en la historia argentina. Busco crear ilustraciones fieles a la realidad que inspiren a la gente a curiosear por la historia de nuestra región", nos dice.

A partir de eso, las preguntas sobre su arte, tan peculiar como interesante, se suceden.

1. En la ilustración histórica, existe una tensión constante entre la estética visual y la precisión documental. ¿Cómo gestionas el compromiso de crear una imagen atractiva sin sacrificar detalles técnicos como el número de botones en una casaca o el tipo de latón de una placa de Shako?

Existen 2 dimensiones, la pose del personaje que va a determinar qué tan natural se siente la imagen, y por otro lado la documentación de su vestimenta. Luego está cómo se complementan ambas dimensiones. Siempre busco que la pose muestre la mayor cantidad de detalles del uniforme. A su vez un uniforme bien documentado se siente más natural ya que cada detalle del mismo (número de botones, largo de la casaca, forma del gorro) tenía una razón detrás. Es por esto que algunas recreaciones de uniformes se pueden ver hasta graciosas si ignoran estos detalles.



2. Trabajar con una eminencia como Julio Luqui-Lagleyze debe ser un desafío constante. ¿Cómo es el flujo de trabajo cuando una fuente primaria (un inventario de época, por ejemplo) es ambigua? ¿Qué procesos de "arqueología visual" siguen para reconstruir una unidad de la que no existen registros pictóricos contemporáneos?

La reconstrucción siempre va a tener un margen de error porque no podemos viajar al pasado. Al igual que un paleoartista busca especies similares a la que intenta reconstruir un animal extinto, nosotros nos basamos en los estilos que se manejan en la época. Por ejemplo, si una provisión del 1825 menciona "cascos", por la época es muy probable que esté describiendo morriones al estilo de los usados por el Rgto. de Granaderos a Caballo. Mientras más vaga sea la descripción de las fuentes entonces más huecos hay que llenar con vestimenta contemporánea.

3. Como Lead Illustrator en Armchair Interactive, te enfrentas a la interactividad. ¿Qué desafíos presenta diseñar uniformes para unidades que deben ser reconocibles por el jugador a diferentes distancias (legibilidad) comparado con la ilustración detallada para los libros de la editorial Del Húsar?

La diferencia entre ambos trabajos es el objetivo. Nunca se puede tener 2 objetivos simultáneamente porque en algún momento tenés que poner uno sobre otro. Los videojuegos son un arte interactivo, se pueden agregar muchos detalles e investigación histórica pero al final se prioriza la interactividad. Aunque las unidades del videojuego puedan ser históricas y bien documentadas, se tiene que priorizar que el jugador las reconozca, que se diferencien de las enemigas, que su resolución no comprometa la optimización del juego, etc. Por otro lado, al ilustrar para libros sobre historia, el objetivo es hacer las ilustraciones más precisas posibles.

4. Tus ilustraciones buscan ser fieles a la realidad. Más allá del uniforme, ¿cómo trabajas la fisonomía, el desgaste del equipo y el entorno para que el soldado argentino no parezca un modelo estático, sino un veterano de las Guerras de Independencia o la Guerra del Paraguay?

Aunque algunas ilustraciones me pueden quedar como maniquíes, intento mostrar que son personas. Busco pensar cómo sostendría el rifle un Highlander desembarcando en Buenos Aires. La naturalidad de una persona tomando de su cantimplora puede ser más impactante que un soldado posando como Superman. También busco que la fisonomía de los soldados se adecúe a su región y período. Por ejemplo el Batallón de Rifles ingleses de Bolívar, originalmente mercenarios, para 1821 estaba formado principalmente por indígenas de Quito y Pasto. Y no es lo mismo ilustrar un inglés que un quiteño, de la misma forma que no es lo mismo un batallón de "Pardos y Morenos" que uno formado por familias de alta clase criollas.

5. Argentina tiene una riqueza uniformológica que bebe de fuentes españolas, francesas y británicas, pero con adaptaciones criollas únicas. En tu opinión, cuál es ese elemento o prenda que define visualmente la "singularidad" del soldado argentino del siglo XIX?

Lo que más define al soldado argentino del S.XIX es el caballo. Argentina nace como un pueblo ecuestre, de gran territorio y poca población. En Europa la caballería formaba un pequeño porcentaje de los ejércitos y se reservaba para las clases altas. Argentina estaba lleno de milicias de caballería que cuidaban los caminos y las fronteras, mientras el prestigio se lo llevaban los cuerpos de infantería fijos de las capitales. En batallas como Ituzaingó o Pavón la caballería superaba en número a la infantería. Lo mismo con las montoneras. Las demás particularidades del Ejército Argentino se desprenden de esta génesis ecuestre: el uso extensivo de la lanza que en Europa se reservaba solo para los lanceros, el chiripá y el poncho, las grandes espuelas decoradas, botas de potro, el recortar rifles para que sean más cómodos de usar (llamados "colibrí"), los pantalones anchos (primero mamelucos y luego bombachas), etc.

6. Antes de la estandarización química de los tintes, los colores de los uniformes variaban drásticamente según el lote y el desgaste. ¿Cómo abordas la representación de colores como el "azul celeste" o el "punzó" para que se sientan históricos y no artificiales?

Habiendo manipulado uniformes de más de un siglo o viendo los que se encuentran en los museos se puede apreciar que los colores eran muy vivos, incluso a través del tiempo pero lo más difícil es traducir en un dibujo lo que se describe en una provisión. Hay varios términos que usualmente los consulto con Luqui-Lagleyze como la diferencia entre color caña y amarillo o entre mordoré y punzó.

Pardos libres de Córdoba 1790

7. En la recreación histórica (Living History), el peso y la textura son clave. ¿Utilizas referencias de objetos reales o réplicas físicas para entender cómo cae un correaje o cómo se pliega una capa, o te basas puramente en archivos bidimensionales?

Suelo mirar imágenes y videos de recreacionistas para poder entender lo que es llevar ese equipo. A veces verlos descansando o parados me transmiten la esencia de soldado del siglo XIX más que sus poses extravagantes. Las imágenes y videos de gauchos cabalgando también me sirven para entender cuales poses son mas realistas que otras.

8. Mencionas que en un mundo visual es crucial enseñar historia a través de imágenes. ¿Has notado algún cambio en el interés de las nuevas generaciones por la historia argentina a raíz de este resurgimiento de la ilustración militar de alta calidad?

Creo que actualmente sigue primando en el imaginario colectivo la visión del soldado argentino del siglo XIX como un gaucho vestido a lo Martín Fierro en la mayoría de personas. Pero quiero creer que cuando alguien ve los Chupas Verdes de Belgrano, los Húsares de Lamadrid o los Dragones de Paz le despierta la curiosidad por leer sus historias.

9. A veces, la memoria colectiva tiene una imagen distorsionada de nuestros héroes (ej. el General San Martín siempre de gala). ¿Te has encontrado con resistencia del público al mostrar una realidad más cruda o menos "romántica" de nuestras tropas?

Más que resistencia hay una incredulidad. Quitando los Granaderos a Caballo, la gente no espera que tropas como los Infernales de Güemes hayan usado uniformes azules, rojos y hasta verdes, o que los federales de Rosas estaban mejor uniformados que muchos unitarios, o que hubo coraceros (caballería con armadura) en los ejércitos de unitarios y federales. Es como si estuviésemos visualmente limitados a imaginar la variedad de colores que tenían esas batallas.

10. Con la mirada puesta en el futuro, ¿qué periodo o unidad de la historia militar argentina sentís que todavía está "huérfano" de una buena reconstrucción visual y te gustaría abordar próximamente?

El período que creo menos abarcado en la reconstrucción de uniformes son las guerras civiles. Si bien hay muy buenas reconstrucciones de las tropas rosistas, hay muchos bandos que quedan por ser ilustrados. La Liga del Interior, las tropas de Quiroga, la campaña del Desierto de 1833, la Coalición del Norte, las legiones de Lavalle, los ejércitos correntinos antirrosistas, la Confederación de Urquiza, el Estado de Buenos Aires. Es un período que visualmente se suele resumir en federales de rojo y unitarios de azul y me gustaría darle más color a un período tan complejo.

La obra de Nicolás Vico nos recuerda que la historia no es un relato cerrado en blanco y negro, sino un lienzo que todavía tiene huecos por completar. Su capacidad para equilibrar la exigencia académica de un botón de latón con la fluidez de un personaje en pleno combate es lo que permite que el pasado deje de ser un objeto de estudio para convertirse en una experiencia viva.

Mientras sus ilustraciones siguen poblando tanto libros de investigación como motores de videojuegos, Nicolás ya tiene la mirada puesta en las sombras de nuestras guerras civiles, dispuesto a ponerle color a los bandos que la memoria colectiva simplificó demasiado. Al final del día, su arte cumple la misión más noble de la divulgación: despertar la curiosidad. Porque, como él mismo sostiene, una vez que ves el rojo punzó o el azul celeste brillando en el fragor de una carga de caballería, la historia argentina deja de ser una tarea escolar para transformarse en una épica imposible de ignorar.


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Curiosas historias de nuestra bandera





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SOBRE EL AUTOR DE LA NOTA: Luis Carranza Torres nació en Córdoba, República Argentina. Es abogado y Doctor en Ciencias Jurídicas, profesor universitario y miembro de diversas asociaciones históricas y jurídicas. Ejerce su profesión, la docencia universitaria y el periodismo. Es autor de diversas obras jurídicas y de las novelas Yo Luis de Tejeda (1996), La sombra del caudillo (2001), Los laureles del olvido (2009), Secretos en Juicio (2013), Palabras Silenciadas (2015), El Juego de las Dudas (2016), Mujeres de Invierno (2017), Secretos de un Ausente (2018), Hijos de la Tormenta (2018), Náufragos en un Mundo Extraño (2019), Germánicus. El Corazón de la Espada (2020), Germánicus. Entre Marte y Venus (2021), Los Extraños de Mayo (2022), La Traidora (2023), Senderos de Odio (2024) y Vientos de Libertad (2025). Ha recibido la mención especial del premio Joven Jurista de la Academia Nacional de Derecho (2001), el premio “Diez jóvenes sobresalientes del año”, por la Bolsa de Comercio de Córdoba (2004). En 2009, ganó el primer premio en el 1º concurso de literatura de aventuras “Historia de España”, en Cádiz y en 2015 Ganó la segunda II Edición del Premio Leer y Leer en el rubro novela de suspenso en Buenos Aires. En 2021 fue reconocido por su trayectoria en las letras como novelista y como autor de textos jurídicos por la Legislatura de la Provincia de Córdoba.


Una mujer humillada y desposeída.

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Un secreto vital que obtener tras la cordillera.

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Provincias Unidas de Sudamérica, 1816. Las tierras del antiguo Virreinato del Río de la Plata han declarado su independencia de la corona española, en el peor de los momentos posibles. El nuevo país, libre pero cargado de dificultades y retos, apuesta a remontar sus derrotas en el Alto Perú, con el audaz plan de formar un nuevo ejército y cruzar la cordillera para batir a los realistas por el oeste.

En Chile, Sebastiana Núñez Gálvez ha visto desbarrancar su mundo de lujos, pero también de oscuridades, tras la reconquista realista del país. Ajusticiado su esposo por liderar el bando patriota y confiscados todos sus bienes, malvive en la extrema necesitad. Una falta de todo que la ha hecho abjurar de cualquier creencia y hasta de su reputación, para conseguir subsistir.

El Mariscal español Marco del Pont lo sabe perfectamente, y le ofrece devolverle todas sus posesiones y alcurnia, a cambio de pasar a Mendoza y obtener el secreto mejor guardado del Gobernador de Cuyo y General en jefe de ese nuevo ejército, José de San Martín: por dónde pasarán sus tropas a Chile.

Sebastiana es una mujer decidida a todo para averiguarlo; apuesta para lograrlo a su antiguo y fuerte vínculo de amistad con la esposa del gobernador y General en jefe, Remedios de Escalada. No le importa tener que mentir, engañar o traicionar viejas lealtades.

Pero la imprevista relación con un oficial de granaderos trastocará sus planes. Alguien que, precisamente, debe mantener a los secretos de su jefe a salvo de los espías realistas. 



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