Pioneros del Hielo
por Luis Carranza Torres
Argentina ostenta un récord que ningún otro país posee: la presencia permanente e ininterrumpida más larga en la Antártida, que data desde el 22 de febrero de 1904.
El primer gran hito fue el rescate de la expedición sueca de Otto Nordenskjöld en 1903 por la corbeta ARA Uruguay, al mando del Capitán Julián Irízar. Este evento no solo fue una proeza náutica, sino que marcó la entrada formal del Estado argentino en la logística antártica.
La presencia permanente inicia cuando Argentina tomó posesión del observatorio meteorológico en la Isla Laurie, en el archipiélago de las Orcadas del Sur. Desde aquel día, la bandera argentina no ha dejado de flamear en el continente.
Durante la década de 1940 a 1950, se crearon instituciones clave como el Instituto Antártico Argentino (IAA) en 1951, el primer organismo científico a nivel mundial dedicado exclusivamente a la investigación polar.
Es mismo año fue inaugurada de la Base San Martín, la primera base argentina al sur del Círculo Polar Antártico. Y un año después, en 1952, la Base Esperanza, concebida originalmente para ser un asentamiento con familias.
En 1954 se afirma el pabellón en el primer rompehielos argentino. Aunque naves anteriores como la famosa corbeta ARA Uruguay realizaron tareas antárticas heroicas como el rescate de 1903, no eran técnicamente "rompehielos", sino buques con cascos reforzados. El ARA General San Martín (Q-4) fue el primer rompehielos de la Armada Argentina, siendo diseñado y construido específicamente con la potencia y la estructura para abrirse paso a través de los campos de hielo.
Su construcción fue encargada por el gobierno argentino a los astilleros Seebeck Yard en Alemania Federal. Contar con dicho buque especializados fue fundamental para la fundación de la Base Belgrano I en 1955, la base más austral de Argentina en ese momento, ubicada sobre la barrera de hielo Filchner.
Realizó numerosas misiones de búsqueda, rescate y apoyo logístico durante casi tres décadas, permitiendo que Argentina explorara zonas del Mar de Weddell que eran inaccesibles para otros buques de la época.
En 1956 acudió en apoyo de una expedición británica que estaba en problemas cerca de la zona de reclamo argentina. A pesar de las tensiones diplomáticas por la soberanía, el ARA General San Martín actuó bajo la "Ley del Mar" y la camaradería antártica, demostrando que Argentina no solo tenía la voluntad de estar allí, sino que poseía la capacidad técnica superior para navegar donde otros no podían. Esto le dio a Argentina un prestigio diplomático enorme antes de la firma del Tratado Antártico de 1959.
Prestó servicios hasta 1982.
La Base Belgrano II fue fundada el 5 de febrero de 1979. Su creación obedeció a la necesidad de reubicar la base original, Belgrano I, construida sobre la Barrera de Hielos Filchner.
Con el paso de los años, esa barrera de hielo comenzó a fracturarse y a desplazarse hacia el mar, lo que ponía en riesgo la seguridad de la dotación y las instalaciones. Finalmente, el sector donde estaba la base se desprendió como un enorme iceberg.
Ante esta situación, se buscó un lugar más seguro y estable. Por eso, a diferencia de su antecesora, la Belgrano II se construyó sobre tierra firme, en el Nunatak Tracy, un afloramiento rocoso en la Tierra de Coats.
Además de resultar la base más austral de la República Argentina, es la tercera más austral de las bases permanentes en todo el planeta. Por eso, muchas de sus instalaciones se encuentran directamente bajo tierra, pues en la zona los vientos pueden llegar a los 200 km por hora.
La postura de Argentina frente al Tratado Antártico, firmado en 1959 y en vigor desde 1961 fue una de las más complejas y estratégicas de la historia diplomática nacional. Argentina no llegó a la mesa de negociaciones como un invitado más, sino como un Estado con derechos soberanos preexistentes.
Fue por eso, uno de los países que más celosamente defendió sus derechos territoriales. El Sector Antártico Argentino: Para 1959, Argentina ya tenía décadas de ocupación efectiva (Orcadas desde 1904). Por lo tanto, su condición para firmar fue que el tratado no anulara sus reclamos de soberanía. El denominado "Paraguas de Soberanía" del artículo IV fue fruto de estos esfuerzos.
Ningún acto que se realice mientras el Tratado esté vigente constituirá fundamento para hacer valer una reclamación de soberanía. Y, al mismo tiempo, nada de lo que diga el Tratado supone una renuncia a los derechos de soberanía previos.
En 1965 y en el marco de la Operación 90, una patrulla terrestre del Ejército alcanzó el Polo Sur por primera vez partiendo desde la Base Belgrano. Fue una marcha de 66 días sobre el hielo virgen.
Sobre el fin de la década, en 1969, se fundó la fundación de Base Marambio, con la construcción de una pista de tierra por la "Patrulla Soberanía", que empleó solo herramientas de mano; contar con ella permitió el aterrizaje de aviones de gran porte durante todo el año, rompiendo el aislamiento invernal de las bases previo a esa fecha.
El rompehielos ARA Almirante Irízar (Q-5), fue construido en los astilleros Wärtsilä en Helsinki, Finlandia, y entregado a la Argentina en 1978. Su nombre rinde homenaje al Capitán Julián Irízar, quien en 1903 rescató a la expedición sueca de Nordenskjöld.
Es un buque rompehielos de "propulsión diésel-eléctrica", que puede romper hielo de hasta 6 metros de espesor por embestida y avanzar de forma continua en hielos de hasta 1 metro.
El casco del Irízar no tiene una forma convencional. Es redondeado y carece de quilla de balance, a fin de "trepar" sobre la capa de hielo y quebrarla con su propio peso, estimado en (unas 15.000 toneladas. Dicho rasgo constructivo lo hace muy eficaz en el hielo, pero muy inestable en mar abierto, donde se balancea muchísimo, lo que le ha ganado el respeto (y algún que otro mareo) de todos los marinos que lo han tripulado.
Con capacidad para transportar a más de 300 personas entre tripulación y científicos, y dos dos helicópteros medianos, empleados para el traslado de carga a las bases, cuenta con laboratorios de alta complejidad. Su incorporación permitió penetrar mares congelados inaccesibles para otros buques, consolidando el abastecimiento de las bases más australes.
En cuanto al factor humano, la Argentina es el único país que ha logrado establecer una comunidad civil estable en el continente antártico. El 7 de enero de 1978 nació Emilio Marcos Palma en la Base Esperanza, convirtiéndose en el primer ser humano nacido en la Antártida.
La Escuela Provincial N.º 38, ubicada en dicha base, es el establecimiento educativo más austral del mundo donde hijos de las dotaciones cursan sus estudios primarios y secundarios.
Actualmente, la presencia argentina se rige bajo el Tratado Antártico y el Protocolo de Madrid (1991), que protege el medio ambiente y prohíbe la minería. Argentina enfoca sus esfuerzos en la investigación del cambio climático, la biología marina y la preservación de su patrimonio histórico.
Es el país con la red de correos y bibliotecas más austral del mundo, y que durante muchísimos años fue el único país que tuvo una oficina postal operativa en la Antártida.
Al formar parte de la Provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, ésta resulta la provincia de mayor superficie de Argentina.
El Día de la Antártida Argentina se instituyó oficialmente mediante la Ley N.º 20.827, sancionada y promulgada en 1974. Se eligió el 22 de febrero para honrar el día exacto de 1904 en que se izó por primera vez la bandera argentina en las Islas Orcadas del Sur.
A lo largo de más de un siglo, la presencia de la Argentina en la Antártida ha sido una verdadera política de Estado, sostenida por la continuidad y el sacrificio. La Argentina no solo "está" en la Antártida; la habita a través de sus científicos, sus familias y sus maestros.
De allí que celebrar cada 22 de febrero es, en definitiva, honrar un legado de 122 años de permanencia ininterrumpida. Es reconocer que, bajo el amparo del Tratado Antártico y el compromiso con la preservación ambiental, la bandera celeste y blanca no solo flamea sobre el continente blanco como un símbolo de posesión, sino como un testimonio de la vocación argentina por la ciencia, la vida y la custodia del último confín de la Tierra.
Para seguir leyendo sobre historia en el blog:
Curiosas historias de nuestra bandera
Una mujer humillada y desposeída.
La tentación de recuperarlo todo.
Un secreto vital que obtener tras la cordillera.
Un general con un desafío por cumplir: cruzar los Andes.
Provincias Unidas de Sudamérica, 1816. Las tierras del antiguo Virreinato del Río de la Plata han declarado su independencia de la corona española, en el peor de los momentos posibles. El nuevo país, libre pero cargado de dificultades y retos, apuesta a remontar sus derrotas en el Alto Perú, con el audaz plan de formar un nuevo ejército y cruzar la cordillera para batir a los realistas por el oeste.
En Chile, Sebastiana Núñez Gálvez ha visto desbarrancar su mundo de lujos, pero también de oscuridades, tras la reconquista realista del país. Ajusticiado su esposo por liderar el bando patriota y confiscados todos sus bienes, malvive en la extrema necesitad. Una falta de todo que la ha hecho abjurar de cualquier creencia y hasta de su reputación, para conseguir subsistir.
El Mariscal español Marco del Pont lo sabe perfectamente, y le ofrece devolverle todas sus posesiones y alcurnia, a cambio de pasar a Mendoza y obtener el secreto mejor guardado del Gobernador de Cuyo y General en jefe de ese nuevo ejército, José de San Martín: por dónde pasarán sus tropas a Chile.
Sebastiana es una mujer decidida a todo para averiguarlo; apuesta para lograrlo a su antiguo y fuerte vínculo de amistad con la esposa del gobernador y General en jefe, Remedios de Escalada. No le importa tener que mentir, engañar o traicionar viejas lealtades.
Pero la imprevista relación con un oficial de granaderos trastocará sus planes. Alguien que, precisamente, debe mantener a los secretos de su jefe a salvo de los espías realistas.

















