Primeras tropas de asalto






por Luis Carranza Torres

Hablar de las tropas de asalto (Stoßtruppen) es sumergirnos en uno de los cambios de paradigma más drásticos de la historia militar en el nacimiento de la guerra moderna.

Conforme Bruce Gudmundsson, en Stormtroop Tactics: Innovation in the German Army, 1914-1918, Los soldados de asalto o soldados de choque (Sturmtruppen o Stoßtruppen en alemán) eran soldados especializados del Ejército alemán durante la Primera Guerra Mundial. En los últimos años de la guerra, los soldados fueron entrenados para luchar con «tácticas de infiltración», que formaban parte del nuevo método alemán de ataque a las trincheras enemigas.

Conocidos en Alemania como Sturmmann («hombre de la tormenta», en una traducción literal), integraban compañías de Sturmtruppen («tropas de asalto»). 

Se trataba de escuadras de soldados especializados que realizaban tareas de infiltración en las líneas enemigas del frente.

El concepto no surgió por una "genialidad" repentina, sino por una necesidad desesperada. Para 1915, la Primera Guerra Mundial se había estancado en un punto muerto sangriento. Las tácticas tradicionales de infantería (avanzar en líneas cerradas tras un bombardeo masivo) solo producían montañas de cadáveres frente a las ametralladoras.

En marzo de 1915, el Alto Mando Alemán formó la primera unidad experimental bajo el mando del Mayor Calsow. Su idea inicial era defensiva: usar corazas pesadas y escudos para proteger a los hombres. Fue un fracaso total; los soldados eran demasiado lentos y vulnerables.

El verdadero cambio llegó cuando el Capitán Willy Rohr tomó el mando. Él entendió que la clave no era la protección, sino la velocidad y la potencia de fuego concentrada.

Rohr introdujo cambios que hoy nos parecen básicos, pero que en 1915 eran revolucionarios. Para empezar aligeró el armamento ligero, cambiando el largo fusil Mauser por carabinas más cortas, granadas de mano (su arma principal) y lanzallamas.

Hizo también modificaciones al uniforme para volverlo más funcional, reforzando los codos y rodillas con parches de cuero y sustituyendo las botas pesadas por calzado más ágil.

La Táctica de Infiltración fue desarrollada para que en lugar de atacar toda la línea enemiga, se buscara los puntos débiles, sobrepasarlos y destruír la artillería y el mando en la retaguardia, dejando las bolsas de resistencia para la infantería convencional.

Fue en la Batalla de Verdún donde las Stoßtruppen demostraron su valía. Mientras las divisiones normales se desangraban, estos pequeños grupos de élite lograban tomar fortificaciones francesas en cuestión de horas mediante ataques quirúrgicos coordinados con fuego de artillería breve pero intenso (el llamado "Vals de la Muerte").

El Armamento de las Stoßtruppen

Para que la infiltración funcionara, el soldado no podía depender del pesado fusil de cerrojo diseñado para disparar a 400 metros. Necesitaba tener potencia de fuego a cortas distancias.

En ese snetido, el Subfusil MP18 (El "Lanza-balas") diseñado por Hugo Schmeisser, fue adoptado pues permitía a un solo hombre limpiar una trinchera entera en segundos. Fue la respuesta alemana al estancamiento: cadencia de fuego automática en un paquete manejable.

Las Granadas de Mango (Stielhandgranate) se convirtieron en el distintivo de las tropas de asalto. Su diseño permitía lanzarlas más lejos que las granadas de "piña" británicas. Los soldados de asalto a menudo no llevaban fusiles, sino sacos llenos de estas "patatas machacadas" para despejar búnkeres.

El Lanzallamas (Flammenwerfer) por su parte, aunque aterrador y peligroso para el operador, era la única forma de "desahuciar" a los defensores de búnkeres de hormigón sin usar artillería pesada.

La Respuesta Aliada

Al principio, los Aliados (británicos y franceses) quedaron horrorizados. En 1918, durante la Ofensiva de Primavera (Kaiserschlacht), las tropas de asalto alemanas rompieron el frente en días, algo que no había pasado en años.

Los franceses crearon sus propios "Limpiadores de Trincheras" ("Les Nettoyeurs de Tranchées"), soldados armados casi exclusivamente con cuchillos y pistolas cuya misión era seguir a la primera oleada y asegurar que ningún alemán quedara vivo en los túneles.

A diferencia de los alemanes, que apostaron por la infantería de élite, los británicos apostaron por la tecnología mecánica. Su respuesta a la guerra de trincheras no fue un hombre más ágil, sino una caja de acero móvil: el Tanque. Mientras las Stoßtruppen esquivaban ametralladoras, los tanques británicos simplemente pasaban por encima de ellas.

Sin crear unidades con nombres tan rimbombantes, los cuerpos expedicionarios de Canadá y Australia adoptaron tácticas similares de forma natural. Se volvieron expertos en "raids" nocturnos y ataques por sorpresa, utilizando el Lewis Gun (una ametralladora ligera) para dar movilidad al fuego de apoyo.

El nacimiento del combate de maniobra

El surgimiento de las tropas de asalto no fue simplemente una nota al pie en las crónicas de la Gran Guerra; representó el acta de defunción de la guerra lineal y el nacimiento del combate de maniobra moderno. Las Stoßtruppen demostraron que, en el campo de batalla industrial, la inteligencia táctica y la movilidad superan a la masa bruta.

Su legado se puede resumir en tres pilares fundamentales:

  • Descentralización del mando: Por primera vez, el éxito de una ofensiva no dependía de un general a kilómetros de distancia, sino de la iniciativa de un sargento o cabo en el terreno.

  • Especialización técnica: La integración de armas combinadas (lanzallamas, granadas y armas automáticas) a pequeña escala cambió para siempre la composición del pelotón de infantería.

  • Evolución psicológica: El soldado dejó de ser un peón prescindible para convertirse en un especialista de élite, una transición que dio origen a las unidades de fuerzas especiales que conocemos hoy.

En última instancia, aunque los Stoßtruppen no pudieron evitar la derrota de los Imperios Centrales, su sombra se proyectó sobre todo el siglo XX. De sus tácticas de infiltración nació la Blitzkrieg, y las unidades de comandos. Comprender a las tropas de asalto es, en esencia, comprender cómo el horror de las trincheras obligó a la humanidad a reinventar el arte de la guerra.


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SOBRE EL AUTOR DE LA NOTA: Luis Carranza Torres nació en Córdoba, República Argentina. Es abogado y Doctor en Ciencias Jurídicas, profesor universitario y miembro de diversas asociaciones históricas y jurídicas. Ejerce su profesión, la docencia universitaria y el periodismo. Es autor de diversas obras jurídicas y de las novelas Yo Luis de Tejeda (1996), La sombra del caudillo (2001), Los laureles del olvido (2009), Secretos en Juicio (2013), Palabras Silenciadas (2015), El Juego de las Dudas (2016), Mujeres de Invierno (2017), Secretos de un Ausente (2018), Hijos de la Tormenta (2018), Náufragos en un Mundo Extraño (2019), Germánicus. El Corazón de la Espada (2020), Germánicus. Entre Marte y Venus (2021), Los Extraños de Mayo (2022), La Traidora (2023), Senderos de Odio (2024) y Vientos de Libertad (2025). Ha recibido la mención especial del premio Joven Jurista de la Academia Nacional de Derecho (2001), el premio “Diez jóvenes sobresalientes del año”, por la Bolsa de Comercio de Córdoba (2004). En 2009, ganó el primer premio en el 1º concurso de literatura de aventuras “Historia de España”, en Cádiz y en 2015 Ganó la segunda II Edición del Premio Leer y Leer en el rubro novela de suspenso en Buenos Aires. En 2021 fue reconocido por su trayectoria en las letras como novelista y como autor de textos jurídicos por la Legislatura de la Provincia de Córdoba.





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