El día que inició la guerra
por Luis Carranza Torres
La mañana del 13 de abril de 1865, cerca de las seis, cinco vapores paraguayos se aparecen frente a las costas de la Ciudad de Corrientes. Surtos en el puerto de dicha ciudad se hallaban dos buques de la marina argentina, el "25 de Mayo" y el "Gualeguay".
El 25 de mayo era un vapor de guerra de nuestra armada, de 37 metros de eslora y 110 toneladas, estando aparejado como pailebote de dos palos, con casco de hierro y paletas laterales, accionadas por una máquina oscilante, movida a carbón, de dos cilindros verticales y 28 caballos de fuerza.
Por su parte, el Gualeguay, también un vapor a ruedas, eran de menores dimensiones, con una eslora de 31 metros y ochenta de tonelaje.
Ambos buques se hallaban en reparaciones, desarmados, y con sus tripulaciones disminuidas, o de permiso en tierra.
Sin declaración alguna ni acto de provocación, la escuadra guaraní atacó a los navíos argentinos. Los marinos argentinos , superados en número, intentan una resistencia heroica, pero pronto fueron sometidos y tomados prisioneros.
El comandante del vapor 25 de mayo, Capitán de Fragata Constantino, escribiría luego en sus memorias, las que permanecieron en su poder, disponiendo como última voluntad suya, dispuso que si las creían de alguna importancia, se publicasen después de su muerte.
Así se hizo y son una narración detallada de lo sucedido. De cómo se iniciaron las primeras hostilidades de la guerra del Paraguay respecto de la República Argentina.
En ellas expresaba:
El
1ro de Abril de 1865 salimos de Buenos Aires, a bordo del vapor nacional “25 de
Mayo” con destino a Corrientes. Llegamos a ese puerto el día 11 donde se
encontraba también el vapor “Gualeguay”. El día 13 del mismo mes (Jueves Santo)
a las 6 de la mañana encontrándome sobre cubierta pues estaba de guardia,
avisté cinco vapores que venían en dirección a nosotros. Tomé el anteojo para
ver mejor y por este medio dime cuenta de que eran vapores paraguayos armados a
guerra y tripulados por 3000 hombres más o menos, vestidos de colorado y bien
armados. Se dirigían al puerto de Corrientes.
Al llegar frente al vapor “25 de Mayo”, el jefe de la
escuadra paraguaya hizo señal de cambiar la línea y prepararse a combate. Esto
lo comprendí porque el libro de señales de ellos era igual que el nuestro. Al
ver esta evolución avisé inmediatamente al 2do Comandante, capitán Domingo
Olivieri, que me ordenó hiciera cargar la batería a bala y metralla y tuviera
la infantería lista, preparando también una mecha en
Sin embargo, a pesar de la maniobra que habíamos visto,
saludamos con la bandera al enemigo, pero éste no contestó a nuestro saludo, lo
que nos convenció de las intenciones hostiles con que se presentaba, y de la
verdad de los díceres que corrían, de que así iba a suceder.
Sin esperar más, mandamos enseguida a llamar al
comandante de nuestro buque, D. Carlos Mazzin, que se hallaba en tierra,
viniendo éste inmediatamente a bordo, pues casualmente venía cuando le
avisaron. Una vez a bordo, nos ordenó que nos desarmáramos pues el no tenía
ninguna instrucción respecto a este incidente, y nos dijo también que el señor
Gobernador Lagraña le había manifestado que no tuviese cuidado con la escuadra
paraguaya, puesto que ésta no tenía nada que ver con nosotros. Pero cuando se
le dio cuenta de las maniobras que habíamos visto hacer comprendió que habíamos
sido traicionados y que nosotros seríamos la carnada,¡ y así sucedió!
Para cualquier maniobra de nuestra parte, era ya tarde;
puesto que acto continuo cargaron sobre nosotros dos vapores paraguayos, el
Legoré y otro cuyo nombre he olvidado, uno a babor y otro a estribor. Los demás
hicieron fuego a tierra y al vapor argentino “Gualeguay” que estaba atracado a
la costa con planchada a tierra, por lo que pudieron salvarse los oficiales y
tripulantes de este buque, abandonándolo por completo. La autoridad Provincial
también abandonó la ciudad quedando por consiguiente sólo nosotros en poder de
la escuadra pirata.
Como dije antes, vinieron al abordaje de nuestro buque,
vapor “25 de Mayo”, dos vapores paraguayos, el Legoré con 300 hombres y el otro
con 200, y sin darnos tiempo a nada, que aunque lo hubiéramos tenido nada
hubiéramos podido hacer, pues sólo éramos 80 hombres desarmados.
Subieron a bordo y lo primero que hicieron fue ultrajar
el pabellón argentino, lo arriaron y pisotearon, gritando viva López “mueran
los porteños” y así tomaron posesión del vapor, matando a todos los que se
encontraban por delante o que quisieran hacer resistencia.
Enseguida
bajaron a la cámara y sacaron de allí a palos a los tenientes Calvo y Leitón y
los subieron s obre cubierta.
Al ver esto nuestra tripulación, una parte de ella y tres
oficiales se tiraron al agua y allí perecieron todos, los unos ahogados y los
otros fusilados en el agua misma.
En vista de este triste espectáculo, en que se mataban a hombres indefensos, pedí al comandante del Legoré, Avelino Cabral, que contuviera a su gente e hiciera respetar la vida de los pocos que aún quedábamos, contestándome que no podía contenerlos. Lo único que hizo, que tal vez haya sido mucho en esos momentos, fue agarrarnos entre él y sus oficiales y echarnos al vapor Legoré, salvando de este modo nuestras vidas del furor de esos salvajes o fieras sedientas de sangre. Allí nos pusieron incomunicados, siguiendo viaje la escuadra enemiga a Itapirú, llevando la presa humana como también los dos vapores argentinos, el nuestro y el Gualeguay, éste sin gente.
Frente al hecho, desde Corrientes el gobernador de la provincia cursó dos mensajes a Buenos Aires, dando cuenta al gobierno nacional del hecho:
"Corrientes - Abril 13 de
1865. Participa a Ud. que a las seis .de la mañana una escuadrilla paraguaya de
cinco de los principales vapores de aquella marina, con numerosas fuerzas de
desembarco bajaban por frente a esta capital, regresando pocos minutos después
y acometiendo al vapor "25 de Mayo". Manuel Lagraña.
"Ultimo momento. Los
vapores han sido tomados, es decir, el "25 de Mayo" y el
"Gualeguay" y se los llevan. Se dice que ha habido muchos muertos en
estos vapores".
En tanto eso acaecía en el río, 2.500 hombres del ejército paraguayo desembarcaron en la Ciudad de Corrientes, ocupándola. Otras columnas paraguayas invadieron por distintos pasos la Provincia Mesopotámica, sumando un total de 27.000 hombres.
El gobernador Manuel Ignacio Lagraña abandonó la ciudad, reuniendo las milicias de la capital bajo el mando de Desiderio Sosa en las cercanías del pueblo de San Roque, al que declaró capital de la provincia, para repeler la invasión paraguaya. Luego se retiraría hacia el sur, instalándose en Goya.
A partir de 1866 el vapor 25 de Mayo revistaría bajo el nombre de "Vapor Prisionero", en las fuerzas navales paraguayas.
El Capitán Constantino, junto a los demás oficiales y tripulación, permaneció prisionero, en poder de las fuerzas paraguayas durante 4 años, 4 meses y cinco días. Pocos de ellos pudieron sobrevivir el trato de un cautiverio en condiciones infrahumanas.
La captura de ambos buques sumado a la invación a Corrientes, marcaría el inicio para la República Argentina de la Ñorairô Guasu, Guerra Grande, Guerra do Paraguai, Guerra de
Para seguir leyendo en el blog:
La gesta sanmartiniana hecha novela
La historia de valor detrás del cuadro
Entre la gloria y los injustos olvidos
La más terrible de las guerras
Un regimiento de leva forzosa
Un jefe épico
Una actuación que hará leyenda
La guerra de la Triple Alianza fue uno de los conflictos más terribles y sangrientos de Sudamérica en el siglo XIX. En tal marco, una unidad cordobesa de obligados al mando de un joven jefe, adquirirá proporciones de leyenda.
Olvidados injustamente por la historia, Luis Carranza Torres rescata aquí las principales acciones y circunstancias que vivieron los miembros del Regimiento Córdoba y su jefe el coronel Olmedo en el contexto de la Guerra del Paraguay.
Como en sus obras anteriores, Carranza Torres consigue en este libro una síntesis formidable entre lo narrativo y lo histórico, merced a una pluma ágil y un acabado respaldo documental logrando plasmar de modo fehaciente y colorido, los pequeños y grandes hechos por los que ellos hubieron de pasar y sufrir.
Contado desde la perspectiva de un humilde soldado, hombres y hechos desfilan en sus páginas dando al lector un cuadro acabado del conflicto, y de la participación de los cordobeses en la contienda.
Mitre, Sarmiento, Mansilla, Justiniano Posse, Salvador Pizarro, Muñiz, Caxias, Tamandré, Solano López, el emperador Pedro II, su yerno el conde d´Eu, entre otros, son reflejados en sus páginas pero también Juan Burgos, asistente del coronel Olmedo, su ayudante Funes, el capitán Santillán, el teniente Centeno o el sargento Francisco Linares, héroe de la jornada de Boquerón.
Amor, batallas, alegrías, penurias, hechos heroicos, crímenes de guerra, manejos políticos, intrigas varias y papelones diplomáticos se mezclan y dan forma a partir de personajes vistos desde lo profundo de su humanidad.














