Dos modelos organizativos de país
por Luis Carranza Torres
Entre 1830 y 1831, el
territorio de las Provincias Unidas se dividió en dos bloques
político-militares antagónicos: la Liga del Interior y el Pacto Federal.
La Liga del Interior y
su Pacto de Unión y Alianza de 1830 surgieron tras las victorias del general
Paz sobre Facundo Quiroga en La Tablada (junio de 1829) y Oncativo (25 de
febrero de 1830), que le permitieron unificar el mando de nueve provincias:
Córdoba, Mendoza, San Juan, San Luis, Salta, Tucumán, Catamarca, La Rioja y
Santiago del Estero.
El acuerdo tuvo dos
etapas de redacción y firma, ambas en la ciudad de Córdoba: un tratado
preliminar del 5 de julio de 1830, y el Pacto de Unión y Alianza definitivo,
del 31 de agosto de 1830.
Se trataba de una
coalición política y militar que otorgó a Paz el Supremo Poder Militar, creando
un mando unificado al que se subordinaron las fuerzas veteranas y milicianas de
todas las provincias firmantes. Las obligaba asimismo a poner a su disposición
todo el armamento, parque y pertrechos de guerra, y a destinar la cuarta parte
de sus rentas al sostenimiento del ejército común. También se delegó en Paz el
manejo de las relaciones exteriores de las provincias asociadas. El Supremo
Poder Militar tenía un plazo de ocho meses, cumplido el cual debía convocarse a
un congreso de carácter nacional.
Como respuesta directa
al avance de Paz, Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos formalizaron el 4 de
enero de 1831, en la ciudad de Santa Fe, una alianza defensivo-ofensiva —el
Pacto Federal— que establecía entre los firmantes el socorro mutuo automático
ante cualquier ataque exterior o de otra provincia.
El instrumento
reconocía la soberanía e independencia de cada provincia sobre sus asuntos
internos, garantizaba la libre circulación de bienes interprovinciales y
otorgaba igualdad de derechos civiles a los ciudadanos de cualquier provincia
firmante.
Creaba asimismo un
cuerpo deliberativo temporal con sede en Santa Fe —la Comisión Representativa—,
integrado por un diputado por provincia y facultado para convocar a un congreso
general federativo cuando reinara la paz total. Terminado el conflicto, Buenos
Aires retiró a su diputado y la comisión se disolvió.
En las deliberaciones
previas participó la provincia de Corrientes, cuyo enviado, Pedro Ferré,
propuso que esa comisión distribuyera las rentas de la Aduana de Buenos Aires
entre todas las provincias, regulara la navegación de los ríos Paraná y Uruguay
y promoviera el desarrollo industrial del interior. Buenos Aires se opuso y
Ferré se retiró sin firmar; Corrientes adheriría recién en agosto de 1831.
En tanto en la Liga
Unitaria el mando militar se hallaba unificado de forma rígida bajo el Supremo
Poder de Paz, en virtud del Pacto Federal cada provincia aportaba tropas bajo
el mando de jefes acordados.
Paz logró algo inédito
para la época: la profesionalización e instrucción técnica unificada del
ejército de la Liga en el campamento de Córdoba, sobre el modelo táctico
europeo de raíz napoleónica. El Pacto Federal, en cambio, operaba mediante un
conjunto mínimo de tropas regulares provinciales a las que se sumaban milicias
rurales e indígenas aliadas, lo que le daba mayor flexibilidad territorial pero
menor cohesión doctrinaria.
Y mientras el Pacto de
Unión y Alianza entendía que el país debía organizarse institucionalmente
mediante un congreso constituyente a convocarse dentro de un plazo cierto y
breve, el Pacto Federal difería la organización para después de lograda
"la pacificación total".
Como puede verse,
aspectos de uno y otro instrumento tienen hoy recepción constitucional, sobre
todo por la mecánica seguida por Alberdi en sus Bases, donde, tras rechazar
tanto la federación pura como el centralismo puro, propone un sistema mixto.
La captura accidental
del general Paz, en mayo de 1831, desarticuló rápidamente a la Liga Unitaria.
Facundo Quiroga desbarató a sus últimos ejércitos en la batalla de La
Ciudadela, en noviembre de ese año, disolviendo la coalición centralista.
Rosendo Fraga, en su
libro ¿Qué hubiera pasado si...? Historia argentina contrafáctica,
desarrolla en el cuarto capítulo la hipótesis de lo que podría haber ocurrido
si Paz no hubiera sido capturado y hubiese triunfado en la guerra. Entiende en
tal sentido que hubiera existido un congreso constituyente, posiblemente con
sede en Córdoba, que hubiera sancionado una constitución con un sistema
presidencialista fuerte: "Paz asume la presidencia para el período
1832-1838. Realiza una gestión de orden y progreso. No acepta el retorno de
Rivadavia y su círculo y acepta el nuevo planteo político de síntesis de
Echeverría".
Lo que sí ocurrió es
que, tras esa lucha entre unitarios y federales, todas las provincias fueron
adscribiendo progresivamente al Pacto Federal, tal como el propio instrumento
lo preveía. Se completó en setiembre de 1832, con las trece provincias que
conformaban el país en ese momento.
Mediante cláusulas
complementarias posteriores, las provincias terminaron delegando el manejo de
los negocios extranjeros en el gobernador de Buenos Aires, lo que en los hechos
convirtió a esa provincia en la cabeza visible de la naciente Confederación Argentina,
sin necesidad de un gobierno central formal.
Dicho tratado funcionó
como la única estructura jurídica común que rigió a la Confederación hasta el
Acuerdo de San Nicolás de los Arroyos, en 1852.
Una mujer humillada y desposeída.
La tentación de recuperarlo todo.
Un secreto vital que obtener tras la cordillera.
Un general con un desafío por cumplir: cruzar los Andes.
Provincias Unidas de Sudamérica, 1816. Las tierras del antiguo Virreinato del Río de la Plata han declarado su independencia de la corona española, en el peor de los momentos posibles. El nuevo país, libre pero cargado de dificultades y retos, apuesta a remontar sus derrotas en el Alto Perú, con el audaz plan de formar un nuevo ejército y cruzar la cordillera para batir a los realistas por el oeste.
En Chile, Sebastiana Núñez Gálvez ha visto desbarrancar su mundo de lujos, pero también de oscuridades, tras la reconquista realista del país. Ajusticiado su esposo por liderar el bando patriota y confiscados todos sus bienes, malvive en la extrema necesitad. Una falta de todo que la ha hecho abjurar de cualquier creencia y hasta de su reputación, para conseguir subsistir.
El Mariscal español Marco del Pont lo sabe perfectamente, y le ofrece devolverle todas sus posesiones y alcurnia, a cambio de pasar a Mendoza y obtener el secreto mejor guardado del Gobernador de Cuyo y General en jefe de ese nuevo ejército, José de San Martín: por dónde pasarán sus tropas a Chile.
Sebastiana es una mujer decidida a todo para averiguarlo; apuesta para lograrlo a su antiguo y fuerte vínculo de amistad con la esposa del gobernador y General en jefe, Remedios de Escalada. No le importa tener que mentir, engañar o traicionar viejas lealtades.
Pero la imprevista relación con un oficial de granaderos trastocará sus planes. Alguien que, precisamente, debe mantener a los secretos de su jefe a salvo de los espías realistas.













