Un juego de espejos entre Florencia y Buenos Aires

 

 

En las novedades del mundo editorial de este setiembre, encontramos la reedición de la novela El juego de las dudas, del abogado e historiador Luis Carranza Torres. Los lectores de Comercio y Justicia lo conocen por su columna de opinión de los martes y por la contratapa de los viernes sobre historia de la abogacía y el derecho. Además de numerosas obras jurídicas, ha publicado una larga serie de novelas. Con esta obtuvo en 2015 el premio Leer y Leer en el rubro novela de suspenso, y la obra vuelve ahora a las librerías en una nueva edición de Caburé Libros.

En ella, Carranza Torres se interna en uno de los territorios más antiguos y persistentes de la literatura: el del amor que no acepta la muerte y el de la mujer que regresa, o parece regresar, para reclamar lo suyo.

La historia transcurre en 1970, a caballo entre Florencia y Buenos Aires. No es una elección caprichosa. Aquel año es un umbral: el mundo de posguerra se deshilacha, la Argentina vive uno de sus tantos momentos de tensión contenida, y la Italia de los viejos palacios convive con otra más inquieta que asoma por las esquinas. Carranza Torres, que viene del rigor de la novela histórica, reconstruye ese tiempo con precisión de relojero, pero sin exhibirla. El dato está al servicio de la atmósfera, nunca al revés.

Su protagonista, el ingeniero Simón Heredia, viaja a Florencia para cumplir con la última voluntad de su esposa, recientemente fallecida: arrojar sus cenizas al Arno desde el Ponte Santa Trinita. Cree que con eso habrá concluido una relación en la que amó más de lo que fue amado. Se equivoca. A la mañana siguiente, a un tris de irse del hotel para volver a la Argentina, ve a una mujer idéntica a su esposa muerta.

La relación con esta mujer misteriosa corre en paralelo con el trabajo contrarreloj de Simón en el prototipo de un microprocesador, un invento que se resiste a concretarse y que resulta ser una pieza codiciada en un tablero mucho más grande. Estamos en plena Guerra Fría, y agentes de la CIA y de la KGB se mueven por Buenos Aires con la discreción de quien sabe que la supremacía futura no se jugará solo en los arsenales, sino también en unos pocos centímetros de silicio. Leída hoy, cuando las grandes potencias vuelven a disputarse los semiconductores como un recurso estratégico, esa trama de comienzos de los setenta parece estar contando, con medio siglo de anticipación, el mundo en que vivimos.

El lector cinéfilo reconocerá enseguida la sombra de Vértigo, de Hitchcock, a la que la novela rinde homenaje sin disimulo. Pero sería injusto quedarse ahí. Lo que Carranza Torres pone en juego es algo más viejo que el cine. Es el mito de Orfeo, que baja a buscar a Eurídice y la pierde por mirarla. Es la Ligeia de Poe, que se niega a morir del todo y reaparece en el cuerpo de otra. Es el viudo de Brujas la muerta, de Georges Rodenbach, que persigue por los canales flamencos a una mujer que tiene el rostro de su esposa. Es también, con su retrato de una mujer rubia presidiendo la sala desde encima de la chimenea, la Rebecca de Daphne du Maurier, esa primera esposa que gobierna la casa desde la tumba.

Y es, sobre todo, el tema del doble, que la literatura viene explorando desde el romanticismo alemán: la inquietud de encontrar en otro lo que creíamos único e irrepetible, y la sospecha de que el parecido sea una trampa. De ahí el título, que funciona casi como una advertencia. En esta historia nadie está a salvo de dudar: ni el protagonista de la mujer que ama, ni ella de sí misma, ni el lector de lo que cree haber entendido.

Hay además una virtud menos visible pero igual de valiosa: la reconstrucción de época. El intercomunicador con su hilera de botones, el Ford Fairlane que alguien conduce a cien kilómetros por hora, la mujer que lee en la cama una recién editada Conversación en La Catedral y encuentra en su primera frase el retrato de su propio matrimonio. Detalles que no se exhiben: están ahí, como en la vida, para que el lector respire el aire de 1970 sin que nadie se lo explique.

La prosa es sobria, de frase medida, con esa economía que tienen los autores habituados a pesar cada palabra por oficio. No hay golpes de efecto gratuitos. El erotismo, que lo hay, está al servicio del conflicto y no del adorno. La tensión crece por acumulación, por pequeños desajustes, por preguntas que quedan flotando al final de cada capítulo. Y el desenlace, que por supuesto no revelaremos, tiene la rara cualidad de resolver la trama sin clausurar del todo la pregunta que la sostiene.

Es, en suma, un thriller psicológico para leer despacio y terminar rápido. Esa contradicción, que solo logran los buenos libros del género, es quizás su mejor carta de presentación.

 Más información sobre la novela en: https://caburelibros.ar/product/el-juego-de-las-dudas/

Publicado en el diario Comercio y Justicia del 28 de setiembre de 2026.


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La novela de espionaje en argentina













Una novela entre la lealtad y la traición





Simón, un ingeniero a punto de revolucionar el mundo de las computadoras, pierde a su esposa Francesca, una concertista tan bella como inalcanzable. Su muerte repentina lo deja atrapado entre el duelo y la pregunta de si alguna vez la conoció de verdad. 
En Florencia, mientras cumple su última voluntad, se cruza con Eloísa: una mujer que es y no es Francesca. El mismo rostro, otra vida. 
Lo que empieza como una obsesión por un parecido imposible se enreda con otra trama: el prototipo que Simón desarrolla en secreto, y que gobiernos, agentes extranjeros y hasta su propia familia están dispuestos a lo que sea por conseguir. 
Su vida se convierte en una sucesión de dobles intenciones, tratos peligrosos y pasiones sin medias tintas. Entre Buenos Aires y la Toscana, El juego de las dudas narra el amor como un territorio incierto, donde nunca se sabe del todo a quién se ama, ni por qué. Una novela sobre el deseo, la identidad y esa zona gris donde no existen certezas.

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