Brigitte Bardot por Simone de Beauvoir
por Luis Carranza Torres
El ensayo de Simone de Beauvoir sobre Brigitte Bardot, es un hito de la crítica cultural. En él, la autora de El segundo sexo la analiza a Bardot no como una actriz de cine, sino como un síntoma de cambio social profundo.
Hoy en día, cualquier edición de las obras completas de Beauvoir en Francia sitúa este texto como uno de sus análisis sociológicos más brillantes del siglo XX.
Curiosamente, se publicó primero en inglés antes que en francés. Apareció por primera vez en agosto de 1959 en la revista estadounidense "Esquire"como Brigitte Bardot and the Lolita Syndrome. Fue un encargo de la revista a la filósofa para que explicara a los americanos el fenómeno de esta mujer que estaba volviendo loco al mundo.
Poco después, ese mismo año, se publicó en la prestigiosa revista literaria y política fundada por la propia Beauvoir y Jean-Paul Sartre, "Les Temps Modernes". El título, obviamente en francés fue una traducción del original: Brigitte Bardot et le syndrome de Lolita.
Algo más tarde, en 1960, la editorial Gallimard lo editó como un pequeño volumen independiente, a menudo acompañado de fotografías de la actriz para ilustrar las tesis de la filósofa.
Lo más increíble es que Simone de Beauvoir escribió el ensayo en francés, pero lo envió a la revista Esquire para su traducción al inglés. El manuscrito original en francés se perdió poco después. Durante décadas, la versión que leyeron los franceses fue, en realidad, una "retraducción" desde el inglés, no el texto que ella escribió de su puño y letra.
En dicho trabajo De Beauvoir argumenta que, antes de Bardot, las estrellas de cine (como Marlene Dietrich o Greta Garbo) eran "construcciones" de glamour sofisticado y distante. Eran diosas inalcanzables.
A diferencia de ellas, Bardot se presenta como alguien natural. No busca seducir de forma calculada; simplemente "es". Para De Beauvoir, Bardot es la primera mujer en el cine que actúa con la misma libertad y desparpajo que un hombre. Es el paso de la mujer objeto, a la mujer sujeto.
La referencia en el título a la novela de Nabokov (Lolita) tiene como razón, que para la autora Bardot combina un cuerpo de mujer adulta y sensual con una actitud de niña indiferente a las normas sociales.
Llama a esta mezcla "el síndrome de Lolita", resultando una feminidad que no acepta las reglas de la moral burguesa, ni el papel de "esposa sacrificada", ni el de "femme fatale" malvada. Se trata para De Beauvoir de alguien "amoral", y no inmoral.
De Beauvoir observa asimismo que Bardot aterroriza a los hombres franceses de la época, preguntándose el por qué. Entiende al respecto que la causa de tal temor es porque ella no busca la aprobación masculina, tratando a los hombres como sus iguales: los desea y los deja con la misma naturalidad.
Según la filósofa, el odio que muchas personas sentían por Bardot era en realidad miedo a la libertad que ella representaba.
Para De Beauvoir, Bardot es una figura auténtica que camina descalza, despeinada y no oculta sus emociones, representando un "erotismo agresivo" que no pide permiso y no siendo su belleza un adorno para el hombre, sino una fuerza de la naturaleza.
Aunque Bardot nunca se consideró feminista (e incluso criticó el movimiento años después), De Beauvoir la identifica como una pionera. El ensayo concluye que Bardot es "la locomotora de la historia de las mujeres", porque su sola presencia rompió las cadenas de lo que se consideraba una "mujer decente" en la Francia de posguerra. Ya que en su opinión, Brigitte Bardot fue el primer ser humano femenino en la pantalla que vivió su sexualidad sin vergüenza y sin culpa, convirtiéndose en un espejo donde la sociedad francesa vio reflejada su propia hipocresía.
De Beauvoir vio en la pantalla con Brigitte algo que no encontraba en otra parte: una mujer que se comportaba como un ser humano libre. De allí que en su ensayo no analizó la "actuación" de Bardot, sino el fenómeno Bardot como una ruptura de la historia.
De Beauvoir detestaba el glamour de Hollywood al estilo de Marilyn Monroe, entendiéndolo como la construcción masculina de una mujer objeto, destinada a ser mostrada o consumida.
Se trataba de la antítesis de Brigitte, que andaba descalza, despeinada, sin maquillaje y sin intentar agradar. Por eso entendía a B.B. como la antítesis de la hipocresía burguesa francesa, moralista a las que Brigitte enseñaba que el deseo era algo natural en los humanos.
El ensayo de Simone era también un golpe duro para los intelectuales, que solían despreciar el cine comercial, al decirles poco tácitamente, que esa chica rubia que bailaba mambo en una mesa era más revolucionaria que muchos de sus discursos y estudios, por estar cambiando la mentalidad de toda una época, especialmente en las mujeres.
Cuando el ensayo se publicó, la prensa francesa lo utilizó para atacar a ambas. Lo que los críticos no entendían es que De Beauvoir estaba haciendo algo revolucionario, tratando la cultura pop con el mismo rigor científico con el que se analiza a autores clásicos como Aristóteles o Kant. Daba los pasos iniciales de lo que hoy llamamos "Estudios Culturales".
Aunque hoy lo consideramos una de las piezas claves de dicha categoría, la edición original en inglés de 1959 fue censurada y recortada antes de llegar a las librerías de Estados Unidos y el Reino Unido.
En el gobierno francés de la época, a pesar de que los ministros más conservadores se escandalizaban con el texto de Beauvoir, se dice que el presidente De Gaulle, a pesar de su imagen severa, solía decir en privado: "Bardot es más inteligente que sus películas y De Beauvoir es más apasionada que sus libros".
En el ensayo, Simone de Beauvoir escribió una frase que resultó ser profética sobre el final de la vida de Bardot: "Bardot es un ser que se consume a sí mismo. Su libertad es tan absoluta que, tarde o temprano, el mundo no tendrá lugar para ella".
De Beauvoir predijo que una libertad tan radical como la de BB solo podía terminar en el aislamiento total. Brigitte pasó los últimos 50 años de su vida encerrada tras los muros de "La Madrague", rechazando el mundo de los humanos para vivir entre animales.
Para De Beauvoir, Bardot era la prueba viviente de que la mujer podía escapar del "Eterno Femenino", ese concepto de que las mujeres deben ser delicadas, maternales y dependientes, ya que Brigitte no sabía cocinar, no quería ser madre, no era una esposa abnegada y no le importaba el protocolo.
De allí que para la filósofa, fuera una "Mujer Existencialista" emblemática, principalmente por resultar alguien que se inventaba a sí misma cada mañana, sin pasado y sin destino preestablecido.
Esta relación fue no solo intelectual sino también unidireccional: mientras Simone de Beauvoir veía en Brigitte un tratado viviente sobre la libertad femenina, Brigitte se mantuvo indiferente a la profundidad del análisis de la filósofa.
Vivía por instinto, incluso por pasión, no por teorías. En alguna ocasión comentó que no necesitaba que una filósofa le explicara por qué caminaba descalza; ella simplemente lo hacía porque le dolían los pies o le gustaba el contacto con la tierra.
Hasta donde sabemos, aunque ambas vivían en París y frecuentaban círculos artísticos, nunca llegaron a conocerse o tener una relación.
Brigitte admitió años más tarde que, aunque sabía de la existencia del ensayo y del respeto que De Beauvoir le tenía, nunca se sintió identificada con el movimiento feminista intelectual.
A pesar de su desinterés declarado por la filosofía, Brigitte guardaba en su biblioteca personal una edición de las obras de De Beauvoir. Nunca se supo si la leyó completa, pero cuando le preguntaron por qué la conservaba, simplemente dijo que era un honor que "una mujer tan inteligente hubiera perdido el tiempo pensando en una tonta como yo".
Puede que esa falsa modestia de Bardot fuera el modo que encontró para protegerse del escrutinio intelectual de una mujer a la que, en el fondo, respetaba.
A las dos en definitiva les asistía algo de razón, como suele suceder frente a las situaciones humanas complejas. De Beauvoir respecto a que Brigitte liberó a las mujeres a través de su imagen y Brigitte en que ella no quería liberar a nadie, solo quería ser libre ella misma.
En última instancia, el encuentro a distancia entre Simone de Beauvoir y Brigitte Bardot representa uno de los diálogos más fascinantes del siglo XX, precisamente porque ocurrió en el vacío de la incomunicación. Fue el choque entre la teoría de la libertad y la libertad en acto.
La filósofa vio el cambio del mundo, mientras que la actriz simplemente fue el cambio. De allí que Beauvoir y Bardot permanecen unidas en la historia como las dos caras de la misma moneda: la necesidad intelectual de la libertad y el derecho salvaje de ejercerla.
Dos líneas paralelas que solo pueden cruzarse en el infinito del mito.
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