Creación del regimiento de granaderos a caballo
por Luis Carranza Torres
Los Granaderos a Caballo fueron creado el 16 de marzo de 1812 por el Teniente Coronel José de San Martín, por orden del Primer Triunvirato, como un escuadrón de caballería y con el objetivo de formar una unidad de élite profesional para la guerra de independencia argentina.
Tal creación no supuso simplemente la adición de una unidad más al precario ejército revolucionario; representó un cambio de paradigma en la concepción de la guerra y la profesionalización de las fuerzas armadas en el Cono Sur.
Su proyecto fue formar una unidad de elite, inspirada en los granaderos montados franceses de Napoleón. Inicialmente, la noción de granadero había pertenecido a la infantería siendo su antecedente más remoto la creación en 1667, también en Francia, por el rey Luis XIV de los “enfant perdus”, granaderos de infantería.
Se trataba de fuerza de choque o punta de lanza, que además de su armamento de infante, llevaba un saco, la granadera, con granadas para arrojarlas al enemigo. Tales proyectiles era por entonces, bolas de hierro fundido, huecas que alojaban una carga explosiva en su interior que se encendía con una mecha.
Para inicios del siglo XIX y en cuanto a la caballería, la noción de granadero había perdido su relación con las granadas, conservándose como cuerpo de élite para romper la línea enemiga.
Inicialmente el regimiento se organizó en un escuadrón de tres compañías, aumentando rápidamente su número debido a la necesidad de la guerra. Llegó a tener, para 1817, cinco escuadrones. Este último, fue desprendido del cuerpo para crear los Cazadores a caballo que serían la escolta de San Martín durante al campaña libertadora en Chile.
Para entender el cambio que supusieron por estas tierras crear una unidad de ese tipo tiene que tenerse en consideración que antes de 1812, la caballería rioplatense se componía mayoritariamente de milicias gauchas con gran coraje pero escasa disciplina táctica.
Aun cuando pueda parecer curioso, la falta de unidades de caballería era el Talón de Aquiles de las fuerzas patriotas. Belgrano en su retirada del norte, cede a las súplicas de los tucumanos de no retroceder más al sur y presentar allí batalla con un solo pedido: que se le proporcionaran tropas de caballería.
A los efectos de cubrir dicho faltante, el entonces teniente coronel José de San Martín introdujo en América el modelo napoleónico que se había perfeccionado en Europa y observado en España combatiéndolos.
Los documentos prueban asimismo, esa urgencia por disponer de caballería reglada. El 17 de marzo, San Martín eleva su plan para la formación del inicial Escuadrón de Granaderos a Caballo. Tan solo cuatro días después, el 21 de marzo, el Triunvirato no solo lo aprobó sino que lo instó a ejecutarlo “sin pérdida de tiempo”.
Aun con la preparación de ese primer escuadrón el 11 de septiembre de 1812 el Primer triunvirato decretó la creación del segundo escuadrón y el 5 de diciembre se dispuso la creación del tercero.
Todos ellos, fueron puestos bajo el mando de San Martín, el que en los documentos oficiales pasó a ser designado con el título de comandante de Granaderos a Caballo.
El Segundo Triunvirato ascendió a José de San Martín al grado de coronel el 7 de diciembre de 1812 y creó el Regimiento de Granaderos a Caballo sobre la base de los tres escuadrones anteriores.
A diferencia de las tácticas de hostigamiento, San Martín diseñó a los Granaderos como una unidad de choque. El uso del sable, en lugar de la lanza o la carabina, obligaba al combate cuerpo a cuerpo, donde la velocidad de la carga y la formación cerrada decidían la batalla.
Se implementó un criterio de selección riguroso. No solo se buscaba aptitud física, sino una talla moral específica. El "Código de Honor" de los Granaderos estableció el primer estándar ético-militar moderno en la región.
Se creó asimismo una escuela de equitación y táctica en el Cuartel de Retiro. La repetición de maniobras permitió que la unidad operara como un bloque compacto, capaz de realizar flanqueos y cargas de precisión bajo fuego.
Históricamente, el Regimiento fue el motor del plan continental. Sin esta fuerza de élite, la logística y la ejecución del Cruce de los Andes habrían carecido de una punta de lanza confiable.
Su bautismo de fuego en el combate de San Lorenzo, fue la validación del método. En solo 15 minutos, la táctica de pinzas y la disciplina de fuego demostraron que las fuerzas realistas no eran invencibles en el litoral.
Tuvo asimismo un efecto multiplicador, al funcionar como una escuela de cuadros para todo el ejército. Muchos de los oficiales y suboficiales formados bajo la disciplina sanmartiniana terminaron liderando otras unidades o incluso ejércitos nacionales en la formación de las nuevas repúblicas de Chile y Perú.
Disuelto por Rivadavia en 1827, a la vuelta del Ejército Libertador a Buenos Aires, el 29 de mayo de 1903 el presidente Julio Argentino Roca firmó el decreto que determinó la recreación del Regimiento de Granaderos a Caballo General San Martín sobre la base del mejor regimiento de caballería de línea, usando como uniforme de parada el histórico que diseñara San Martín; cuatro años más tarde el presidente José Figueroa Alcorta lo designó Escolta Presidencial.
Como dice Santiago Rivas en su artículo Aliados de la Gloria: "El Regimiento de Granaderos a Caballo es tal vez la unidad más emblemática del Ejército Argentino y una de las que tiene más historia, habiendo sido protagonista de la libertad de una gran parte de América del Sur. Hoy, mucho más allá de su actividad ceremonial, la unidad cumple una de las tareas de mayor responsabilidad de la fuerza: la custodia presidencial".
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