Los lectores de libros prohibidos

 


Por Luis R. Carranza Torres

 

Todo inició con lecturas prohibidas: poco se conoce que las ideas que condujeron al primer gobierno patrio se iniciaron lejos de Buenos Aires y de un modo muy particular. A fin de cuentas, todo lo pasó en la semana de mayo de 1810, ocurrió por leer libros vedados. Textos de allende los mares con nuevas ideas, que germinaron en mentes jóvenes. Estudiantes que vivían en un virreinato de estructuras anquilosadas, peleado con el cambio, temeroso del futuro.

En el claustro del colegio de Monserrat están los nombres de algunos de ellos, concurrentes al cabildo abierto del 22 de mayo de 1810; pero la noticia en el muro, respecto de tal participación, no da mayores pistas de la historia subyacente. Aquella de un grupo de jóvenes estudiantes, que leyendo a escondidas libros prohibidos, cambió la historia de nuestro país.

Debe recalcarse a este respecto, que las posesiones españolas de América, inician sus procesos de independencia de la metrópoli, como expresa Andrés Cisneros en su introducción a la Historia de la Relaciones Exteriores argentinas, “en el contexto del vacío de poder producido por la prisión de Fernando VII y la invasión napoleónica de España, que volvía inexorable un cambio, y que depositaba el futuro en las manos de quienes tuvieran el coraje, la fuerza y la fortuna de imponerse al abismo que se abría a sus pies”. Y ellos lo tuvieron.

Es que desde bastante tiempo atrás, España ya no era la de antes. Declinaba, en muchas cosas. Y como rasgo más evidente de su decadencia, esa España en retirada, era un estado temeroso de casi todo y casi todos. Y, en especial, de las ideas nuevas impresas en papel. De allí que en el Imperio español estaba prohibido la lectura de De L’esirit des lois de Montesquieu, así como toda difusión de la Encyclopédie. En 1762 se vedó la entrada de cualquiera de las obras que respondiera a la pluma de ese sujeto Voltaire. In crescendo en esta vorágine prohibitiva, la Emile de Rosseau fue quemada en público ante la iglesia de los dominicos en Madrid.

Sin embargo, y a través de distintos medios se leía la obra de tales pensadores tanto en la metrópoli como en Hispanoamérica. Córdoba y su universidad no fue la excepción a ello. Los claustros del Monserrat, tampoco.

Era por ese tiempo, la Universidad Real de Córdoba, como nos recuerda Enrique Martínez Paz en su obra La vida del Colegio Real de Nuestra Señora de Monserrat: “Una especie de hogar común, un alma mater, a cuyas cátedras, conclusiones, tesis, oposiciones, grados y solemnidades intelectuales y religiosas, concurrían estudiantes de distintas procedencias; el plan pedagógico de la Universidad no quedaba integrado con sólo la enseñanza de sus cátedras; hacían parte de él, de una manera decisiva, la disciplina moral y educacional que imponían los Colegios Mayores de la Universidad”.

Ocultos en arcones, contrabandeados entre equipajes y vituallas, los libros de la libertad entran al colegio, circulan de mano en mano con toda discreción, capturan lectores y forman secretos grupos para su lectura y discusión, en paralelo a la actividad académica reglada, y fuera de la esfera de vigilancia de las autoridades.

Los altos cargos directivos, para su intranquilidad y desconsuelo, sabían lo que ocurría, sin poder detenerlo. Es por ello que el rector, padre Guittián, escribe en el “Libro privado en que se apunta el ingreso y salida de los Colegiales”, correspondiente al período 1772-1810, respecto del alumno Antonio de Esquerrenea: "Es muy adicto a doctrinas nuevas. Dios lo libre de que le caigan en las manos libros de los Países Bajos, o del Norte, y también los de algunos libertinos franceses”. Aunque no lo sabía el rector, ya era tarde.

Como nos dice Félix Torres, en La Historia que escribí, acta respecto del asunto que el presbítero Juan Ignacio Gorriti, monserratense de la época, afirmaba que tales libros eran conocidos entre los estudiantes, “en muy corto número y entre gallos y medianoche”.

Un memorial del Cabildo Eclesiástico cordobés al virrey Avilés del 5 de febrero de 1785, advierte asimismo de tales “opiniones falsas y perturbadoras de la paz pública”.

Los alumnos cambian impresiones sobre las nuevas ideas. La independencia de Estados Unidos en 1776, o el levantamiento indígena de Tupac Amarú, inciden y dan impulso a esos círculos clandestinos de lecturas prohibidas.

Ello determina que, como expresa Julio César Chávez en su obra El Supremo Dictador, entre 1778 y 1788 se forma en el ámbito de los colegios universitarios de Córdoba, toda una generación, a lo largo de diez años, “dejará los claustros con nuevos ideales, alerta para promover y encauzar una profunda transformación en el continente”.

Fueron parte de ella, no sólo gentes de nuestras tierras como Juan José Paso, Antonio Domingo de Esquerrenea, Juan José Castelli, Pedro y Mariano Medrano, Juan Ignacio y Juan José Gorriti, Domingo Belgrano, Saturnino Rodríguez Peña, entre otros, sino también paraguayos como José Gaspar Francia y Francisco Xavier de Bogarín, o el chileno Gabino de Sierra Alta, entre otros.

El recambio de ideas y el ansia de nuevas libertades de los monserratenses es algo lento, pero imparable. Y decanta en nuestra realidad nacional en mayo de 1810.  Son una presencia palpable, como puede verse, en la conformación de la Primera Junta con Paso, Castelli y Alberti, nada menos. Actores centrales del cambio gubernativo.

La secreta sociedad de libros prohibidos había, finalmente, triunfado en sus ideas de libertad y autogobierno. E iría por más.

 

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SOBRE EL AUTOR DE LA NOTA: Luis Carranza Torres nació en Córdoba, República Argentina. Es abogado y Doctor en Ciencias Jurídicas, profesor universitario y miembro de diversas asociaciones históricas y jurídicas. Ejerce su profesión, la docencia universitaria y el periodismo. Es autor de diversas obras jurídicas y de las novelas Yo Luis de Tejeda (1996), La sombra del caudillo (2001), Los laureles del olvido (2009), Secretos en Juicio (2013), Palabras Silenciadas (2015), El Juego de las Dudas (2016), Mujeres de Invierno (2017), Secretos de un Ausente (2018), Hijos de la Tormenta (2018), Náufragos en un Mundo Extraño (2019), Germánicus. El Corazón de la Espada (2020), Germánicus. Entre Marte y Venus (2021), Los Extraños de Mayo (2022), La Traidora (2023), Senderos de Odio (2024) y Vientos de Libertad (2025). Ha recibido la mención especial del premio Joven Jurista de la Academia Nacional de Derecho (2001), el premio “Diez jóvenes sobresalientes del año”, por la Bolsa de Comercio de Córdoba (2004). En 2009, ganó el primer premio en el 1º concurso de literatura de aventuras “Historia de España”, en Cádiz y en 2015 Ganó la segunda II Edición del Premio Leer y Leer en el rubro novela de suspenso en Buenos Aires. En 2021 fue reconocido por su trayectoria en las letras como novelista y como autor de textos jurídicos por la Legislatura de la Provincia de Córdoba.



Una mujer humillada y desposeída.

La tentación de recuperarlo todo.

Un secreto vital que obtener tras la cordillera.

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Provincias Unidas de Sudamérica, 1816. Las tierras del antiguo Virreinato del Río de la Plata han declarado su independencia de la corona española, en el peor de los momentos posibles. El nuevo país, libre pero cargado de dificultades y retos, apuesta a remontar sus derrotas en el Alto Perú, con el audaz plan de formar un nuevo ejército y cruzar la cordillera para batir a los realistas por el oeste.

En Chile, Sebastiana Núñez Gálvez ha visto desbarrancar su mundo de lujos, pero también de oscuridades, tras la reconquista realista del país. Ajusticiado su esposo por liderar el bando patriota y confiscados todos sus bienes, malvive en la extrema necesitad. Una falta de todo que la ha hecho abjurar de cualquier creencia y hasta de su reputación, para conseguir subsistir.

El Mariscal español Marco del Pont lo sabe perfectamente, y le ofrece devolverle todas sus posesiones y alcurnia, a cambio de pasar a Mendoza y obtener el secreto mejor guardado del Gobernador de Cuyo y General en jefe de ese nuevo ejército, José de San Martín: por dónde pasarán sus tropas a Chile.

Sebastiana es una mujer decidida a todo para averiguarlo; apuesta para lograrlo a su antiguo y fuerte vínculo de amistad con la esposa del gobernador y General en jefe, Remedios de Escalada. No le importa tener que mentir, engañar o traicionar viejas lealtades.

Pero la imprevista relación con un oficial de granaderos trastocará sus planes. Alguien que, precisamente, debe mantener a los secretos de su jefe a salvo de los espías realistas. 

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