Un actor de abogados
por Luis Carranza Torres
Más allá de sus inolvidables interpretaciones en la
pantalla, la vida real de Robert Duvall tuvo hilos directos con el mundo del
derecho, algunos de ellos tan cercanos como su propia mesa familiar.
Nacido el 5 de enero de 1931 en San Diego, California y
fallecido este 16 de febrero de 2026, a los 95 años en su casa de Virginia, en
su legado para el mundo del cine los papeles que tienen que ver con el derecho
ocuparon un lugar central.
Aunque Robert creció en una familia de tradición
militar (su padre fue contraalmirante en la marina de Estados Unidos), el mundo
legal no le era ajeno en casa. Su hermano menor, John Duvall, desarrolló una
exitosa carrera como abogado de entretenimiento en Hollywood. Esta cercanía le
permitió a Robert tener una referencia directa sobre la jerga, la mentalidad y
el manejo profesional de los abogados, algo que seguramente nutrió la
naturalidad con la que interpretó.
Su hermano John no era el típico abogado penalista de
pasillo de tribunal, sino el que manejaba los complejos contratos, derechos de
autor y negociaciones detrás de escena. Se dice que Robert siempre tuvo a John
como una referencia de consulta cuando tenía que interpretar abogados (como el
icónico Tom Hagen o el astuto Jerome Facher); hacía uso, sobre todo, de la
mentalidad estratégica de su hermano. John entendía cómo funcionaba el poder en
las sombras, algo que Robert tradujo magistralmente en la pantalla.
Paradójicamente, si bien su debut en el cine fue en
1960 de la mano de una película que retrata un juicio, Matar a un ruiseñor, no
tiene ningún papel legal, sino que encarna al misterioso Boo Radley.
Sin duda, su papel más legendario en el ámbito legal
fue como Tom Hagen, el consigliere y abogado de la familia Corleone en
El Padrino I y II. A diferencia de los abogados agresivos de otras películas,
su Hagen era cerebral, calmado y extremadamente leal, actuando como la
"voz de la razón" jurídica y estratégica para Vito y Michael
Corleone.
Para componer el personaje Duvall analizó que en una
familia de italianos volcánicos como los Corleone (la pasión de Vito, la furia
de Sonny, la frialdad de Michael), el abogado debía ser el punto de equilibrio.
Decidió entonces que Hagen nunca debía levantar la
voz. Mientras otros personajes sudaban o gritaban, él se mantenía impecable.
Esa calma no era falta de carácter, sino una demostración de poder: era el
único que no necesitaba gritar para ser escuchado.
Fue nominado al premio Óscar como mejor actor por su
interpretación del calmado y peligroso Tom en la primera película de la saga.
Luego, en Una
acción civil de 1998, un drama legal basado en hechos reales, interpretó a
Jerome Facher, un veterano y astuto abogado que defiende a una gran corporación
acusada de contaminar agua.
Su actuación
brillante que le valió una nueva nominación al Óscar como Mejor Actor de
Reparto. Logró retratar a un abogado que, aunque parece desaliñado y distraído
(siempre lleva una bolsa de papel con su almuerzo), es en realidad un estratega
implacable en los tribunales.
En una de sus actuaciones más potentes de los últimos
años, en la película El Juez de 2014 interpreta al veterano Juez Joseph Palmer.
La trama es fascinante porque el personaje, que ha dedicado su vida a impartir
justicia, termina siendo el acusado de un asesinato por atropellar a una
persona.
Esta película lo reunió con Robert Downey Jr. quien
hace de su hijo y abogado en el filme. Por este papel, Duvall volvió a ser
nominado al Óscar, convirtiéndose en ese momento en el actor de mayor edad en
recibir una nominación en esa categoría.
Como dato curioso, en la película El Juez, se hace una
referencia directa a Atticus Finch, el famoso abogado de la película Matar a un
Ruiseñor en que debutó como actor en cine, cerrando un círculo poético en su
carrera que comenzó y terminó, en grandes roles, cerca de un estrado.
Fue también por una cuestión legal que pudo pagar sus
estudios superiores de actuación. Tras servir en el ejército de los EE. UU.
entre 1953 y 1954, gracias al GI Bill (la ley que otorgaba beneficios a los
veteranos), pudo pagarse sus estudios de actuación en Nueva York en la
prestigiosa escuela Neighborhood Playhouse School of the Theatre, donde fue
compañero de clase y amigo cercano de Dustin Hoffman y Gene Hackman. Sin tal
ley de ayuda a los antiguos integrantes del ejército, quizás nunca habríamos
tenido al Duvall actor.
Tuve la suerte de conocerlo en 1993. Estaba en la mesa
contigua de un restaurante en Georgetown Park, un centro comercial en
Washington D.C. casi a orillas del Potomac. Fue por demás amable. Al enterarse
que era argentino, declaró su amor por el tango.
Lejos estaba por esas fechas, siendo solo un
estudiante aprendiendo del sistema jurídico anglo, de saber que su cuarta
esposa a fines de esa década, la argentina Luciana Pedraza, sería una prima
lejana de mamá.
Duvall fue, en esencia, un puente entre mundos. Unió
la disciplina militar con la sensibilidad artística, y logró mostrar en la gran
pantalla el formalismo y hasta la ferocidad de la profesión legal desde un
punto de vista creativo. Sin importar el tipo de abogado del que se tratara.















