Una fecha para recordar soberanía



 por Luis Carranza Torres

Cada 10 de junio se conmemora el Día de la Afirmación de los Derechos Argentinos sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur y los espacios marítimos circundantes. Esta efeméride tiene sus raíces en un hecho fundamental ocurrido en 1829. El cual, a su vez, resulta la consecuencia de un proceso previo y continuo de afirmación de la soberanía desde 1810.

Los actos soberanos sobre Malvinas venían de antiguo y eran varias. El primero, a solo 5 días de la Revolución de Mayo cuando el 30 de mayo de 1810 la Primera Junta de Gobierno de Buenos Aires ordenó pagar el sueldo al comandante de Malvinas. En el oficio librado por Cornelio Saavedra se indicaba:

"Con fecha de 20 de marzo último se dijo a ustedes por esta Superintendencia General subdelegada de Real Hacienda lo siguiente. En Orden de 13 de diciembre de 1806 dije a ustedes lo que sigue. Con esta fecha paso al señor comandante de Marina de este Apostadero el oficio que sigue. "Habiendo notado que después de haberse resuelto en Junta Superior de Real Hacienda que para los gastos y pagamentos se considere en adelante el establecimiento de Malvinas como un buque navegando, y a todos los empleados en aquel destino como dependientes del mismo buque, debiendo seguirse la cuenta y razón por la Marina del mismo modo que la de las demás embarcaciones de guerra con arreglo a sus particulares y privativas ordenanzas; se hacen presentaciones en solicitud de algunos pagos por las Cajas Reales, y aún se han mandado por esta superioridad ejecutar varios en la de esta Plaza, como son las gratificaciones del comandante y ministros, jornales de maestranza y algún otro: he determinado, que en adelante se satisfagan por el Ministro de Marina de este Apostadero, todos los sueldos, gratificaciones, jornales y demás gastos que ocurran en dicho establecimiento o pertenezcan a él, sean de la clase que fueren, para conservar la unidad en el modo, tan necesaria y conveniente en los objetos del real servicio de una misma clase, y llevan a efecto como es debido la disposición de la Junta Superior. Lo que comunico a usted para su inteligencia, y que lo traslade al Ministro de este Apostadero advirtiéndole que con esta fecha prevengo a los de la Tesorería General de Ejército y Real Hacienda que le remitan copias certificadas de las Reales Ordenes que haya en la misma Tesorería General sobre asignaciones o algunos otros puntos de Malvinas, cuya noticia sea precisa al citado Ministro. Y lo traslado a ustedes para su inteligencia y cumplimiento en la parte que les toca debiendo tomarse razón en el Tribunal de Cuentas. Y lo inserto a ustedes previniéndoles nuevamente que sin otra demora den cumplimiento en la parte que les toca tomándose razón en el Tribunal de Cuentas si aún no se ha ejecutado". 

Y habiendo ocurrido ahora al señor comandante de Marina manifestando no haberle ustedes pasado todavía las referidas copias, incluye a ustedes esta Junta Gubernativa el oficio del expresado señor comandante de Marina, para que con su vista y devolución pasen a esta misma Junta las indicadas copias. Dios guarde a ustedes muchos años. Buenos Aires 30 de mayo de 1810.

Cornelio de Saavedra (Firma y rúbrica).

Juan José Paso (Firma y rúbrica).

Secretario

Fue el primero de muchos actos, como veremos a continuación. 

El 30 de enero de 1813, el gobierno de Buenos Aires autorizó a Enrique Torres para cazar lobos marinos en las Malvinas con su bergantín El Rastrero.

En 1816, el ministro de guerra interino Berutti recibió un oficio del gobernador de Cuyo, coronel mayor José de San Martín, solicitándole el envío de presidiarios de las islas Malvinas, entre otros lugares de presidio militar, para incorporarlos al Ejército de los Andes. Hemos escrito al respecto en La carta de San Martín sobre las Islas Malvinas.

En 1818 el foquero Espíritu Santo en su viaje a la Antártida y procedente de Buenos Aires, se habría abastecido en Puerto Soledad.

Sello de la comandancia de Malvinas y adyacencias

Preocupado por la explotación ilegal de ballenas y focas en los mares del sur, a principios de 1820 el gobierno de Buenos Aires decidió enviar a un oficial para que hiciera formal toma de posesión del archipiélago y obligara a acatar sus disposiciones administrativas concernientes a la actividad pesquera. El coronel David Jewett cumplió la orden el 6 de noviembre de ese año.

El detalle de ese acto lo hemos narrado en La primera bandera argentina que ondeó en Malvinas

Siete meses después fue reemplazado por Guillermo Mason como nuevo representante en las Malvinas, cargo que desempeñó hasta junio del mismo año.

El rioplatense Jorge Pacheco y el empresario franco-argentino, aunque nacido en Alemania, Luis Vernet solicitaron al gobierno que se les concediera una patente para establecer un asentamiento en las islas y se nombrara a un nuevo oficial a cargo. El gobierno accedió y efectuó los nombramientos otorgando las licencias pedidas. 

Ese mismo año, 1821,  el comandante político y militar de Patagones, el teniente coronel Gabriel de la Oyuela, elevó un reporte a las autoridades en Buenos Aires dando noticia de los excesos de los navíos extranjeros en las costas patagónicas y su negativa a pagar derechos de explotación. 

En virtud de ello la Honorable Junta de Representantes de Buenos Aires el 22 de octubre dictó la Ley de Caza y Pesca, en la que se establecía que los extranjeros que realizaran faenas por temporada, deberían pagar un derecho de seis pesos por tonelada de pescado, mientras que los que formasen un establecimiento fijo gozarían de condiciones especiales de acuerdo a un régimen de fomento, por lo que tributarían montos más reducidos, llegando en algunos casos a obtener derechos de pesca sin cargas tributarias por un plazo no menor a ocho años.

Posteriormente la ley fue complementada mediante los decretos del 15 de enero de 1822 y del 22 de octubre de 1829 que implementaron medidas de conservación más restrictivas.

En 23 de agosto de 1823 Luis Vernet y Jorge Pacheco, solicitaron al gobierno de Buenos Aires el usufructo de las carnes, cueros y ganado vacuno en la isla Soledad, haciéndose cargo de la "refacción de los edificios para tenerlos a disposición de las autoridades cuando éstas lo necesitasen", concesión que fue aprobada por el decreto del 28 de agosto de 1823 firmado por Martín Rodríguez y Bernardino Rivadavia.

Pacheco solicitó al gobierno que nombrara al capitán de milicias entrerriano Pablo Areguatí como nuevo comandante militar de las Malvinas, lo que se hizo por decreto del 2 de febrero de 1823 Areguatí fue nombrado comandante militar de la isla Soledad, hasta agosto de ese año. Asimismo, el gobierno por decreto, el 18 de diciembre de 1823 le otorgó las tierras de la isla Soledad a Jorge Pacheco.

Los colonos llegaron a Puerto Soledad en febrero de 1824, sin embargo, el material del que disponían y el entrenamiento de los peones resultaron inadecuados, y la expedición decidió regresar en agosto. Se realizó un nuevo intento dos años más tarde, esta vez exitoso, formando un próspero asentamiento permanente bajo la dirección de Vernet. A principios de 1828 el gobierno de la ya entonces República Argentina amplió la concesión de los colonos.

Por decreto del 5 de enero de 1828, el gobierno de Buenos Aires le encomendó a Pacheco las tierras de la parte sudeste de la isla Soledad y a Vernet los terrenos baldíos de la misma isla y de la Isla de los Estados, reservándose 10 leguas en ambas, debiendo levantar una colonia en un plazo de tres años.

Puerto Soledad, oleo de Luisa Vernet.

Con fecha 10 de junio de 1829 se estableció de parte del gobierno de Buenos Aires que: Las islas Malvinas y las adyacentes al cabo de Hornos en el mar Atlántico serán regidas por un comandante político y militar nombrado inmediatamente por el Gobierno de la República”, se expresaba en el primer artículo del decreto del gobernador delegado de Buenos Aires, Martín Rodríguez, suscripto asimismo por su ministro Salvador María del Carril. En el segundo artículo se establecía que “La residencia del comandante político y militar será en la isla de la Soledad y en ella se establecerá una batería bajo el pabellón de la República”. Estipulaba asimismo que “El comandante político y militar hará observar por la población de dichas islas, las leyes de la República y cuidará en sus costas de la ejecución de los reglamentos sobre pesca de anfibios”, en su tercer artículo.

En los considerandos del decreto se afirmaba:

"Cuando por la gloriosa revolución de 25 de mayo de 1810 se separaron estas provincias de la dominación de la Métropoli, la España tenía una posesión material de las Islas Malvinas y de todas las demás que rodean el cabo de Hornos, incluso las que se conoce bajo la denominación de Tierra del Fuego, hallándose justificada aquella posesión por el derecho de primer ocupante, por el consentimiento de las principales potencias marítimas de Europa, y por la adyacencia de estas islas al continente que formaba el Virreinato de Buenos Aires, de cuyo gobierno dependían.

Por esta razón habiendo entrado el Gobierno de la República en la sucesión de todos los derechos que tenía sobre estas provincias la antigua Métropoli y de que gozaban sus virreyes ha seguido ejerciendo actos de dominio en dichas islas, sus puertos y costas; a pesar de que las circunstancias no han permitido hasta ahora dar a aquella parte del territorio de la República la atención y cuidados que su importancia exige.

Pero siendo necesario no demorar por más tiempo las medidas que puedan poner a cubierto los derechos de la República haciéndole al mismo tiempo gozar de las ventajas que pueden dar los productos de aquellas islas y asegurando la protección debida a su población". 

Una comandancia por ese tiempo era una entidad administrativa y territorial autónoma, heredada de la estructura española. Centralizaba el poder político, judicial y militar en regiones de frontera, colonias o territorios estratégicos. El comandante, con amplios poderes, respondía directamente al gobierno central, teniendo funciones de poder civil, judicial y de defensa del Estado. Entre ésta se incluían el hacer cumplir las leyes del país, garantizar el orden interno y la protección militar del territorio y de la población local, así como el control de los recursos en las costas de las islas y zonas aledañas hasta el Cabo de Hornos.

Luis Vernet, un empresario de origen hamburgués radicado en Buenos Aires que ya había intentado colonizar las islas dos veces, fue designado su primer comandante. No era un militar de carrera, sino un hombre pragmático, tenaz y visionario que había arriesgado su propio capital en aquellas tierras ventosas.

El 15 de julio Vernet se trasladó a las Malvinas junto con su esposa, María Sáez, y sus hijos Emilio, Luisa y Sofía. Los acompañaron 38 colonos, además personal de servicio y peones.

Al jurar la bandera y tomar posesión de su cargo, el 30 de agosto, leyó una proclama acompañada con las tradicionales veintiún salvas de cañón. Eligió tal día por ser el aniversario de Santa Rosa de Lima, patrona de la América, para “ejercer de nuevo un acto formal de dominio que tiene la república” respecto de “estas Islas Malvinas, las de Tierra del Fuego y sus adyacentes y demás territorios desde donde acaba el de la comandancia de Patagones, hasta el Cabo de Hornos; y al efecto ha enarbolado en este día el pabellón de la República saludándolo en la mejor forma que permite el naciente estado de esta población”, esperando de su parte “….que cada uno de los habitantes dará en todo tiempo de subordinación a las leyes, viviendo como hermanos en unión y armonía a fin de que con el incremento de población que se espera y que el Superior Gobierno ha prometido fomentar y proteger nazca en su territorio austral una población que haga honor a la República cuyo dominio reconocemos ¡Viva la patria!”.

El nuevo comandante procedió a mejorar el asentamiento de Puerto Soledad, que se asentaba en el sector occidental de la Bahía de la Anunciación, al noreste de la Isla Soledad, al que rebautizó como Puerto Luis. Agregó diez viviendas, para el cirujano, el almacén y el despensero, entre otros; luego, edificó otras para los peones. Implementó diversas políticas para desarrollar la economía: promovió la exportación de cueros y carne salada; auspició la inmigración, nombrando agentes en el extranjero para que reclutasen colonos; cartografió el archipiélago; dividió las islas en once secciones, cada una a cargo de un funcionario de contralor independiente; parceló y distribuyó las tierras entre los colonos. Vernet sellaba la documentación con un timbre que decía "Comandancia de Malvinas y adyacentes" alrededor del escudo nacional.

La actividad económica central era la producción ganadera, pero también se desarrollaba la pesca de merluza y la caza de focas y lobos marinos. Los productos de las islas tenían como principal mercado a Buenos Aires. Al efecto, la comandancia tenía asignadas algunas naves de transporte, comandadas por el asistente de Vernet, Matthew Brisbane, Emilio Vernet y otros.

La población estable aumentó rápidamente, y superó el centenar de individuos. Cuando arribaban naves loberas y pesqueras contratadas por la comandancia, ese número podía triplicarse. En 1830 nacieron los primeros seres humanos del archipiélago, entre ellos la cuarta hija de Vernet, el 5 de febrero, a la que se llamó Malvina.

Las proyecciones del asentamiento eran óptimas, y Vernet comenzó a planear la organización concreta de la proyectada comandancia sobre el estrecho de Magallanes. Envió a Brisbane en el buque Unicorn para lograr la cooperación de los indígenas tehuelches del extremo meridional del continente. Estableció contacto con una cacique a la que se llamaba Reina María y la invitó a pasar dos semanas en las islas Malvinas. La mujer aceptó la invitación y la propuesta de bendecir la segunda comandancia; Vernet declaró un feriado en homenaje a la líder indígena.

Todo eso quería trunco por la usurpación británica de 1833. La cual daría inicio al conflicto de soberanía que se mantiene al presente.  


Fuentes

Caillet-Bois, Ricardo R. (1982). Una tierra argentina: Las Islas Malvinas. Buenos Aires:             Academia Nacional de la Historia.

Ferns, Harry S. (1979). Gran Bretaña y Argentina en el siglo XIX. Buenos Aires: Solar/Hachette.

Groussac, Paul (1982). Las Islas Malvinas. Buenos Aires: Lugar Editorial.

Muñoz Aspiri, José (1966). Historia completa de las Malvinas. Buenos Aires: Oriente.







Una ciudad: Londres.
Una mujer cruzada por dos naciones.
Una guerra inesperada.
Un hombre misterioso.
Una historia de espías.
Un amor que no distingue banderas. 

En abril de 1982 nada parece ir bien en la vida de Gabrielle Sterling. La relación con su jefe ha terminado en una desilusión amorosa y su carrera en el servicio civil británico no avanza. Sin embargo, la vida la sorprende cuando un hombre misterioso le hace una propuesta peligrosa. De aceptar, deberá traicionar los principios en que ha sido educada, aunque también rescatará es parte olvidada que su madre le inculcó. 
Tironeada por dos banderas, deberá elegir un bando en un conflicto que día a día se muestra más próximo. En ese proceso, pondrá su propia vida en juego mientras se siente cada vez más atraída por ese hombre misterioso.
En tanto la guerra escala, intrigas, pasiones y acontecimientos imprevistos la llevarán donde nunca antes había pensado estar, mientras quienes la persiguen se hallan más cerca de descubrirla. 
En medio de esa incertidumbre, Gabrielle se sentirá más viva que nunca. Tal vez no esté traicionando a nadie, sino encontrándose, por primera vez, consigo misma.  




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