Cuando Hitchcock le dio letra a James Bond
por Luis Carranza Torres
Como suele pasar con ciertas películas, más por cuestiones de distribución que estéticas, el filme tuvo varios nombres de acuerdo al lugar del mundo donde se estrenaba. El título original es North by Northwest (1959); en España se estrenó como Con la muerte en los talones y en Hispanoamérica, incluida Argentina, como Intriga internacional.
Fue una película que recogió perfectamente el imaginario cultural respecto del espionaje y definió al género hacia adelante. Llegó a las pantallas en 1959, tres años antes de que existiera James Bond en el cine, y sin embargo cualquiera que la vea hoy jura estar frente a un Bond avant la lettre. No es casualidad ni anacronismo retrospectivo. Es que la fórmula que después perfeccionarían Cubby Broccoli y Harry Saltzman —el hombre elegante arrastrado a una trama de espías, la rubia ambigua, el villano urbano y cosmopolita, el set piece imposible en un lugar insólito— ya estaba ahí, completa, en la película que Alfred Hitchcock filmó con Cary Grant y Eva Marie Saint.
Grant fue en los hechos, la primera y única opción real de Hitchcock y Lehman desde bastante antes de cerrar el guion, si bien el personaje se había escrito en un primer momento pensando en James Stewart
Respecto de la protagonista femenina, el estudio había pensado en Cyd Charisse para el papel de Eve Kendall, y la elección de Saint sorprendió a muchos, porque hasta entonces no se la asociaba en pantalla con glamour, sofisticación ni sex appeal —venía de ganar el Oscar por La ley del silencio, un registro de actriz de método, más bien contenida, casi opuesto a lo que pedía el guion.Hitchcock había querido antes a Grace Kelly, retirada ya del cine tras casarse con el príncipe de Mónaco, y cuando esa puerta se cerró definitivamente volcó en Saint el mismo trabajo de transformación total que solía hacer con sus protagonistas.
Ese trabajo fue minucioso y bastante particular. Supervisó personalmente el pelo, el maquillaje y el vestuario de Saint, y hasta le indicó que bajara el tono de voz, mantuviera las manos quietas y sostuviera la mirada de Grant cuando le hablaba.
Como la diseñadora titular, Helen Rose, no podía dedicarle el tiempo que Hitchcock quería, él mismo la llevó a elegir la ropa directamente de las maniquíes de Bergdorf Goodman en Nueva York, algo insólito para la época, cuando el vestuario se resolvía puertas adentro del estudio. De ahí sale el traje gris que usa en el tren y el vestido rojo floreado del final, dos de las piezas más fotografiadas de todo el guardarropa hitchcockiano y que resultan fruto de una compra en una tienda.
El origen de la película tiene su propia anécdota, y como tantas anécdotas de Hollywood, mezcla el azar con la tozudez. Hitchcock venía de acordar con la MGM una adaptación de The Wreck of the Mary Deare, de Hammond Innes, proyecto que no arrancaba. El compositor Bernard Herrmann le recomendó a un guionista amigo suyo, Ernest Lehman, que en ese momento cargaba con el prestigio reciente de Sweet Smell of Success. Lehman se propuso escribir "la película de Hitchcock que terminara con todas las películas de Hitchcock", algo con ingenio, glamour, movimiento y cambios de locación. Al poco tiempo quiso abandonar el guion de Mary Deare por bloqueo creativo; Hitchcock, lejos de despedirlo, le respondió que se llevaban demasiado bien como para separarse y que escribieran otra cosa. Ahí Hitchcock soltó la frase que haría de disparador: siempre había querido filmar una persecución sobre los rostros del monte Rushmore.
De esa semilla surgieron varias ideas que los dos fueron descartando: un asesinato en la sede de Naciones Unidas, un crimen en una fábrica de autos en Detroit, un desenlace en Alaska. Terminaron quedándose con el asesinato en la ONU para abrir la trama y la persecución en Rushmore para cerrarla. Antes, incluso, hubo un título tentativo todavía más excéntrico: The Man on Lincoln's Nose, porque a Hitchcock lo perseguía la imagen de un hombre escondido en la nariz de Lincoln, delatado por un estornudo justo cuando el guardaparques se lo prohibió filmar allí.
El título definitivo —North by Northwest— salió de una sugerencia del jefe del departamento de guiones de la MGM, aunque Hitchcock, en su diálogo con Truffaut, prefería vincularlo con el verso de Hamlet: "I am but mad north-north-west". A estas alturas, casi resulta indiferente cuál historia es la más exacta.
Conviene situar el momento en la carrera de Hitchcock: llegaba después de Vertigo (1958), su film más oscuro y obsesivo, y quería, según le dijo a Truffaut, algo divertido, liviano, libre de la simbología que cargaban sus otras películas. De ahí el tono: Intriga internacional es una comedia de espionaje disfrazada de thriller, con un protagonista —Roger Thornhill, publicista de Madison Avenue confundido con un agente inexistente llamado George Kaplan— que atraviesa el país entero sin entender nunca del todo qué está pasando, y que resuelve cada trance con una ironía que nunca decae, ni siquiera cuando lo persigue un avión fumigador en medio de la nada.
Esa escena merece capítulo aparte porque es, probablemente, la secuencia más estudiada del cine de Hitchcock después de la ducha de Psicosis. Y tiene su propio origen, que además desmiente una idea instalada: no fue ocurrencia de Hitchcock sino de Lehman. La primera versión de Hitchcock era perseguir a Thornhill con un tornado; Lehman le preguntó cómo pensaba recrear un tornado creíble con los efectos de la época y le propuso, en cambio, el avión fumigador. Hitchcock aceptó de inmediato y construyó alrededor de esa imagen una de las secuencias de suspenso más analizadas del cine clásico.
Lo notable de la escena —treinta y cuatro planos en poco más de dos minutos y medio, filmados casi al pie de la letra del guion— es que subvierte deliberadamente un cliché que el propio Hitchcock había explotado antes: el hombre acechado de noche, en una esquina, por un auto que avanza despacio con un pistolero adentro. Acá invierte todos los términos: es de día, en un campo abierto y sin sombra donde no hay dónde esconderse, y el peligro no viene de la oscuridad sino de la luz total.
Hitchcock explicó después que el clima de una escena no depende de la iluminación sino de la aprensión: en el campo, Thornhill mira a su alrededor y cada auto que pasa se vuelve sospechoso, hasta que el propio director deja pasar, con la lengua en la mejilla, una limusina negra para descartar esa amenaza y preparar la verdadera. Tampoco hay música: solo el zumbido del motor, que nunca deja de escucharse y que mantiene al espectador pegado al tiempo real de Thornhill, sin la distancia que suele dar una partitura.
De ahí en más, la escena fue imitada hasta el hartazgo. El eco más directo y reconocido está en From Russia with Love (1963), la segunda película de Bond y, para buena parte de la crítica, la más hitchcockiana de toda la saga: el ataque del helicóptero de SPECTRE que obliga a Bond a tirarse al suelo repite, casi punto por punto, la lógica del avión fumigador —la amenaza aérea, anónima, que baja en picada sobre un hombre indefenso a cielo abierto.
Pero la filiación entre Hitchcock y Bond no se agota en esa cita. Es más de fondo que de escena suelta. Cubby Broccoli, antes de producir Dr. No, intentó convencer a Cary Grant de que fuera el primer 007; en su autobiografía cuenta ese intento, que no prosperó porque Grant tenía como norma no hacer secuelas y Broccoli le ofrecía un contrato de varias películas. Grant y Broccoli eran amigos —de hecho, ese mismo 1959 Grant fue padrino de bodas de Broccoli— y hasta se ha señalado que el papel de T. R. Devlin, el agente encarnado por Grant en Notorious (1946), ayudó a inspirar en el propio Ian Fleming la idea de Bond.
Están también los guionistas de siete películas de Bond, Robert Wade y Neal Purvis, que directamente llaman a Thornhill el "proto-Bond" y a Intriga internacional la plantilla de la franquicia. Y no exageran: el hombre elegante fuera de su elemento, la mujer que puede ser aliada o trampa, el villano refinado con acento europeo, el MacGuffin —el microfilm con secretos de Estado— que importa menos como objeto que como excusa para mover la trama, la geografía que salta de una punta a otra del continente: todo eso es Bond antes de Bond. Hasta el traje de Thornhill, ese gris azulado a cuadros que Grant lleva impecable de Nueva York a Dakota del Sur sin una arruga, funciona como antecedente directo del guardarropa que Sean Connery llevaría al cine tres años después.
Queda, eso sí, una diferencia de fondo que conviene no borrar: Thornhill no es un espía. Es un civil que cae en la maquinaria del espionaje por error y que sobrevive no por entrenamiento sino por ingenio y suerte. Bond, en cambio, es un profesional. Ahí Hitchcock y Lehman inventaron el molde, pero fue la saga posterior la que lo llenó de gadgets, licencias para matar y villanos con guarida propia.
En definitiva, lo que Intriga internacional les legó no fue el espía sino el tono: la idea de que el cine de aventuras podía ser elegante, veloz y con sentido del humor sin perder tensión. Esa combinación, más que cualquier escena puntual, es la verdadera herencia que el 007 de Broccoli y Saltzman recogió de Hitchcock.
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SOBRE EL AUTOR DE LA NOTA: Luis Carranza Torres nació en Córdoba, República Argentina. Es abogado y Doctor en Ciencias Jurídicas, profesor universitario y miembro de diversas asociaciones históricas y jurídicas. Ejerce su profesión, la docencia universitaria y el periodismo. Es autor de diversas obras jurídicas y de las novelas Yo Luis de Tejeda (1996), La sombra del caudillo (2001), Los laureles del olvido (2009), Secretos en Juicio (2013), Palabras Silenciadas (2015), El Juego de las Dudas (2016), Mujeres de Invierno (2017), Secretos de un Ausente (2018), Hijos de la Tormenta (2018), Náufragos en un Mundo Extraño (2019), Germánicus. El Corazón de la Espada (2020), Germánicus. Entre Marte y Venus (2021), Los Extraños de Mayo (2022), La Traidora (2023), Senderos de Odio (2024) y Vientos de Libertad (2025). Ha recibido la mención especial del premio Joven Jurista de la Academia Nacional de Derecho (2001), el premio “Diez jóvenes sobresalientes del año”, por la Bolsa de Comercio de Córdoba (2004). En 2009, ganó el primer premio en el 1º concurso de literatura de aventuras “Historia de España”, en Cádiz y en 2015 Ganó la segunda II Edición del Premio Leer y Leer en el rubro novela de suspenso en Buenos Aires. En 2021 fue reconocido por su trayectoria en las letras como novelista y como autor de textos jurídicos por la Legislatura de la Provincia de Córdoba.














