La broma y las dictaduras


por Luis Carranza Torres


La broma (Žert, 1967) nace en la Checoslovaquia de la desestalinización tardía, aunque narra hechos que arrancan a comienzos de los años cincuenta, en pleno rigor del régimen comunista instaurado tras el golpe de 1948. 

La leí de joven, tras hallarla en la biblioteca de una tía. Fue de aquellos libros que lo impresionan a uno. Primero, por la falta de humor de los autoritarismos, algo a lo que haría frente en un par de oportunidades en el futuro. La otra, por su manejo literario de la venganza. Acaso, mucho más logrado, desde mi punto de vista, que en el mismo Conde de Montecristo. 

Fue también lo primero que leí de Milan Kundera y, por lejos, la obra que más me gustó de ese autor. 

Kundera la escribe en un momento de relativa apertura —el llamado deshielo previo a la Primavera de Praga de 1968— pero la censura y luego la ocupación soviética terminarían prohibiendo el libro y expulsando al propio autor de la vida pública checoslovaca. Esa doble temporalidad, la del relato y la de la escritura, importa y mucho: Kundera mira hacia atrás, hacia el estalinismo duro, desde un presente que todavía no sabe que va a ser aplastado por los tanques soviéticos al año siguiente de la publicación.

Devoré en un par de tardes la historia de Ludvik Jahn, estudiante universitario y militante entusiasta del Partido, toda una estrella de la nomenclatura en ascenso, le escribe a una compañera que busca impresionar con fines románticos, Marketa, una postal de broma: "El optimismo es el opio del pueblo. El espíritu sano apesta a estupidez. ¡Viva Trotski!". 

Marketa, comunista devota que se toma en serio hasta el humor, entrega la postal a las autoridades del Partido. De figura ascendente Ludvik se transforma de la noche a la mañana, en un paria: es expulsado de la universidad y del Partido, y como ya no tiene la dispensa de cursar estudios para no hacer el servicio militar, es reclutado y enviado a un batallón disciplinario de las PTP, esas unidades de trabajo forzado para los considerados políticamente sospechosos. 

Años después, ya convertido en un hombre resentido y frío, Ludvik urde una venganza contra Pavel Zemánek, quien fue el más entusiasta de sus acusadores en la asamblea que lo condenó: seducir a Helena, la mujer de Zemánek.

Es allí donde, por lo menos a mí como lector, entiendo está uno de los dos núcleos del libro, que detona al otro: la falta de humor intrínseco de los autoritarismos. 

La broma no fue nunca el problema real, sino que el aparato ideológico no toleraba la ambigüedad. Se halla prohibido, de facto, bromear, porque el chiste introduce una distancia, una duda, un espacio donde el sujeto no se identifica del todo con el discurso oficial. Una dictadura -y esto Kundera lo dice sin subrayarlo demasiado, con la ironía como método antes que como tema- necesita que todo signifique una sola cosa. El humor, en cambio, hace que un enunciado pueda significar dos cosas a la vez, y esa duplicidad es precisamente lo que el poder totalitario no puede procesar. 

Zemánek y los otros no condenan a Ludvik por lo que piensa, sino por haber permitido que existiera una grieta interpretativa en una devoción al partido y a la revolución que debe ser monolítica, sin fisuras. El humor no es tolerado, en definitiva, porque revela desde el lenguaje que no se está completamente domesticado.

Como buen hijo de un sistema sórdido, Ludvik no se cuestiona haber errado en las creencias. Tan solo queda resentido por haber sido arrojado del paraíso de las delicias de la nomenclatura en versión juvenil. Es por eso que buscará vengarse, sin reparar en usar a una inocente. 

Sin embargo -y aquí se planta la segunda gran ironía del libro, la que estructura su final agrio y con gusto a nada para los protagonistas- cuando Ludvik finalmente consuma su venganza, descubre que Zemánek ya no es el mismo hombre, que el Partido ya no es el mismo Partido, que la propia Historia con mayúscula ha seguido su curso sin necesitar su venganza para nada. 

Zemánek incluso se ha desprendido con comodidad de su pasado estalinista y prospera en el nuevo clima de "deshielo" sin el menor rasguño moral. Que su esposa lo engañe con otro hombre, lo tiene sin cuidado porque ya dejó de importarle.

Claro que la peor consecuencia la sufre Helena, a quien Ludvik usó como instrumento sin ningún interés real por ella, queda destrozada por el episodio, y su patético intento de suicidio -que termina siendo, en otra vuelta de tuerca cómica y cruel, un error con laxante en vez de somníferos- convierte la venganza en una farsa grotesca antes que en un desagravio. 

Ludvik no repara nada: ni su juventud perdida, ni los años en el batallón, ni el amor que no tuvo. Solo produce daño colateral en una mujer inocente y confirma, para sí mismo, que el tiempo ha vuelto irrelevante aquello que él conservó intacto durante quince años como sentido de su vida.

Ahí Kundera plantea algo más amplio que la trama individual: la venganza personal es, estructuralmente, anacrónica frente al poder histórico. El poder que lo condenó no tiene memoria ni culpa; sigue adelante, se acomoda, cambia de piel. El resentimiento de Ludvik, en cambio, quedó fijado, congelado en el instante de la humillación, y por eso cuando actúa lo hace sobre un mundo que ya no existe. 

La inutilidad de su venganza no es un fracaso personal sino una lectura sobre cómo el tiempo histórico devora los agravios privados sin darles la satisfacción de un ajuste de cuentas.


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Una mujer empoderada



La novela de un país



Por siempre Claudia





Una presentación de novela



SOBRE EL AUTOR DE LA NOTA: Luis Carranza Torres nació en Córdoba, República Argentina. Es abogado y Doctor en Ciencias Jurídicas, profesor universitario y miembro de diversas asociaciones históricas y jurídicas. Ejerce su profesión, la docencia universitaria y el periodismo. Es autor de diversas obras jurídicas y de las novelas Yo Luis de Tejeda (1996), La sombra del caudillo (2001), Los laureles del olvido (2009), Secretos en Juicio (2013), Palabras Silenciadas (2015), El Juego de las Dudas (2016), Mujeres de Invierno (2017), Secretos de un Ausente (2018), Hijos de la Tormenta (2018), Náufragos en un Mundo Extraño (2019), Germánicus. El Corazón de la Espada (2020), Germánicus. Entre Marte y Venus (2021), Los Extraños de Mayo (2022), La Traidora (2023), Senderos de Odio (2024) y Vientos de Libertad (2025). Ha recibido la mención especial del premio Joven Jurista de la Academia Nacional de Derecho (2001), el premio “Diez jóvenes sobresalientes del año”, por la Bolsa de Comercio de Córdoba (2004). En 2009, ganó el primer premio en el 1º concurso de literatura de aventuras “Historia de España”, en Cádiz y en 2015 Ganó la segunda II Edición del Premio Leer y Leer en el rubro novela de suspenso en Buenos Aires. En 2021 fue reconocido por su trayectoria en las letras como novelista y como autor de textos jurídicos por la Legislatura de la Provincia de Córdoba. Ganador en 2026 del Concurso Internacional de Cuento Histórico organizado por la Editorial La Cuarta Orilla. 





Una mujer humillada y desposeída.

La tentación de recuperarlo todo.

Un secreto vital que obtener tras la cordillera.

Un general con un desafío por cumplir: cruzar los Andes.

 

Provincias Unidas de Sudamérica, 1816. Las tierras del antiguo Virreinato del Río de la Plata han declarado su independencia de la corona española, en el peor de los momentos posibles. El nuevo país, libre pero cargado de dificultades y retos, apuesta a remontar sus derrotas en el Alto Perú, con el audaz plan de formar un nuevo ejército y cruzar la cordillera para batir a los realistas por el oeste.

En Chile, Sebastiana Núñez Gálvez ha visto desbarrancar su mundo de lujos, pero también de oscuridades, tras la reconquista realista del país. Ajusticiado su esposo por liderar el bando patriota y confiscados todos sus bienes, malvive en la extrema necesitad. Una falta de todo que la ha hecho abjurar de cualquier creencia y hasta de su reputación, para conseguir subsistir.

El Mariscal español Marco del Pont lo sabe perfectamente, y le ofrece devolverle todas sus posesiones y alcurnia, a cambio de pasar a Mendoza y obtener el secreto mejor guardado del Gobernador de Cuyo y General en jefe de ese nuevo ejército, José de San Martín: por dónde pasarán sus tropas a Chile.

Sebastiana es una mujer decidida a todo para averiguarlo; apuesta para lograrlo a su antiguo y fuerte vínculo de amistad con la esposa del gobernador y General en jefe, Remedios de Escalada. No le importa tener que mentir, engañar o traicionar viejas lealtades.

Pero la imprevista relación con un oficial de granaderos trastocará sus planes. Alguien que, precisamente, debe mantener a los secretos de su jefe a salvo de los espías realistas. 

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