El helicóptero como héroe: de Vietnam a Hollywood
A mis amigos helicopteristas, hayamos o no
disfrutado del placer de volar juntos.
El fenómeno del helicóptero
de ataque como referencia en la ficción audiovisual y literaria a partir de la
década de 1980 no es casual y tiene varias causas que se entrecruzan.
La más directa es la
herencia visual de Vietnam. El helicóptero —sobre todo el Huey— se había
convertido en el ícono bélico de esa guerra, algo que el cine ya había
explotado a fondo con Apocalypse Now (1979) y la escena de "La cabalgata
de las valquirias".
Tal protagonismo fue
el resultado de la generalización del uso del helicóptero como medio de transporte
de tropas en un país con espacios selváticos y malos caminos en tal guerra.
El Bell UH-1, el
"Huey", diseñado en los 50 como helicóptero utilitario fue desplegado
masivamente en Vietnam para transporte de tropas, evacuación médica y carga. Se
fabricaron más de 16.000 unidades entre 1955 y 1976, de las cuales más de 7.000
sirvieron en Vietnam.
Dicho empleo masivo fue
también lo que determinó el surgimiento del helicóptero de ataque tanto para
resguardo de las máquinas de transporte como para dar apoyo cercano de manera
rápida a las tropas en tierra.
Inicialmente se lo
artilló para poder defenderse en sus misiones de transporte en zonas de
contacto con el enemigo. En 1962 se instalaron en algunos UH-1B dos
ametralladoras de 7,62 mm y dos lanzadores de cohetes de 70 mm, usándose por
primera vez en combate en 1963: fueron los primeros helicópteros de ataque del
Ejército estadounidense. El problema era que ese armamento adicional lo volvía
más pesado y lento, justo cuando la sofisticación creciente de las defensas
antiaéreas norvietnamitas hacía cada vez más riesgoso seguir usando
helicópteros artillados basados en el UH-1.
Bell había tanteado ya
la idea de un aparato pensado desde cero para el combate: en agosto de 1963
presentó al Ejército el Model 207 Sioux Scout, una modificación del Bell 47 con
fuselaje aerodinámico, cabina en tándem y torreta con dos ametralladoras. No
ganó el concurso formal del Ejército (AAFSS, que se lo llevó el Lockheed AH-56
Cheyenne, un programa que después colapsaría por problemas técnicos y costos).
Ante la demora de ese programa, Bell arriesgó capital propio: invirtió un
millón de dólares para diseñar rápidamente lo que sería el AH-1 Cobra,
reutilizando componentes ya probados del UH-1, y lo tuvo volando en apenas ocho
meses.
El resultado fue el
primer helicóptero de ataque especializado de la historia. Ese diseño —fuselaje
angosto, tripulación en tándem, armamento integrado— fijó la silueta canónica
del helicóptero de ataque que después heredó el AH-64 Apache, y es, dicho sea
de paso, el mismo linaje técnico-cultural del que se alimentaron después las
series, películas y novelas que pasaremos a reseñar.
Es de tal forma que cuando
la ficción de la década de 1980 quiere un vehículo con carga dramática y visual
potente, el helicóptero ya viene cargado de significado. Es sintomático que
Frank Murphy, el protagonista de Blue Thunder (Relámpago o Trueno Azul), sea
justamente un expiloto militar con problemas psicológicos derivados de su
participación en la Guerra de Vietnam. Dicha serie, al igual que otras, no
escondería ese vínculo sino todo lo contrario: lo haría manifiesto, empleándolo
como base del personaje.
Cabe aclarar que Blue
Thunder no nació como serie sino como película. Se estrenó en 1983, dirigida
por John Badham y protagonizada por Roy Scheider en el papel de Frank Murphy,
un piloto de helicóptero de la policía de Los Ángeles y expiloto de Vietnam. La
película se convirtió en un éxito comercial, e incluso fue candidata al Premio
Óscar en 1984 en la categoría de mejor montaje, pero no lo obtuvo.
De allí que en ese
mismo año, 1984, la Columbia Pictures Television adaptó esa historia a una
serie de once episodios para la cadena ABC, conservando el nombre del protagonista,
pero con James Farentino en el rol, y reutilizando buena parte de las tomas
aéreas de la película original para abaratar la producción.
Compitió, ese mismo
año, contra Airwolf (Lobo del Aire), una serie situada en el contexto de Guerra
Fría relanzada de la era Reagan. El protagonista es Stringfellow Hawke,
interpretado por Jan-Michael Vincent es un ex capitán del Ejército de EE.UU. y
veterano de Vietnam. Cuando "La Firma" —rama encubierta de la CIA— lo
contrata para recuperar el helicóptero de manos de su creador enloquecido, el
Dr. Charles Henry Moffet, que lo había llevado a Libia, Hawke cumple la misión,
pero no devuelve el aparato: lo esconde en una cueva del desierto y lo usa para
misiones encubiertas a cambio de que La Firma lo ayude a encontrar a su
hermano, St. John Hawke, desaparecido en combate desde la Guerra de Vietnam.
Lobo del Aire no es una serie policial como la
versión televisiva de Relámpago o Trueno Azul, sino de espionaje: la trama gira
en torno a un helicóptero de ataque de alta tecnología robado y llevado a
Libia, con misiones que involucran espionaje internacional, capturando la
esencia de la Guerra Fría propia del período. Es la misma lógica que en esos
años alimentó el resurgimiento del cine de acción militar (Stallone, Chuck
Norris) y la ficción de gadgets militares como espectáculo.
Otro factor que ayudó
al surgimiento de tales helicópteros, más de industria televisiva, es lo que se
conoció como la moda del "supervehículo" en la TV norteamericana de
comienzos de los 80: el auto en El Auto Fantástico, la moto en Street Hawk, el
camión en The Highwayman, y el helicóptero en estas dos series. El esquema
narrativo es siempre el mismo: un héroe solitario con pasado difícil, más una
máquina hipertecnológica que funciona casi como coprotagonista. Es una fórmula
barata de producir (recicla tomas aéreas espectaculares) y fácil de vender en
publicidad de juguetes y merchandising.
Pero si de duelos de
pantalla hablamos, ninguno como el protagonizado por Blue Thunder y Airwolf.
Ambas salieron a escena el mismo año, 1984, con una diferencia de meses. Una,
por ABC (Trueno Azul) y otra por CBS (Lobo del Aire). De hecho, Blue Thunder
fue cancelada por ABC tras el estreno de Airwolf en CBS, que consiguió mayor
audiencia, señal de que el público de la época efectivamente respondía a esta
estética.
En ambas series el
helicóptero real detrás del "personaje" no era tan exótico como
parecía. El Blue Thunder de la película y la serie era un Aérospatiale SA 341
Gazelle adaptado, y el de Airwolf, un Bell 222 modificado. Existe una réplica
de tamaño natural de este último, en el Museo de la Aviación de Tennessee, en Sevierville.
La moda audiovisual
del helicóptero-héroe migró también a la novela de acción/técnico-thriller de
mediados de los 80. Quizás el mejor ejemplo de eso sea la serie del Tecnothriller
de David Pross de Julian Jay Savarin.
Escritor, músico y
poeta británico nacido en 1950, estuvo en la RAF, lo que le da autoridad
técnica al detalle aeronáutico que caracteriza a sus novelas. Empezó publicando
ciencia ficción a fines de los 70 y después derivó al thriller de
espionaje/acción militar.
La serie propiamente
dicha. Es una trilogía protagonizada por David Pross, expiloto de la RAF
devenido piloto de un helicóptero de combate Westland Lynx al servicio de una
agencia de inteligencia británica, acompañado por la agente/guardaespaldas Sian
Logan. Según Goodreads, es conocida como la trilogía "Pross/Logan":
- · Lynx (1984) — la primera. Pross acepta volar el Lynx hacia China comunista para rescatar a su excompañero, con Hong Kong y Taiwán de fondo geopolítico.
- · Gunship (1985) — la segunda. Aquí el eje es un duelo directo Este-Oeste: el Lynx británico, con sistemas de vuelo y tiro derivados del F-15, se enfrenta a su contraparte soviética, el Mi-24 Hind, apodado "Hellhound", mientras KGB e inteligencia británica juegan al gato y al ratón por Londres y la campiña inglesa.
- ·
Hammerhead
(1987) — la tercera, donde Pross, vuelve a asociarse con Logan, aunque —dice la
reseña de Publishers Weekly con cierta ironía— su verdadero amor parece seguir
siendo el helicóptero.
Hay además un universo
narrativo emparentado: otro personaje, Gallagher, excompañero de armas de Pross
convertido en agente secreto, protagoniza una serie paralela que arranca con la
novela "Waterhole", publicada antes que Lynx.
No sabemos si Savarin
escribió la serie con conocimiento directo de las series de TV o si fue
paralelismo de época; lo que sí está confirmado por la fuente de venta del
libro es el uso comercial de esa asociación.
Una de las ediciones
estadounidenses de Lynx lleva en la tapa una frase de promoción que dice
literalmente que los seguidores de Blue Thunder o Airwolf disfrutarán esta
novela de aventuras sobre el helicóptero secreto británico Lynx. O sea que la
propia editorial vendía el libro apelando al público que esas dos series habían
generado.
El patrón temático, en
todo caso, es el mismo que veíamos con las series: helicóptero como extensión
casi orgánica del piloto-héroe, trasfondo de espionaje y Guerra Fría, y
tecnología militar real (o verosímilmente real) como parte del atractivo del
relato.
Entendemos que Fire
Birds en 1990, estrenada también bajo el título Wings of the Apache (y en
castellano como Águilas de fuego o Pájaros de fuego) cierra este ciclo de protagonismo
del helicóptero en los productos culturales de la época. Dirigida por David
Green, fue una coproducción entre Walt Disney Studios y Nova International
Films, distribuida bajo el sello Touchstone Pictures.
Ya no es la Guerra Fría, que acaba de concluir, sino la lucha del gobierno estadounidense combate a los cárteles de la droga usando helicópteros, el contexto de la historia. Allí se dará la lucha entre un helicóptero de combate ficticio, el "Scorpion" de tales carteles, pilotado por un mercenario y las máquinas norteamericanas Apache.
Nicolas Cage interpreta a Jake Preston, piloto del Ejército de EE.UU. entrenado por el instructor Brad Little (Tommy Lee Jones) para enfrentar a ese cártel en Sudamérica. Sean Young hace de Billie Lee Guthrie, expareja de Preston y también piloto de combate; fue de las primeras películas en que en la trama se enviaba a una mujer a combatir, en lugar de dejarla como la mujer que espera en tierra, cuando todavía en las fuerzas armadas de EEUU lo tenían prohibido.
Ley de Integración de
las Mujeres al Servicio Armado de 1948 prohibía expresamente que las mujeres
fueran asignadas a aviones o barcos de combate, y esa restricción recién se
levantó parcialmente en diciembre de 1991, con la Ley de Autorización de la Defensa
Nacional, aunque la política efectiva del Pentágono para pilotos de combate no
cambió hasta abril de 1993.
La película encaja con
el mismo molde que veníamos viendo: el helicóptero de ataque como protagonista
casi al mismo nivel que el piloto humano, pero esta vez con una máquina real de
combate, el Apache, cedido por el Ejército, a diferencia de Blue Thunder o
Airwolf, que usaban aeronaves civiles disfrazadas.
La historia fue
concebida por militares retirados —los tenientes coroneles Step Tyner y John K.
Swensson, y el capitán de Marines Dale Dye, que además tiene un papel en la
película, en la misma línea que Top Gun (1986), del que este filme es
comparación obligada: las secuencias de vuelo fueron coreografiadas por Richard
T. Stevens, quien había trabajado justamente en Top Gun, y la película fue
criticada por parecerse demasiado a aquella.
Del Huey artillado en
la selva vietnamita al Apache de Fire Birds combatiendo cárteles en Sudamérica
median apenas treinta años, pero también el cierre completo de un ciclo. La
Guerra Fría que había dado marco a Lobo del Aire terminó en 1989, y con ella se
agotó buena parte del imaginario que sostenía al helicóptero como protagonista:
ya no había un enemigo soviético al que oponerle una máquina secreta, sino un
nuevo villano —el narcotráfico— que la industria del entretenimiento tardaría
poco en convertir en la amenaza historial de la década siguiente.
El helicóptero,
mientras tanto, dejó de ser noticia de tapa para volverse herramienta más entre
otras del cine de acción, desplazado, sobre todo en las pantallas, primero por
los cazas de Top Gun y su descendencia, y más adelante por una nueva generación
de máquinas —los drones— que hoy ocupan, en la ficción y en la realidad, el
lugar que supo tener aquel helicóptero conforme Vietnam dejaba de ser una
derrota en la historia para pasar a resultar un mito en las pantallas de cine y
televisión.
Para leer más en el blog:
Una novela entre la lealtad y la traición
Un amor rebelde en una época convulsa



















