El fascinante mundo del té vietnamita
por Luis Carranza Torres
Vietnam es una
fascinante y milenaria cultura del Sudeste Asiático, que sorprende por su
increíble diversidad, que abarca desde 54 etnias distintas hasta paisajes
extremos y una historia fascinante.
Aunque no es muy
conocido el dato, es el segundo mayor productor de café del mundo, solo
superado por Brasil. Sin embargo, eso no obsta a el te tenga una importancia
central en el país.
Vietnam cuenta con una vibrante cultura del té que se remonta a miles de años, posicionándose actualmente como el séptimo mayor productor de té a nivel mundial.
Se considera que el té se originó durante el reinado de los Hung entre el 2879 A.C. al 258 A.C.
La población
local consume masivamente esta infusión y posee variedades excepcionales que
van más allá del té de loto, el cual resulta el principal de todas sus variedades.
La flor de loto (Hoa
Sen) es la flor nacional oficial de Vietnam y el símbolo cultural
más profundo del país. Representa la pureza, el optimismo y la resiliencia del
pueblo vietnamita ante las dificultades.
Tiene una importante participación
en la gastronomía vietnamita, ya que prácticamente toda la planta es comestible:
Las semillas de loto se usan en postres y sopas medicinales; las raíces se
preparan en ensaladas; y los pétalos y estambres se utilizan para aromatizar el
prestigioso té de loto (Trà Sen).
El auténtico té de
loto vietnamita (Trà Sen) es uno de los tés más antiguos, caros y
artesanales del mundo. No se trata simplemente de mezclar hojas con pétalos,
sino de un proceso milenario de aromatización natural que requiere precisión y
paciencia.
Recolección y preparación
Las flores de loto se
recolectan a mano en estanques (históricamente en el Lago del Oeste de Hanói)
antes del amanecer, en las madrugadas del verano, usualmente entre las 4:00 y
las 5:00 de la mañana. Se recogen justo cuando el capullo empieza a abrirse. A
esa hora, el aroma de la flor está en su punto máximo y el sol aún no ha
evaporado sus aceites esenciales.
De cada flor se
extraen cuidadosamente los estambres. La parte clave son las pequeñas anteras
blancas que parecen granos de arroz, llamadas Gạo Sen (arroz de loto).
Estos
"granos" contienen la fragancia pura de la flor. Se necesitan entre
1.000 y 1.500 flores de loto para obtener un kilo de estas anteras.
El Proceso Tradicional de Saborización emplea té verde de alta calidad, generalmente de la
región montañosa de Tân Cương (provincia de Thái Nguyên).
En una vasija de barro grande, se coloca una capa de té verde y una capa
de Gạo Sen. La vasija se sella herméticamente y se deja reposar de 18 a
24 horas para que las hojas de té seco absorban la humedad y el aroma del loto.
Luego se hornea la mezcla a fuego muy bajo para secar el té nuevamente.
Este ciclo de mezclar, reposar y secar se repite entre 5 y 7 veces
utilizando flores frescas cada vez. Todo el proceso puede tardar más de dos
semanas, si bien existe un método más moderno que suelen usar los locales para
consumo inmediato, consistente en introducir una porción de té verde
directamente dentro del capullo de una flor viva por la tarde. Se ata el
capullo con un hilo para que quede cerrado toda la noche. A la mañana
siguiente, se corta la flor y se extrae el té, el cual ya ha absorbido todo el
perfume natural del loto.
El arte de servirlo y beberlo
El ritual tradicional
para servir el té de loto es una ceremonia íntima basada en la calma, el
respeto y el disfrute de los sentidos. En la cultura vietnamita, preparar este
té no es un acto automático; es una forma de arte que busca la armonía entre el
anfitrión y sus invitados.
Inicia con la preparación
del Entorno, en que un anfitrión relajado busca un espacio silencioso,
limpio y ventilado, a menudo cerca de un jardín o una ventana.
Tradicionalmente, se
recolectaba el rocío de la mañana depositado en las hojas de loto. Hoy en día,
se utiliza agua de manantial pura calentada a unos 80°C - 85°C. El agua
hirviendo quemaría las delicadas notas florales.
Se vierte agua
caliente en la tetera de arcilla y en las pequeñas tazas de porcelana para
calentarlas. Luego se desecha el agua para asegurar que el té no pierda
temperatura al hacer contacto con el servicio de vajilla.
El Despertar del Té
(Đánh thức trà) opera tras introducir el té de loto en la tetera caliente. Se vierte entonces un poco de agua
caliente sobre las hojas e, inmediatamente (en menos de 5 segundos), se desecha
ese primer líquido. Esto "despierta" las hojas secas y elimina
cualquier impureza, liberando el primer aroma.
Se añade el agua
caliente sosteniendo la pava desde cierta altura. Esto oxigena el agua y ayuda
a diseminar el aroma por la habitación. Se tapa la tetera y se deja infusionar
por solo 30 a 45 segundos. Al ser una base de té verde, si se pasa de
tiempo, se vuelve amargo.
El anfitrión no llena
una taza por completo antes de pasar a la siguiente. Sirve un poco en cada taza
en un movimiento continuo de ida y vuelta. Esto garantiza que todos los
invitados reciban un té con el mismo color, temperatura y concentración de
sabor.
Si es un arte el cómo
servirlo, no lo es menos el beberlo. Hay tres pasos que realizar con las manos.
La taza (que no tiene asa) se sostiene con tres dedos: el pulgar y el índice
sujetan el borde, y el dedo medio apoya la base. Esto simboliza la unión de los
tres elementos de la vida (Cielo, Tierra y Humano).
Antes del primer
sorbo, se pasa la taza cerca de la nariz para inhalar el profundo perfume a
loto y té verde.
Se bebe lentamente en
tres o cuatro sorbos, permitiendo que el líquido ruede por la lengua. El sabor
inicial es ligeramente amargo, pero deja un retrogusto dulce, fresco y floral
muy persistente en la garganta.
El té suele acompañarse con dulces tradicionales como el Bánh cốm (pastel de arroz verde tierno) o frutas secas.
Importancia y propiedades
Para la cultura
vietnamita, el té de loto no es solo una bebida medicinal; es una medicina para
el alma. Los beneficios que se le asignan combinan las propiedades químicas del
té verde y el loto con el efecto terapéutico de su preparación.
Los principales
beneficios para la salud y la mente que se postulan culturalmente son los siguientes:
- Reducción del estrés y la ansiedad: El loto contiene compuestos naturales que
actúan como sedantes suaves sobre el sistema nervioso, ayudando a calmar
la mente de forma inmediata.
- Fomento de la atención plena
(Mindfulness): El ritual
obliga a desacelerar el ritmo. La concentración requerida para medir el
tiempo, el agua y los movimientos funciona como una meditación activa.
- Mejora de la calidad del sueño: Tradicionalmente se cree que equilibra la
energía interna del cuerpo, eliminando el "fuego interno"
(estrés acumulado) y facilitando un descanso profundo.
- Claridad mental: La combinación de la L-teanina (un
aminoácido relajante del té) con la baja dosis de cafeína mejora la
concentración sin causar el nerviosismo del café.
- Desintoxicación y digestión: Se consume habitualmente después de las
comidas pesadas porque estimula la producción de jugos gástricos y ayuda
al hígado a procesar las grasas.
- Salud cardiovascular: Los vietnamitas le atribuyen la propiedad
de "limpiar la sangre", ayudando a reducir los niveles de
colesterol malo y a regular la presión arterial.
- Poder antioxidante: Al estar elaborado con una base de té
verde de alta calidad, es rico en catequinas que retrasan el
envejecimiento celular y fortalecen el sistema inmunológico.
- Control de peso: Se considera un aliado natural para
acelerar el metabolismo y evitar la retención de líquidos en el cuerpo.
Diversos tipos de té
Los tipos de tés
tradicionales más destacados del país resultan:
- Té Verde de Thái Nguyên (Trà Xanh): Es el té de consumo diario más popular en todo Vietnam. El más famoso proviene de la provincia de Thái Nguyên. Tiene un color verde intenso, notas herbales muy frescas y un característico sabor astringente con un retrogusto dulce.
- Té Shan Tuyet (Trà Shan Tuyết): Un té sumamente exclusivo cosechado de árboles
de té ancestrales y silvestres que crecen a más de 1.200 metros de
altura en las montañas del norte (como en Hà Giang). Su nombre significa
"té de nieve" debido al vello blanco que recubre sus hojas. Da
una infusión suave, melosa y de altísima calidad.
- Té Oolong (Trà Ô Long): Cultivado principalmente en las tierras
altas de Lâm Đồng. Sigue un proceso de semioxidación que le aporta un
perfil de sabor complejo, floral y menos amargo que el té verde común.
Existen asimismo tés
Aromatizados con Flores, tales como:
- Té de Jazmín (Trà Lài): Es el segundo té perfumado más querido
después del de loto. Se elabora mezclando hojas de té verde con flores
frescas de jazmín. Es muy común que se sirva en los restaurantes de las
ciudades para acompañar las comidas.
- Té de Crisantemo (Trà Cúc): Una infusión de flores amarillas de
crisantemo combinada frecuentemente con té verde. Es sumamente apreciado
por sus propiedades refrescantes en los meses más calurosos del año.
- Té de Alcachofa (Trà Atiso): Una especialidad medicinal muy consumida
en la región montañosa de Đà Lạt. Se elabora utilizando todas las partes
de la planta de alcachofa y tiene un sabor dulce y terroso. Los
vietnamitas lo beben frío o caliente para proteger el hígado. [1, 7, 9,
13, 14]
- Trà Đá (Té helado callejero): No es una variedad de planta, sino una institución cultural. Consiste en té verde muy diluido servido con abundante hielo en puestos callejeros. Es la bebida más económica y refrescante del país.
En Vietnam, los dulces
tradicionales que acompañan al té se seleccionan cuidadosamente para equilibrar
la astringencia y el amargor natural de la infusión (especialmente del té
verde). Estos bocados suelen ser sutiles, no demasiado empalagosos, y con
texturas que limpian el paladar.
Los más tradicionales
e icónicos son los siguientes:
- Bánh Đậu Xanh (Pastel de poroto mungo): Es el acompañante por excelencia del té
verde. Son pequeños cubos compactos hechos con harina de poroto mungo,
azúcar y un toque de grasa vegetal o manteca. Tienen una textura arenosa
que se disuelve instantáneamente en la boca al dar un sorbo de té caliente.
- Bánh Cốm (Pastel de arroz verde tierno): Típico de Hanói. Se elabora con arroz
joven cosechado en otoño (lo que le da un color verde brillante natural) y
se rellena con una pasta dulce de poroto mungo y coco rallado. Es suave,
masticable y muy aromático.
- Kẹo Cu Đơ (Turrón de maní y jengibre): Originario de la provincia de Hà Tĩnh. Es
una mezcla de maní tostado y melaza de caña de azúcar espesada con
jengibre fresco, todo prensado entre dos obleas crujientes de arroz. El
toque picante del jengibre combina a la perfección con los tés más fuertes.
- Kẹo Lạc (Turrón de maní): Un dulce crocante muy simple hecho de
maní y semillas de sésamo unidos por azúcar caramelizada. Es el snack más
común en los puestos callejeros de Trà Đá (té helado).
- Ô Mai (Frutas encurtidas secas): Son frutas (como ciruelas, damascos o
carambolas) secadas y sazonadas con una combinación única de sal, azúcar,
chile y jengibre. Ofrecen un contraste de sabores ácidos, dulces y salados
que resalta las notas florales del té de loto o de jazmín.
- Mứt Tết (Frutas confitadas): Aunque se consumen principalmente durante
el Año Nuevo Lunar (Tết), estas frutas e ingredientes confitados
(como jengibre, coco, zanahoria o semillas de loto) se sirven en bandejas
junto al té para recibir a las visitas. El jengibre confitado es ideal
para los días fríos de invierno.
El universo de un infusión
El té vietnamita, y en
particular el té de loto, trasciende con creces la categoría de simple bebida.
Es, en su esencia, un lenguaje cultural: una forma en que Vietnam comunica
quién es, qué valora y cómo entiende el tiempo y las relaciones humanas. Desde
las madrugadas silenciosas en los estanques del Lago del Oeste, donde manos
expertas recogen flores antes de que el sol robe su perfume, hasta el gesto
pausado de sostener una taza sin asa con tres dedos en señal de equilibrio
cósmico, cada etapa del proceso encierra una filosofía de vida.
En un mundo que
celebra la velocidad, la cultura vietnamita del té propone deliberadamente lo
contrario: que lo más valioso requiere tiempo, atención y repetición. Que un
buen té exige entre mil flores y dos semanas de trabajo. Que servir una taza es
un arte, y beberla, una meditación.
Los dulces que
acompañan la infusión, los rituales que enmarcan su preparación y las decenas
de variedades que recorren el país de norte a sur no son detalles secundarios,
sino capítulos de una misma historia: la de un pueblo que encontró en las hojas
y las flores una manera de honrar la belleza de lo cotidiano.
Conocer el té de
Vietnam es, en definitiva, asomarse a su alma.

















