La carta de Lin Zexu


 

por Luis Carranza Torres

A finales del siglo XVIII, Gran Bretaña enfrentaba un problema delicado en su comercio con China. El Imperio Qing era una civilización cerrada, autosuficiente y orgullosa, que comerciaba en sus propios términos: vendía seda, porcelana y té al mundo, pero compraba muy poco a cambio. Los británicos pagaban en plata contante y sonante, lo que generaba un déficit comercial crónico y un constante drenaje de metálico hacia Cantón. La solución que encontró la Compañía Británica de las Indias Orientales fue tan lucrativa como inmoral: inundar China con opio cultivado en las colonias británicas de la India, especialmente en Bengala.

El opio no era un producto de intercambio cultural inocente. Era una estrategia deliberada para revertir la balanza comercial. En pocas décadas, millones de chinos desarrollaron adicción, el flujo de plata se invirtió —ahora salía de China hacia las arcas británicas—, y el tejido social de importantes regiones del Imperio quedó gravemente dañado.

A principios de 1839, ante la devastadora crisis social provocada por la adicción al opio, el emperador Daoguang nombró a un funcionario incorruptible, Lin Hse Tsu, como Comisionado Imperial con plenos poderes para erradicar el tráfico en Cantón, el único puerto abierto a los extranjeros.

Se trataba de un erudito, filósofo y alto funcionario de la dinastía Qing. Nacido en Fuzhou, en la provincia de Fujian, de origen humilde, fue iniciado en la carrera burocrática. Gracias a la ayuda de su cuñado pudo estudiar, dando en 1804 hizo su primer examen, demostrando gran capacidad. En 1811 Lin pasó el más severo de los exámenes, el Jinshi, uniéndose a la Academia Hanlin, la cual asesoraba al Emperador con sus documentos.

Ascendió rápidamente en la carrera administrativa, llegando a virrey de Huguang en 1837.

Tan eficiente como incorruptible, Lin confiscó y destruyó más de 20.000 cofres de opio de los mercaderes británicos en Cantón a los comerciantes británicos, que luego mezcló con cal y sal para disolverlos por completo en el mar.

Antes de que las tensiones escalaran hacia el conflicto armado, Lin Zexu redactó en 1839 una célebre y extensísima carta dirigida a la reina Victoria de Gran Bretaña. El texto combina la altivez diplomática propia del "Imperio del Centro" con un profundo alegato ético y de derecho natural, apelando directamente a la conciencia de la soberana.

Tan tal misiva preguntaba: ¿Por qué Gran Bretaña prohíbe el opio en su propio territorio, pero permite que sus mercaderes envenenen a los súbditos de otras naciones por puro beneficio económico?

"Nos hemos enterado de que en su propio país el consumo de opio está prohibido con el mayor rigor; esto es debido a que ustedes tienen pleno conocimiento de lo dañino que es. Si prohibirse a sí mismos hacer daño es la forma en que demuestran su rectitud, ¿cómo pueden permitir que se cause daño a otros, y especialmente a China?”

Y agregaba sobre el intercambio comercial: “Los bienes que van desde China hacia el extranjero no solo proveen de beneficios a las naciones extranjeras, sino que les son de enorme utilidad... El té y el ruibarbo, por ejemplo, son artículos que los extranjeros no pueden dejar de consumir ni un solo día para preservar sus vidas. Si China les niega estos beneficios, ¿en qué recursos podrían confiar para mantenerse con vida? [...] Por otra parte, los artículos que los extranjeros traen a China son meros juguetes o artículos de lujo que bien podemos usar o prescindir de ellos."

"Sin embargo, hay una clase de extranjeros malintencionados que fabrican opio, un artículo profundamente dañino, y lo traen a nuestro dominio para venderlo, induciendo a los insensatos a la ruina...El dinero de China es utilizado para adquirir el veneno de ustedes. El daño que esto causa es evidente y el veneno es tan flagrante que induce a la indignación general. Supongamos que extranjeros vinieran a Inglaterra a comerciar e indujeran a la gente de su país a fumar opio, destruyendo sus vidas y la salud de sus cuerpos; ¿no lo considerarían ustedes una ofensa intolerable y buscarían destruirlos?"

Hacia el final de la misiva, Lin Zexu se preocupó por dejar establecido con total claridad la jurisdicción penal que aplicaría el Imperio a partir de ese momento, advirtiendo que los extranjeros ya no gozarían de impunidad: "Por lo tanto, resolvemos que a partir de ahora, cualquier extranjero que traiga opio a las tierras de nuestro Imperio, con la intención de venderlo o contrabandearlo, será castigado con la pena de muerte por decapitación o estrangulamiento, y la totalidad de sus mercancías será confiscada a favor del Estado”.

Exhortaba por tanto a “Que la Reina, tras la recepción de esta comunicación, imponga inmediatamente una restricción estricta a la exportación de opio en todas sus posesiones, asegurando que ninguna planta sea cultivada ni procesada para tal fin... No digan después que no se les advirtió a tiempo."

El debate en el Parlamento británico a principios de 1840 fue feroz, encendido y puso al descubierto la profunda tensión entre la moral victoriana y el pragmatismo económico e imperial de la época. No todos en Londres estaban a favor de ir a la guerra por el narcotráfico.

El gobierno del primer ministro Lord Melbourne, justificaba la intervención militar no en nombre del opio en sí, sino entre otras cuestiones, en el "insulto al honor de la bandera británica" ante las ofensas chinas.

William Gladstone, por entonces un joven parlamentario, no tuvo piedad con los argumentos del gobierno y descargó toda su elocuencia en el recinto:

"No conozco ni he leído jamás de una guerra más injusta en su origen, una guerra más calculada (…) El honorable caballero de enfrente habló del insulto a la bandera británica...¡Pero la bandera británica ha sido izada para proteger un contrabando infame! Justificar esta guerra argumentando que los chinos han sido violentos en sus formas es como si un traficante de esclavos justificara el asesinato de quienes intentan liberar a sus víctimas. Los chinos tienen el derecho natural y legal de expulsar el veneno que está destruyendo a sus comunidades."

A pesar del peso moral de los discursos de Gladstone y otros parlamentarios que calificaron la expedición militar como una "mancha imborrable en el nombre de Inglaterra", los intereses financieros de la City de Londres pesaron más. El comercio con China afectaba no solo a los mercaderes de Cantón, sino a toda la economía de la India británica y a los ingresos fiscales de la propia Corona.

Los fondos militares para la guerra se aprobaron por un estrechísimo margen de apenas 9 votos (271 a favor de la guerra frente a 262 en contra).

Con esa mínima ventaja política, la maquinaria de guerra de la mayor potencia industrial del mundo se puso en marcha hacia las costas de China. Empezaba la Primera Guerra del Opio, en que China sería derrotaba, fundamentalmente por su atrazo tecnológico en materia militar.

Luego del conflicto, obligada a ceder Hong Kong a perpetuidad y abrir cinco puertos al comercio de opio, Lin Zexu fue tomado como chivo espiatorio de la derrota china por la corte imperial, más para apaciguar a los británicos que por tener alguna culpa en el resultado de la guerra; fue destituido de su cargo y exiliado a la remota región de Sinkiang.

Hoy en día es recordado en toda China como un héroe nacional.


SOBRE EL AUTOR DE LA NOTA: Luis Carranza Torres nació en Córdoba, República Argentina. Abogado (U.N.C.). Profesor con orientación en Derecho. Doctor en Ciencias Jurídicas (U.C.A.). Especialista en Derecho Aeronáutico y Espacial. Especialista en Derecho de los Conflictos Armados y Derecho Internacional Humanitario. Docente universitario de grado y postgrado. Autor de unos veinte de textos sobre derecho público y procesal. Miembro del Instituto de Derecho Administrativo de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Córdoba. Miembro del Instituto de Historia del Derecho y de las Ideas Políticas Roberto Peña de la Academia Nacional de Derecho y Ciencias Sociales de Córdoba. Ejerce su profesión, la docencia universitaria y el periodismo. Es autor de diversas obras jurídicas y de las novelas Yo Luis de Tejeda (1996), La sombra del caudillo (2001), Los laureles del olvido (2009), Secretos en Juicio (2013), Palabras Silenciadas (2015), El Juego de las Dudas (2016), Mujeres de Invierno (2017), Secretos de un Ausente (2018), Hijos de la Tormenta (2018), Náufragos en un Mundo Extraño (2019), Germánicus. El Corazón de la Espada (2020), Germánicus. Entre Marte y Venus (2021), Los Extraños de Mayo (2022), La Traidora (2023), Senderos de Odio (2024) y Vientos de Libertad (2025). Ha recibido la mención especial del premio Joven Jurista de la Academia Nacional de Derecho (2001), el premio “Diez jóvenes sobresalientes del año”, por la Bolsa de Comercio de Córdoba (2004). En 2009, ganó el primer premio en el 1º concurso de literatura de aventuras “Historia de España”, en Cádiz  Distinción “Reconocimiento docente”, E.S.G.A, 2005. Reconocimiento al desempeño y dedicación, Escuela de Práctica Jurídica del Colegio de Abogados de Córdoba, 2013. Ganador en 2015 de la segunda II Edición del Premio Leer y Leer en el rubro novela de suspenso en Buenos Aires. En 2021 fue reconocido por su trayectoria en las letras como novelista y como autor de textos jurídicos por la Legislatura de la Provincia de Córdoba. Ganador en 2026 del Concurso Internacional de Cuento Histórico organizado por la Editorial La Cuarta Orilla. 



Una ciudad: Londres.
Una mujer cruzada por dos naciones.
Una guerra inesperada.
Un hombre misterioso.
Una historia de espías.
Un amor que no distingue banderas. 

En abril de 1982 nada parece ir bien en la vida de Gabrielle Sterling. La relación con su jefe ha terminado en una desilusión amorosa y su carrera en el servicio civil británico no avanza. Sin embargo, la vida la sorprende cuando un hombre misterioso le hace una propuesta peligrosa. De aceptar, deberá traicionar los principios en que ha sido educada, aunque también rescatará es parte olvidada que su madre le inculcó. 
Tironeada por dos banderas, deberá elegir un bando en un conflicto que día a día se muestra más próximo. En ese proceso, pondrá su propia vida en juego mientras se siente cada vez más atraída por ese hombre misterioso.
En tanto la guerra escala, intrigas, pasiones y acontecimientos imprevistos la llevarán donde nunca antes había pensado estar, mientras quienes la persiguen se hallan más cerca de descubrirla. 
En medio de esa incertidumbre, Gabrielle se sentirá más viva que nunca. Tal vez no esté traicionando a nadie, sino encontrándose, por primera vez, consigo misma.  



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