por Luis Carranza Torres
Entre lo poco sabido del Libertador (algunas cuestiones hemos tratado en
Méritos poco conocidos) es que además del sable corvo emblemático, empleó otras armas blancas durante su larga y agitada carrera castrense en tres continentes y dos mares.
Es así que en el
testamento mendocino de 1818 dispone que
“las armas de su uso se repartan entre sus hermanos políticos”. Es decir, los hermanos de Remedios, Mariano y Manuel, ambos de los primeros oficiales que tuvo el Regimiento de Granaderos a Caballo. La redacción de la cláusula también prueba que a esa fecha tenía consigo más de una.
Respecto de las primeras de ellas, en el ejército español debe haber empleado una espada o sable recto con guarnición (empuñadura y guarda) de latón que solía componerse de una cazoleta de dos lóbulos con galluelo, aro, dos gavilanes, monterilla corrida y virola estrecha..
Aunque se habla de "sables", el arma principal para el oficial de infantería en este periodo solía tener una hoja recta, más de espada que de sable curvo, el cual era más común en caballería.
Recordemos que San Martín pasó gran parte de su servicio, incluyendo su periodo inicial, en el arma de infantería antes de pasar a la caballería
La hoja de estas armas era recta y robusta, con un lomo al interior en el primer tercio y generalmente dos filos en el resto. Las hojas de las armas de munición (las de la tropa y, a veces, las de oficiales) solían estar muy bien marcadas y fechadas con la cifra real, el cuerpo (Infantería, "Y") y el lugar de fabricación (por ejemplo, "To" por Toledo).
Este tipo de arma tuvo uso durante todo el periodo de Carlos IV y la Guerra de la Independencia (1808-1814), siendo ampliamente utilizado por oficiales de Infantería, Caballería, e incluso en la Armada.
Espada de Bailén
De su período español, la más famosa y que aun se conserva es la denominada Espada de Bailén.
No hay unanimidad respecto de su origen. Hay quienes hablan que la empleó durante la batalla, en tanto otros entienden que le fue dada por su desempeño en la misma.
Recordemos que en dicha batalla, acaecida en el año 1808, es donde el ejército español derrotó por primera vez a las tropas consideradas "invencibles" de Napoleón Bonaparte.
La pieza sigue los cánones de la espada de oficial de caballería española de la época, siendo arma de reglamento de alta calidad, de estilo europeo clásico. Su hoja es menos curva que la del sable corvo, diseñada tanto para el tajo como para la estocada, con una protección en el guardamano más elaborada, típica de la caballería de línea española.
Se trata de una espada de conchas española, del tipo llamada Bilbo o Boca de Caballo con sus valvas desiguales. En la hoja, de doble filo, figura el nombre de su autor, un afamado espadero llamado Sebastián Hernández. La espada carece actualmente de vaina, se halla en exhibición en el museo del Regimiento de Granaderos a Caballo y su peso es de 900 gramos. Sus principales dimensiones son: largo total 112,07 cm., largo de la hoja 101 cm., largo de los filos 94 cm.
Se sabe también que San Martín poseía otros sables de caballería ligera, similares a los que usaban sus Granaderos a Caballo. Y que trajo varias espadas de España, además del sable corvo comprado en Londres.
Por caso cuando San Martín se retiró del Ejército del Norte por problemas de salud, antes de irse a Cuyo como Gobernador, decidió premiar el valor y la audacia de Lamadrid, quien era uno de sus oficiales más destacados y había servido como su edecán, entregándole "una hermosa espada de su uso con guarnición y vaina de acero", conforme lo cuenta Araoz de Lamadrid en sus memorias.
Se bien años después, Lamadrid afirmó que San Martín le había dicho que esa era la misma espada que había usado en el
combate de San Lorenzo, la mayoría de los historiadores coinciden en que San Martín usó su famoso sable corvo en dicho encuentro, por lo que es muy probable que la espada que le dio a Lamadrid fuera una de sus armas de reglamento europeas.
Por su parte, la Espada de Honor de Lima fue un obsequio del Cabildo de Lima tras la declaración de la Independencia del Perú en 1821. Pero se trata de un arma de ceremonia, no de combate, con una empuñadura de oro macizo y estaba adornada con piedras preciosas. Representaba el agradecimiento del pueblo peruano por su labor libertadora.
Cabe destacar que San Martín tenía una filosofía muy particular sobre sus armas: no era un coleccionista sino alguien que conservaba el sentido originario de tales aceros. Por lo cual, de forma invariable fueron dado al término de una campaña o legados por testamento como forma de reconocimiento. Actos que mostraban a las claras la importancia que les confería.
Para seguir leyendo sobre San Martín en el blog:
La novela de un país
La verdad sobre el cruce de los Andes




SOBRE EL AUTOR DE LA NOTA: Luis Carranza Torres nació en Córdoba, República Argentina. Es abogado y Doctor en Ciencias Jurídicas, profesor universitario y miembro de diversas asociaciones históricas y jurídicas. Ejerce su profesión, la docencia universitaria y el periodismo. Es autor de diversas obras jurídicas y de las novelas Yo Luis de Tejeda (1996), La sombra del caudillo (2001), Los laureles del olvido (2009), Secretos en Juicio (2013), Palabras Silenciadas (2015), El Juego de las Dudas (2016), Mujeres de Invierno (2017), Secretos de un Ausente (2018), Hijos de la Tormenta (2018), Náufragos en un Mundo Extraño (2019), Germánicus. El Corazón de la Espada (2020), Germánicus. Entre Marte y Venus (2021), Los Extraños de Mayo (2022), La Traidora (2023), Senderos de Odio (2024) y Vientos de Libertad (2025). Ha recibido la mención especial del premio Joven Jurista de la Academia Nacional de Derecho (2001), el premio “Diez jóvenes sobresalientes del año”, por la Bolsa de Comercio de Córdoba (2004). En 2009, ganó el primer premio en el 1º concurso de literatura de aventuras “Historia de España”, en Cádiz y en 2015 Ganó la segunda II Edición del Premio Leer y Leer en el rubro novela de suspenso en Buenos Aires. En 2021 fue reconocido por su trayectoria en las letras como novelista y como autor de textos jurídicos por la Legislatura de la Provincia de Córdoba.
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