El superespía más disparatado



 por Luis Carranza Torres


Pepe Sánchez fue un exponente de la era dorada de la historieta argentina, de la mítica Editorial Columba y de la revista El Tony

Fruto del ingenio de dos gigantes del rubro, el guionista Robin Wood y el dibujante Carlos Vogt apareció por primera vez en el número 1 de la revista El Tony Supercolor en diciembre de 1975, pronto se convirtió en estrella indiscutida.

La serie nació como una respuesta satírica al fenómeno de James Bond y las series de espías de los años 60 y 70 (como El Superagente 86). Pensado como un  "James Bond criollo" como revelara el propio Wood, no solo es un hito del humor en la historia de las historietas, sino una parodia brillante que logró argentinizar un género que, hasta entonces, era patrimonio exclusivo de Hollywood o el Reino Unido.

Por eso, mientras que 007 tenía martinis y Aston Martins, Pepe Sánchez tomaba mate y un departamento humilde en el barrio de Colegiales.

Construido sobre el arquetipo del antihéroe, tiene mucho más de Maxwell Smart, el superagente 86 que de James Bond. No sólo no se trata de un superhombre. No es siquiera un tipo común, sino un "chanta" de barrio, querible, fanático de Chacarita Juniors, que sin mayores virtudes ni aplicación, se convierte en un agente secreto de la S.E.S. (Servicio Espiritual Secreto) casi por accidente. 

Experto en meter la pata y mandarse la parte, el destino termina arreglando las cosas para que salga más o menos bien parados de las situaciones que enfrenta. 

“Los otros personajes de Robin Wood son de otros lugares. Nippur de Lagash es sumerio, otro personaje es egipcio, de Estados Unidos, hay un inglés... Pero Pepe es muy argentino, es hincha de Chacarita, toma mate. Muy aporteñado. Eso pegaba en el público, obviamente”, expresó José María Gutiérrez, director del Centro de Historieta y Humor Gráfico de la Biblioteca Nacional en diálogo con Germán Wille que se incluye en la nota en el diario La Nación sobre el personajes, titulada "Pepe Sánchez: el entrañable espía argentino que cautivó a millones de lectores con sus aventuras".

Muy acertadamente, Gutiérrez describirá en esa nota a Pepe como: “Es un agente secreto que es un nabo total, que le salen las cosas bien de p... Siempre está rodeado de chicas hermosas, el tipo se hace el galán, pero es un salame que no se puede creer. Es una especie de chanta porteño, entre ingenuo y chantún”.


Robin Wood demostró con él, al igual que con Mi Novia y yo, su manejo del humor absurdo, en tanto Vogt le aportó un dibujo dinámico, expresivo y cargado de detalles que daban realismo al disparate.

Su desopilante actuación se extendió por más de 225 episodios. Robin Wood escribió sus guiones hasta 1993. Luego, siguieron otros guionistas como Ricardo Ferrari u Osvaldo Fernández, hasta que el propio Vogt se hizo cargo de escribir y dibujar sus aventuras. 

Lo desopilante de la historia empezaba desde su mismo título, por lo general una parodia de alguna película de espías o similar de acción como "Operación retrueno", "De Rusia con amor... tadela"; "El satánico Dr. sí"; pero no todas referían a la saga de James Bond, como podemos ver en "Con tacto en Francia" o "Pepe el sucio".

En su primera misión, sus creadores no se anduvieron con chiquitas: lo mandaron a recuperar nada menos que 10 bombas nucleares en manos de un enemigo que planeaba arrojarlas en grandes ciudades. Y para eso, le pusieron como compañero a un famoso y glamoroso espía: “James Pont”, alguien que aparece dibujado con el rostro de un joven Sean Connery.

La historieta funcionaba como la versión gráfica de una comedia de enredos: el diálogo era rápido, cargado de modismos argentinos y un sarcasmo fino que rompía la "cuarta pared" cuando Pepe miraba directamente al lector para comentar su mala suerte.

Carlos Vogt llenaba los cuadros con onomatopeyas visuales y detalles en el fondo (un perrito pasando, un grafiti, un cartel gracioso) que obligaban al lector a detenerse en cada viñeta.

Igualmente logrados era los personajes secundarios que sostenían el protagónico de Sánchez. Desde su sufrido superior (El Jefe), siempre al borde del colapso nervioso por la incompetencia de Pepe a Mitty, el interés romántico y compañera de misiones, una agente que era todo lo opuesto a él: capaz, sensata y medida. El perfecto contrapunto a la improvisación y el caos de Sánchez.

Los villanos a que debían enfrentarse era caricaturas de los enemigos de la Guerra Fría, con planes de dominación mundial que siempre terminaban frustrados de forma ridícula.

En resumen, Pepe Sánchez fue la demostración de que se podía parodiar con calidad géneros como el de las películas y series de espionaje sin perder la esencia del barrio.


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Más que una heroína de historieta


 El eterno errante





SOBRE EL AUTOR DE LA NOTA: Luis Carranza Torres nació en Córdoba, República Argentina. Es abogado y Doctor en Ciencias Jurídicas, profesor universitario y miembro de diversas asociaciones históricas y jurídicas. Ejerce su profesión y la docencia universitaria. Es autor de diversas obras jurídicas y de las novelas Yo Luis de Tejeda (1996), La sombra del caudillo (2001), Los laureles del olvido (2009), Secretos en Juicio (2013), Palabras Silenciadas (2015), El Juego de las Dudas (2016), Mujeres de Invierno (2017), Secretos de un Ausente (2018), Hijos de la Tormenta (2018), Náufragos en un Mundo Extraño (2019), Germánicus. El Corazón de la Espada (2020), Germánicus. Entre Marte y Venus (2021), Los Extraños de Mayo (2022), La Traidora (2023), Senderos de Odio (2024) y Vientos de Libertad (2025). Ha recibido la mención especial del premio Joven Jurista de la Academia Nacional de Derecho (2001), el premio “Diez jóvenes sobresalientes del año”, por la Bolsa de Comercio de Córdoba (2004). En 2009, ganó el primer premio en el 1º concurso de literatura de aventuras “Historia de España”, en Cádiz y en 2015 Ganó la segunda II Edición del Premio Leer y Leer en el rubro novela de suspenso en Buenos Aires. En 2021 fue reconocido por su trayectoria en las letras como novelista y como autor de textos jurídicos por la Legislatura de la Provincia de Córdoba.





Una mujer humillada y desposeída.

La tentación de recuperarlo todo.

Un secreto vital que obtener tras la cordillera.

Un general con un desafío por cumplir: cruzar los Andes.

 

Provincias Unidas de Sudamérica, 1816. Las tierras del antiguo Virreinato del Río de la Plata han declarado su independencia de la corona española, en el peor de los momentos posibles. El nuevo país, libre pero cargado de dificultades y retos, apuesta a remontar sus derrotas en el Alto Perú, con el audaz plan de formar un nuevo ejército y cruzar la cordillera para batir a los realistas por el oeste.

En Chile, Sebastiana Núñez Gálvez ha visto desbarrancar su mundo de lujos, pero también de oscuridades, tras la reconquista realista del país. Ajusticiado su esposo por liderar el bando patriota y confiscados todos sus bienes, malvive en la extrema necesitad. Una falta de todo que la ha hecho abjurar de cualquier creencia y hasta de su reputación, para conseguir subsistir.

El Mariscal español Marco del Pont lo sabe perfectamente, y le ofrece devolverle todas sus posesiones y alcurnia, a cambio de pasar a Mendoza y obtener el secreto mejor guardado del Gobernador de Cuyo y General en jefe de ese nuevo ejército, José de San Martín: por dónde pasarán sus tropas a Chile.

Sebastiana es una mujer decidida a todo para averiguarlo; apuesta para lograrlo a su antiguo y fuerte vínculo de amistad con la esposa del gobernador y General en jefe, Remedios de Escalada. No le importa tener que mentir, engañar o traicionar viejas lealtades.

Pero la imprevista relación con un oficial de granaderos trastocará sus planes. Alguien que, precisamente, debe mantener a los secretos de su jefe a salvo de los espías realistas. 


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